A falta de fútbol, ganas

Demasiadas expectativas. Falsas por demás. El resultado era de esperar. La selección de fútbol de Cuba hacía alrededor de un año que no disputaba un partido y las nuevas incorporaciones casi no tuvieron tiempo de acoplarse con el grupo. Lo positivo fue que se vieron ganas, eso sí, muchas ganas.

Pero a base de deseos solamente no se anotan los goles. El juego de Cuba está muy carente de fluidez, de sorpresa. Es inconexo, rudimentario y lo demostró durante el todo el primer tiempo del partido contra Guatemala en su debut en las eliminatorias mundialistas de la CONCACAF. Costaba trabajo hilar tres pases consecutivos.

El ambiente se sentía diferente, en las redes sociales parecíamos un país futbolero, como si tuviéramos esa tradición. Y terminó por pasar factura el entusiasmo.

Sí, es cierto que era distinto y que por primera vez teníamos a “los legionarios” en la plantilla, pero también es cierto que un resultado de la noche a la mañana es muy poco probable y que la convocatoria podía tener más talento cubano que anda regado por el mundo y quiere vestir la elástica de las cuatro letras. Pero con esa cruz cargarán los responsables.

Lo de nosotros era apoyar. Esperar un destello de Paradela, que resultó el mejor de la cancha, y soñar con la entrada de Onel Hernández, lo cual parecía imposible al finalizar el primer tiempo.

Cuba volverá a ver acción este domingo cuando enfrente a Curazao. Foto: AFP

Pero Onel sorteó todos los obstáculos y llegó del aeropuerto a ponerse la camiseta número 11. Para quienes lo criticaron, un golpe seco directo al rostro. Tienes que amar tus colores para hacer eso siendo la figura. El entrenador Pablo Elier Sánchez lo tenía que poner. Y así fue. Saltó al campo al iniciar el segundo tiempo y sus compañeros parecieron contagiarse de ese coraje, de aquella vergüenza que llegaba desde Norwich.

Entonces, el terreno se inclinó un poco sobre la valla guatemalteca, y Cuba lo intentaba, la mayoría de las veces con más deseos que fútbol, con ganas. Pero otra vez, solo ganas y cuando más ambiciones había, Luis Martínez anotó el gol de Guatemala sobre la hora de partido. Un descuido en la zaga de los Leones del Caribe fue suficiente. Volvían a asomar fantasmas de viejas historias en la cancha Doroteo Guamuch.

Instantes después de ese golpe anímico, a Espino se le nubló el juicio y una entrada ruda mas no para tarjeta roja, dejó a los cubanos con un jugador de menos. Entonces nuestro entusiasmo se convirtió en una especie de ira contra el referí y el partido volvió a parecerse más al del primer tiempo.

No se cumplía aquello de que “querer es poder” y ya se respiraba más resignación en Whatsapp, Facebook y las salas de los hogares de lsla. Pero a los muchachos les quedaban ganas y Onel creó una jugada en los minutos finales al borde del área rival. ¡Al fin peligro! Pero nada, el pase filtrado solo nos hizo levantarnos del asiento… Nosotros también teníamos ganas.

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