1957. Oriente cubano, Sierra Maestra. Apenas un mes después de abordar al suroeste de playa Las Coloradas, algunos de los expedicionarios –devenidos guerrilleros– encuentran refuerzos. Con 29 combatientes obtienen la primera acción victoriosa en el cuartel de La Plata. Se desarrolla una guerra revolucionaria.

Un mes después 18 hombres al mando de Fidel Castro Ruz conversan con un periodista norteamericano. La entrevista conseguida por Herbert L. Matthews –publicada una semana después– corrobora que Fidel vive y lucha. Los ciudadanos de Cuba y el mundo reconocen la marcha de una gesta desde las montañas.

La lucha precisa de apoyo en territorio llano para desvirtuar al enemigo. Se adelantan a dar la batalla las principales ciudades del país: Santiago de Cuba y La Habana vibran. Asumen los múltiples caminos de la clandestinidad. En ese contexto, el 13 de marzo atestigua el compromiso de los capitalinos con el proceso de liberación nacional en su última etapa.

ANTECEDENTES DE LA ACCIÓN

Previo a la zarpada del Granma, representantes de MR-26-7 y el Directorio Revolucionario (DR) llegaron a México a fin de acordar con Fidel una serie de acciones. Estas servirían de apoyo al desembarco en costas cubanas. De cierto modo, el Directorio –organización de marcado carácter insurreccional– no logró respaldar el acontecimiento referenciado con acciones puntuales. Sin embargo, sus grupos de acción en La Habana se movilizaron. 

Foto tomada del diario Granma

El 27 de noviembre de 1956 protagonizaron la última manifestación estudiantil desde la escalinata de la colina universitaria. A fines de año, un comando de la organización apoyó la fuga de tres revolucionarios presos y asumieron el éxito al quemar un lote de nuevos carros patrulleros en enero de 1957.

Mientras tanto, los principales cuadros se dedicaban a organizar un suceso especial. Entre ellos, José Antonio Echeverría Bianchi, entonces máximo dirigente del Directorio –fundado por él– y presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).

Y, más que eso, José Antonio representaba al auténtico líder de la masa estudiantil. Así lo demuestra su poder de convocatoria y persuasión. Él mismo protagonizó el enfrentamiento a la dictadura de Fulgencio Batista desde el primer momento. Presidió la Asociación de Estudiantes de Arquitectura de la Universidad de La Habana y en 1954 ocupó la Secretaría General de la FEU.

Luego sería electo y reelecto para encauzar el apoyo de la juventud a la causa revolucionaria. Echeverría encabezó el grupo que, como parte de un plan mayor, debía ocupar una emisora radial el 13 de marzo de 1957.

Foto tomada de Cubahora

«Nuestro compromiso con el pueblo de Cuba quedó fijado en la Carta de México, que unió a la juventud en una conducta y en una actuación».

DESTRUIR AL TIRANO EN SU PALACIO

Para lograr ese objetivo principal se había diseñado un plan con tres acciones simultáneas: asaltar el Palacio Presidencial –actual Museo de la Revolución– y eliminar al dictador, respaldar la acción anterior con la ocupación de sitios aledaños e informar al pueblo habanero y llamarlo a huelga general. El éxito del proceso dependía de muchas personas y tributaría a un nuevo escenario.

Ese día el segundo grupo, que debía apoyar con las mejores armas el ataque a la sede de gobierno, no llegó al lugar señalado. Si bien los asaltantes combatían con un parque próximo a terminarse y desde posiciones en desventaja, la ausencia de ayuda provocó la retirada. Sufrieron considerables bajas y no conquistaron la meta principal: «ajusticiar al tirano en su propia madriguera».

No obstante, los acontecimientos adquirieron una connotación trascendental dentro de la historia de Cuba. Le mostraron a la juventud el camino a seguir, exacerbaron el repudio hacia el régimen batistiano y agitaron la conciencia del pueblo. Desde la derrota militar, se estremecieron las calles y reivindicaron la importancia del movimiento clandestino en las ciudades. 

«Tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo».

EL LLAMADO RADIOFÓNICO

Para anunciar el éxito del plan, José Antonio –acompañado por 20 hombres– era el encargado de realizar la alocución. Justo cuando las manecillas marcaban el minuto 21 de las 3 p.m., la voz del líder por Radio Reloj. Y no necesitó de efecto sonoro alguno para emocionarse y emocionar. Imaginaba la muerte del dictador. Desconocía la realidad, no sabía que la transmisión había sido interrumpida.

Foto tomada de Cubadebate

En seguida se transportaba a su alma mater. Como había terminado la operación en la emisora, marchaba hasta la colina para constituir un nuevo aparato gubernamental: el Estado Mayor de las fuerzas revolucionarias. Entonces, lo interceptó una perseguidora y sin poder superar los disparos cayó asesinado en los márgenes de ese sitio cómplice de sus ideas más radicales.

«Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad».

A la altura de 64 marzos después, cuando los tiempos condicionan otras necesidades, el camino de la libertad señala nuevas rutas a partir de los recorridos pretéritos. Lo que no debe cambiar son los principios y la memoria. Lo que no puede faltarnos es el modo de conseguir que las generaciones de hoy y mañana vean a José Antonio Echeverría y a los mártires del DR desde la admiración, el respeto y, sobre todo, la gratitud.

Desde ese compromiso con la historia de la nación, lo invitamos a escuchar el siguiente pódcast que cuenta con la participación de Fabio Fernández, Profesor del Departamento de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana.

Nuestro Pódcast del 13 de Marzo.