Cuando el 9 de enero de 2007 Steve Jobs presentó el iPhone y, en consecuencia, la primera versión de iOS, la empresa Android Inc. existía desde hacía unos años. Fue fundada desde 2003 en Palo Alto, California. En aquel entonces ni siquiera se había acuñado el término smartphone. Cada fabricante tenía su propio sistema operativo que solo funcionaba en sus teléfonos y, por supuesto, Apple no sería la excepción.

El capítulo más importante en la historia del sistema operativo Android se escribiría en 2005 cuando Google, una de las empresas más visionarias de la tecnología, adquiriera Android Inc. Dos años después sería lanzada la versión beta y el 23 de septiembre de 2008 saldría oficialmente la primera versión, Apple Pie.

Desde su inicio se tomó la decisión de utilizar Linux como core del sistema operativo, lo que permitiría distribuirlo de manera libre a terceros. Esto incluía a todos los fabricantes con años de experiencia construyendo hardware de calidad y cuyas marcas no pasarían desapercibidas en el naciente mercado de los teléfonos inteligentes. Google iba a ganar mucho dinero sin tener que fabricar sus propios teléfonos, al menos no de momento.

El problema de la solución

En términos generales, la fragmentación se produce cuando algo deja de ser un todo y se divide en partes independientes, las cuales no funcionan con coherencia. Aplicado a Android, este concepto significa que no existe una versión o dispositivo que pudiéramos llamar standard. Cuando se compara con otros sistemas operativos cerrados es que podemos darnos cuenta de esta situación. Por lo tanto, iOS resulta el sistema de referencia, ya que solo lo podemos encontrar en los iPhone, producido por Apple. Un teléfono que corra iOS será un iPhone y viceversa. Esta idea es el estandarte de batalla de los críticos del sistema operativo de Google.

La fragmentación de Android abarca tanto el hardware como el software. Al ser de código abierto, Android se puede adaptar para funcionar en casi cualquier nivel de especificación de hardware. Entonces, la cantidad y tamaño de pantallas son los parámetros más caóticos y difíciles de adaptar.

Esto también afecta la portabilidad de las aplicaciones de wearables específicos. Durante mucho tiempo solo existían versiones para iOS, debido a que era imposible garantizar su funcionamiento en la mayoría de dispositivos Android. Ante la posibilidad de chapucería, se prefiere caminar sobre terreno seguro, esto es, desarrollando soluciones solo para sistemas operativos cerrados.

Estado de fragmentación de Android basado en tamaño de pantalla.

Sin embargo, no podemos despreciar al sistema operativo que democratizó el software para smartphones por un problema surgido precisamente de su poder y adaptabilidad. Una de las principales ventajas de Android, y el motivo por el cual muchos podemos tener un dispositivo de alta tecnología, radica en la cantidad de estos aparatos disponibles para casi cualquier presupuesto. Puede ser adaptado a cualquier requisito de hardware. En julio de 2021 su tasa de mercado es del 72.18% frente al 26.96% de iOS. En resumen, más opciones para los consumidores.

Otra de las ventajas es el tamaño de la audiencia para desarrolladores de aplicaciones, los cuales han visto una disminución notable en la brecha frente a desarrolladores de iOS. Como era de esperar, Google no se sentó a ver como su ecosistema se desmoronaba. A pesar de que demoró un poco más de lo deseado en tomar cartas en el asunto, lo ha hecho de forma sólida, sumando a cada vez más fabricantes en el proceso.

La solución al problema: hardware

Durante mucho tiempo se pensó que Google jamás haría algo para solventar la fragmentación de Android a nivel de hardware. Siempre ha sido una compañía eminentemente de software. Sin embargo, esto solo era cierto en apariencias. El 12 de diciembre de 2009 confirmaba que había comenzado a hacer pruebas en un dispositivo propio, el hoy mítico Nexus One. Dio inicio así a la familia Nexus y al primer intento de la compañía por solventar la fragmentación a nivel de hardware. Estos teléfonos se vendieron libres de fábrica y con una versión pura de Android 2.1. La familia Nexus llegó hasta la versión 6, con el Nexus 6P, fabricado por Huawei y lanzado en 2015.

La sustitución de la familia Nexus ocurre en 2016 con el lanzamiento de lo que sería la mejor experiencia Android hasta la fecha: la familia Pixel. El Pixel y el Pixel XL fueron sus primeros miembros. La cámara de ambos se posicionó al instante como la mejor en un teléfono inteligente en DXOMARK con 90 puntos. También ofrecían almacenamiento ilimitado en la nube a través de su servicio fotográfico Google Photos. Era un claro y frontal intento de crear un ecosistema capaz de rivalizar con otras plataformas cerradas.

La solución al problema: software

A nivel de software, uno de los pasos más importantes fue convertir los servicios de Google Play en una poderosa oferta a nivel de sistema. Es la plataforma en la que se ejecutan todas las aplicaciones y API de Google. Entre sus ventajas no solo está que se actualiza rápidamente, sino que se ejecuta en versiones tan antiguas como Android 2.2. Esto implica que, si incluso los fabricantes no proporcionan actualizaciones para dispositivos específicos, Google puede garantizar que, al menos los usuarios, obtengan la última API y las actualizaciones de seguridad.

Pero sería en 2014 cuando Google diera el paso más firme hasta la fecha en lograr lo que podría llamarse el “Ecosistema Android”. Sucedió con la puesta en marcha del programa Android One. En sus inicios fue pensado para que pudiera ejecutarse de forma fluida en dispositivos con menos potencia. Para ello hizo uso de la versión más pura de Android, esto es, Android AOSP.

Con el tiempo la prioridad ha recaído en ofrecer la experiencia Android más pura posible. Se traduce en que los teléfonos adheridos a este programa tengan una personalización casi nula por parte de sus fabricantes. De hecho, es obligatorio no añadir ninguna capa de personalización.

Últimos teléfonos promocionados con Android One. Nótese la total predominancia de terminales fabricados por Nokia, marca pionera de la telefonía móvil y símbolo de calidad. Tomado de Google.

No todo son exigencias a los fabricantes, también hay ventajas de cara a los usuarios. Entre las principales se encuentra recibir más y más rápido las actualizaciones del sistema. Aunque son los fabricantes los encargados de distribuirlas, estas prácticamente llegan como salieron de Google. Un teléfono con Android One suele garantizar dos años de actualizaciones principales. En caso de adquirir un teléfono con Android 10 puedes estar seguro que como mínimo recibirá hasta Android 12.

Para cerrar

A simple vista pudiera pensarse que Android vino a traer quebraderos de cabeza. Si llevamos esta idea aún más al extremo, rompió con la tranquilidad de un ecosistema cerrado. Esto incluye millones de usuarios. Sin embargo, bastaría preguntarse en qué estado se desarrollaría el panorama tecnológico actual si no existiera una alternativa abierta para el uso democrático de la tecnología. Tal vez tuviéramos que aceptar callados, ver nuestra pantalla de inicio llena de íconos cuadrados sin la menor posibilidad de cambiarlos a nuestro gusto y estética. Si es que alguna vez hubiéramos podido acceder a uno de estos dispositivos.

Texto: Dariel Vicedo