Una vez más

Por Danna M. Salgado

Añora ese 26 de mayo, en que la experiencia era nueva, el lugar interesante y la tarea asustaba. Recuerda cómo al principio, aunque pareciera de película, pensaba en las consecuencias de sus actos, en cómo podían repercutir sus decisiones, no solo en su vida, sino también en la de su familia. Ya hoy es veterana y la Universidad de Ciencias Informáticas le queda chiquita para toda la ayuda que desea brindar.

Quizá para muchos es una locura o no tiene ningún sentido, pero lo cierto es que sí, tiene el mayor sentido del mundo. Lo que para muchos es hoy una fuente de felicidad en medio del tormento, no puede estar para nada fuera de los cabales.

Los voluntarios de los centros de aislamiento ayudan en la realización de tareas en la atención al paciente.

Hacer voluntariado en tiempos de Covid-19 no es cosa de juego. Implica valentía y disposición, esa que se tiene cuando se es conciente de lo que se hace y aún así se intenta y se logra.

Le apena decir su nombre, ni se le pasa por la cabeza enseñar su foto, pero no puede ser eso una escusa para no reconocer su trabajo. El arriesgar la salud por apoyar a otros, sin esperar nada a cambio, debe tener una recompensa y la mejor es el reconocimiento.

Llegó a la UCI porque le daba curiosidad. Porque creía en la necesidad de un país que hacía un llamado a sus estudiantes universitarios en busca de ayuda. Lo pensó varias veces, pero aún así llegó por primera vez a la ciudad universitaria y esa se convirtió también en una casa.

La preparación necesaria para prevenir el contagio constituye la principal arma para los voluntarios

Luego de la primera experiencia llegaron otras. ¿Cómo negarse al cariño de aquellos que agradecen cuánto haces por ellos? Y después de la segunda ya no había vuelta atrás. Esta muchacha de 24 años cumple actualmente su noveno voluntariado en un momento en que la situación del país es peor que antes.

Algunos pensarán que es fácil, y sí lo es cuando la sonrisa de los pacientes te alegra el alma. Lo es cuando te agradecen, de las mil maneras posibles, cada gesto y detalle que realizas para hacerlos sentir mejor. Aunque no todos son glorias.

Sin embargo, esos que le agotan la paciencia, los que la hacen sentir mal en varias ocasiones, no representan la línea principal. No le preocupa aquel paciente que no la dejó descansar ni a altas horas de la noche, o ese que la culpó por cosas que no tenían nada que ver con su tarea. Marca su ritmo, se entrega con todo y repite, ya sin pensarlo.

El trabajo es intenso, pero vale la pena el esfuerzo por apoya a aquellos que agradecen cada gesto.

Ahora se encuentra en una posición diferente, si al principio solo tenía contacto con pacientes sospechosos, ahora estos son todos positivos. Aumenta el riesgo, la preocupación y, sin dudas, la precaución. Pero aún así no flaquea. Un año y algunos días después de su primera experiencia en un centro de aislamiento, ya no es la UCI, es Línea e I el lugar al que se entrega. Ahora son pacientes vacunados con Soberana 02, porque la vacuna no disminuye el riesgo de contagio. Aún así, al preguntarle si regresa responde sin cuestionárselo. Claro que iré.

Deja un comentario