Por Roxana Reina Lorenzo y Mónica Delgado Abascal

No pocos habaneros se preguntan si la disposición de medidas puesta en vigor desde hoy es realmente positiva o necesaria; si no es apresurada; inoportuna. El debate popular se abrió paso luego de la comparecencia de este miércoles en la Mesa Redonda por parte del gobernador de La Habana, Reinaldo García Zapata, y el director provincial de Salud, Carlos Alberto Martínez Blanco, para valorar la situación de La Habana respecto a la Covid-19 y precisar las nuevas acciones a partir del 1ro de octubre.

Es ineludible señalar que, a pesar de esta apertura, aún en la capital el peligro epidemiológico es latente; y si el riesgo de contagio sigue siendo elevado, ¿por qué entonces la flexibilización de las restricciones que han acompañado a la provincia habanera desde el 1 de septiembre?

Lo cierto es que, aunque no parezca, ha habido una mejora en el control de la Covid-19 y esto se debe, en gran parte, a las medidas que se establecieron desde que, a principios de agosto, ocurriera un rebrote del nuevo coronavirus que amenaza al mundo.

Pero, ¿estas medidas han tenido verdaderamente un impacto efectivo y fiable?

Si bien queda un largo y arduo trabajo que realizar para poder frenar completamente el contagio de la enfermedad, sí se ha visto un control en las últimas semanas evidenciado en el descenso considerable de focos, la reducción de casos críticos y graves, del número de fallecidos y a su vez el índice de letalidad, la disminución de casos confirmados así como de la tasa de incidencia en los distintos municipios de la capital.

Son buenas noticias, sin lugar a dudas, pero no olvidemos que de forma similar en el mes de julio tuvimos condiciones también favorables para dar cese a la cuarentena y semanas después la situación empeoró, lo que llevó a retornar a la fase de transmisión autóctona, minando así todos los esfuerzos realizados hasta el momento.

Entonces, ahora, ¿podemos confiarnos? No.

Más que nunca nuestra percepción de peligro debe estar por las nubes. La responsabilidad personal, colectiva y familiar, de las instituciones y de los trabajadores de la salud debe saber entremezclarse para dar lugar a un combate eficaz contra el coronavirus.

Sin embargo, surgen otras interrogantes: ¿serán suficientes las campañas de comunicación para sembrar la percepción de riesgo ante la Covid-19? ¿y las contravenciones del Decreto 14 de 2020? ¿Será suficiente el reforzamiento de las medidas higiénico-sanitarias para evitar el contagio? ¿Bastará todo este empeño sin un real compromiso ecuánime del pueblo para dar fin a la pandemia en nuestro país?

De todas formas, no son tiempos para andar perdidos en el terreno de la incredulidad, la desidia y el desatino incontrolado. La sociedad, ahora con esta nueva normalidad, exige renovadas facetas de comportamientos por parte de sus miembros: más responsables, más disciplinados, más unidos.

Todo ello, junto al desvelo por la lucha constante para mantener en cifras ínfimas la pérdida de vidas humanas, serán las armas para acabar con el virus de una vez por todas.