Cuba

24 horas letales

Viernes 8:00pm

Todavía el sol deja ver algún destello de luz. Esos son los encantos del horario de verano. ¡Y qué verano! ¡Este calor sí promete! En otras circunstancias, la calle estaría llena de muchachos correteando de esquina a esquina y la gente –incluso la de mi casa- sacaría sus sillas a la acera para sentir un poco la brisa.

Frente a la casa hay un terreno aparentemente baldío, pero ahí viven unos cuantos. Ellos parecen tener motivos de sobra para celebrar no sé qué. Ponen su bocina con una música excesivamente alta y se sientan en la acera para beber ron a pico de botella. Por supuesto, están sin nasobucos. No hay nadie más en la calle, solo ellos.

Una camioneta de una brigada de la policía se detiene frente al “jefe” de toda esa “tribu”, a solo minutos de iniciada su celebración. El policía que maneja el vehículo le llama la atención fuertemente. El “jefe” no se toma en serio las palabras del policía. Casi se ha reído en sus narices. Se pone su pañuelo de algodón como si fuese un nasobuco para disimular su indisciplina y se lo quita cuando la camioneta se va. Ellos siguen en las mismas.

Covid-19 en Cuba: un problema de todos y con todos / Foto: ACN

Sábado 9:00 am

Hoy es día de “hacer los mandados” y eso me toca a mí. No puedo exponer a los míos que ya peinan canas. Le han dicho a mi tía que en el agromercado de la Virgen del Camino hay plátanos de todo tipo. Vamos a ver si corro con suerte.

En el agro un señor aguarda en la puerta con su pomo de solución clorada para que todos los clientes pasen por allí a desinfectar sus manos. A su lado hay otro compañero vestido de verde olivo que vela por el orden.

Compro plátanos machos y verdes, también boniatos envueltos en nylon. En la última tarima de la fila, una dependienta conversa sin su nasobuco con un cliente. Él le sigue la rima.

Sábado 12:30 pm

La cola del Centro Comercial Vía Blanca se extiende tres o cuatro cuadras. ¡Qué manera de haber gente! Seguro sacaron pollo, jabones o aceite, pero ahí no me meto, me digo a mí misma. La gente madrugó allí y ahora el sol del mediodía los acecha, por eso se han sentado en los contenes a “descansar”.

Aproximadamente diez minutos después viene desde la cuadra de la tienda un carro patrullero con dos mujeres y dos niños pequeños en los asientos traseros. Hay quien no ha entendido nada aún.

Sábado 2:00 pm

Liudys trae a su hija Chanel de tres años para la casa de su madre que está enfrente de la mía. Ambas llevan nasobuco puesto y viven a solo media cuadra de distancia.

Su hermana Leydis lleva consigo a su niña Carolina de 4 años a hacer los mandados, si “¡Total! ¡La hierba que está pa’ uno no hay chivo que se la coma!”. Leydis es enfermera.

Sábado. 4:00 pm.

Voy para la carnicería. El módulo de pollo para cada núcleo familiar -el de 20 pesos la libra- ha llegado a mi zona de residencia. Fui para relevar a mi mamá, la pobre estaba allí desde las 9:00 am. Aun así tenemos unas cuantas personas por delante. Hubo quien marcó desde las 6:00 am para tener el primer puesto en la cola.

Le doy un regaño a mi madre:

-No sé qué haces aquí entre todo este gentío, si tú eres asmática de las malas.

-“Imagínate tú”, me contesta encogiéndose de brazos.

Ya es hora de empezar a distribuir. El ayudante del carnicero pone una soga improvisada para delimitar el espacio entre la enorme cola que ya cruza la calle y el mostrador en el que, uno a uno, cada cual recibirá lo que le toca.

El carnicero le pide organización a toda aquella turbamulta, ordena que la gente se separe “aunque sea un poquito”, pero sus dotes de liderazgo no son las mejores. Bueno, en realidad no tiene por qué ser un líder. Nadie le hace caso, solo dos o tres personas nos hemos distanciado.

Él ni se esfuerza. ¿Para qué? ¿Para que se le avalanchen encima con todas las libretas de abastecimiento igual que el sábado anterior cuando todos casi “se matan” por adquirir su pollo normado? ¡Vaya vergüenza ese día! ¡Hasta la policía tuvo que interceder!

Los de la parte de atrás y los de enfrente ni siquiera se enteran. Dos vecinas, una sin nasobuco y la otra con el suyo puesto a medias, parlotean sobre la novela turca que grabaron ayer en una memoria en la casa contigua al hospital pediátrico; eso, ahora mismo, es más importante que cualquier otra cosa en el mundo.

Recojo mi cuota de pollo y también el de otro vecino que excede los 60 y en estos momentos está solo. La cola sigue en su apogeo.

Sábado 8:00pm

Madelín, la abuela de Chanel y Carolina, busca desesperadamente una casa en la que vendan refresco gaseado de diez pesos cubanos, esos envasados en pomos de agua de la shopping.

Hace solo un momentico bajó de llenar la memoria de novelas y reality shows para “entretenerse”. La cola estaba larga. Ella había ido desde las 6:00 pm. Antes estuvo en el agro y en la misma tienda de las colas de tres o cuatro cuadras, comprando gel de manos para sus nietas. Hoy Madelín ha salido de casa en cuatro ocasiones. Mejor me voy a ver el Noticiero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.