Literatura

Alejo por sí mismo

Menudo pañuelo es el mundo: por casualidad me encuentro con una especie de antología de declaraciones presentadas en forma de entrevistas que lleva por título Conversaciones con Alejo Carpentier. Su autor resultó el intelectual español Ramón Chao (1935-2018), padre del cantautor y activista político Manu Chao. Tuvo entre otros privilegios el de ser Oficial de las Artes y las Letras de Francia. Y fue allí donde le comentó al Premio Miguel de Cervantes: “No, Alejo, lo que te propongo es un libro de entrevistas, pero sin molestarte para nada. Tú sigues escribiendo tranquilo, es un decir, La consagración de la primavera, y yo busco, invento, compongo un texto de charlas contigo”.

En Conversaciones con Alejo Carpentier accedemos a una versión especialmente enciclopédica del autor de El siglo de las luces. Una versión muy vinculada a su capacidad de orador, aunque no del todo. Ante nuestros ojos emerge, en igual medida, el prosista monumental y el genio improvisador de argumentos. Muestra en cada frase, en cada idea, un derroche de erudición inverosímil.

Alejo Carpentier y Ramón Chao en el domicilio parisiense del escritor cubano, 1974. Foto: Antonio Galvez.

Sobre la confección del libro, nos dice Chao: “Pasé días y días en la Biblioteca Nacional de Cuba, donde pusieron a mi disposición todos sus archivos. Recogí fragmentos de sus declaraciones a la prensa francesa, española y latinoamericana, de sus miles de artículos publicados en El Nacional de Caracas y en la revista habanera Carteles. Pasé a máquina todo lo que me interesó, maldiciendo de paso el bloqueo americano por las averías de la fotocopiadora”.

El libro también incluye como parte del collage las entrevistas que le realizara el propio Chao a Carpentier. Sin embargo, difícilmente podremos distinguir a primera vista el origen de cada fragmento. O saber si lo que leemos nació de la voz o las manos de Alejo, quien solía escribir como hablaba y viceversa.

De la muerte al nacimiento

Uno de los grandes aciertos del libro, en mi opinión, es su estructura. Comienza por la muerte, a la manera de un viaje a la semilla que muere con el nacimiento. Entonces asistimos primero a La consagración de la primavera; al Concierto barroco; a El siglo de las luces, que también fue siglo de esclavitud y sangre; cruzamos el umbral de la Cuba pre-revolucionaria, delimitado a la perfección; bajamos a El reino de este mundo,después de encontrarnos con Los pasos perdidos. Y terminamos en el principio del tiempo: un epígrafe que Chao decide nombrar, predeciblemente, La germinación de la primavera.

Desde los ojos de Carpentier, asistimos a la historia de continentes, países, ciudades, pueblos, personajes reales o ficticios, acontecimientos desconocidos que se relacionan de manera mística con otros más conocidos. Caminamos a la par por las selvas de Venezuela y las rues de París. Hablamos con Desnos, Picasso…dirigimos la Editorial Nacional de Cuba. De paso, vemos lo mejor de la cultura universal, desde Homero hasta Kafka, desde Zola hasta Proust, desfilar a paso de conga por cuanto batey, librería, escuela y biblioteca existen en un pequeño país que todavía no alcanza los 9 millones de habitantes.

Conversaciones con Alejo Carpentier es, acaso, la más interesante biografía que pudo haberse escrito sobre este genio de la literatura. O quizás no, pero de todas maneras me resulta imprescindible como fuente de consulta, como pieza de puzle que no puede faltar para comprender el todo carpenteriano.

Una pequeña censura

Por Conversaciones sabemos que Carpentier solía ser muy crítico con la obra de Pío Baroja, que admiraba a Bernal Díaz del Castillo y al esperpéntico Ramón del Valle-Inclán, que era devoto de Cervantes (el de El Quijote y las Novelas ejemplares) y sentía un amor incondicional por las novelas picarescas del Siglo de Oro español. También nos llega que, para Alejo, las grandes ideas no se transmiten sino en ensayos, como El contrato social y El capital.

Conversaciones nos regala detalles tan impresionantes como estas palabras de Carpentier sobre su viaje por el Orinoco: “Entrando ya en la zona amazónica, me di cuenta de que América es uno de los pocos lugares del mundo donde el hombre del siglo xx puede convivir con el hombre que corresponde a la era, diríamos, del Paleolítico o del Neolítico en la historia humana”.

Otra caracterización que estremece por su capacidad de síntesis: “Esteban es el intelectual que hubiese aceptado la revolución, con la condición de que esta revolución se adaptase a su esquema. Es decir, si la revolución va a ser lo que él piensa que debe ser, estará de acuerdo. Pero cuando ve que la revolución, por su impulso histórico, por su dinámica, deja de ser lo que él hubiese querido, empieza a dudar y a criticar”.

Ramón Chao cuenta en el prólogo la anécdota de la única censura que ejerció Alejo sobre el libro. Tiene que ver con unas cartas cruzadas entre Carpentier y Neruda, en las que el primero solicita autorizo al segundo para publicar en Cuba su Residencia en la tierra. Según Chao, Neruda pidió a Carpentier una suma de dinero que no se correspondía con las modestas posibilidades de la economía cubana. Entonces Chao cuenta:

“Me llevé las dos misivas al Hotel Nacional ¿Podré publicarlas? Se quedó muy extrañado de que las cartas estuvieran en los archivos de la Biblioteca. «No, gallego», me dijo; y se las guardó… Creo que ha llegado el momento de levantar la única censura, en cierto modo política, que ejerció Alejo en este libro; han pasado casi veinte años y en todo hay prescripción”.

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