Allí, en San Pablo de Yao, a 900 km de La Habana permanece la polémica documentalista Ariagna Fajardo. En ese valle, a la sombra de la Televisión Serrana, nació, estudió para ser maestra, enseñó durante un par de años y se hizo realizadora audiovisual.

Graduada en el 2009 de la filial del ISA en Holguín, ha obtenido galardones en la Muestra Joven, además de ser jurado de esta. Destacan en su obra, documentales como: La vuelta (2008), A dónde vamos (2009), Al sur… el mar (2011), los cuales develan una imagen realista de la situación del campesino en la Sierra Maestra. Esta joven realizadora ha obtenido múltiples premios tanto nacionales como internacionales, siendo su obra de obligado estudio para otros realizadores.

Ariagna Fajardo (imagen tomada de El Ojo sexuado)

En su artículo El documental es una estética, Dean Luis Reyes expone:

Ariagna Fajardo tiene una manera singular de aproximarse a sus personajes. En la mayoría de sus documentales, estos son gente en situación difícil o que atraviesan circunstancias en las que están atados a una condición contra la cual nada pueden. La obra de Ariagna no se aprovecha de individuos en situación precaria para construir un espectáculo moralmente soez, dirigido a espectadores acomodados de ciudad. Sus temas, si bien pueden ser resumidos por las frases de arriba, son un poco más complejos. En ellos hay implicado un gesto que, recurriendo a un prejuicio machista, diríase propio de la mirada femenina. No obstante, hay un matiz complejo en la manera de enfrentar Ariagna sus asuntos

Páginas de una obra documentalística

Muchos son los documentales de Ariagna Fajardo Nuviola. A dónde vamos (2009), por ejemplo, resulta abiertamente polémico. Este documental expone las causas del despoblamiento de la Sierra Maestra, de la desaparición de antiguos asentamientos y de la pérdida de tradiciones campesinas de explotación de sus suelos.

Con una inclinación hacia el método del cine encuesta, el mismo posee la fuerza de imágenes las cuales explican más allá de un mero discurso: cosechas que se pierden debido a la inexistencia de medios de transporte para sacarlas de las montañas; condiciones de vida difíciles y poco atractivas para los jóvenes, quienes prefieren irse a las ciudades; ofertas laborales exiguas más allá de trabajar duro la tierra.

Ariagna evidencia ahora su olfato para hacer entrevistas, ella le devuelve su peso único al interior de un montaje donde cada argumento escogido es insustituible. Al propio tiempo, las demandas de los campesinos entrevistados son articuladas sin que devengan apocalípticas o quejosas, pero resuenan con el peso de su inobjetable verdad.

Esta realizadora  se concentra en la elaboración de sus tesis a partir de dejar hablar al otro, sin importar que se reúnan razonamientos nada armónicos. 

Por otra parte, Papalotes (2010) no deviene ya una obra de cámara, sino un dispositivo de montaje. No existe un tema o personaje visibles; todo responde a una intención discursiva: es difícil vivir en las montañas.

 Un día en la vida de un puñado de personas se articula por medio de un complejo y bien hilvanado montaje dialéctico. Un pescador cuyo motor fuera de borda no quiere arrancar; un hombre que debe hacer una larga caminata diaria para trabajar; los impacientes asistentes a una terminal de ómnibus; los trabajadores de una escogida de tabaco.

Ahora el medio es el mensaje,  Ariagna nos hace reflexionar sobre las dificultades para resolver cuestiones de la vida diaria y, sobre todo, la nada cotidiana. El peso de las dificultades para la sobrevivencia resulta el impedimento para alcanzar la felicidad. El plano reiterado de un péndulo al final indica que, mientras la gente hace lo imposible por arreglárselas, el tiempo de la vida transcurre inevitablemente.

Apoyado en un sólido y complejo guion de montaje, Papalotes sorprende por la complejidad de su estructura narrativa. Apuesta por contrapuntos sonoro-visuales y un diseño sonoro expresivo y complejo.

Cabe destacar además, Al sur… el mar (2011) la primera de dos piezas realizadas a raíz de la denominada Cruzada Audiovisual de los realizadores de TV Serrana por el municipio Guamá, de Santiago de Cuba. Se trata de parajes inhabituales para estos cineastas, pero a los que llegan con el interés de rescatar relatos locales.

En este caso, dando cuenta de una pequeña comunidad de apenas dos bohíos, situados en la quebrada entre dos altos riscos, a pocos metros de la costa y junto a oquedades cavernarias, donde habitan en condiciones casi primitivas un puñado de personas. Ariagna se decide por un tratamiento observacional, sin entrevistas o intención informativa.

La cámara captura los hábitos y costumbres de individuos quienes sobreviven juntando lo que pueden de la naturaleza, con prácticas casi del todo desligadas de la civilización. Una de éstas rutinas, que el documental decide seguir, es la invención de un aspa de molino de viento la cual, debidamente colgada de lo alto de uno de los riscos, sirve para alimentar una batería automotriz, gracias a la cual energizar una radio que trae sonidos lejanos a este lugar perdido, sin fluido eléctrico.

Al sur… el mar se torna un retrato humano complejo; pone en evidencia una de las claves de la postura ética de Ariagna: descubrir la honda capacidad del ser humano para sobrevivir en situaciones precarias. El acto testimonial en esta pieza arroja más bien un universo duro pero armónico. 

Los realizadores descuidan la distancia debida ante un ámbito extraño y peculiar. Mas, al final del metraje hay una huella de las operaciones de un autor: en el interior de uno de los bohíos donde viven los personajes, un gran primer plano muestra una lámpara china vieja, como la que usaron los alfabetizadores a inicios de la década de 1960, colgada de un clavo; a continuación, una tela que se mece al viento en uno de los cuartos, donde se lee: “Aniversario 50 de la revolución victoriosa.

El deseo por sus personajes alimenta la búsqueda audiovisual de la realizadora de la TV Serrana, Ariagna Fajardo. Ariagna Fajardo devela sus documentales desde una visión aguda, sensible y humana. La mirada documental impone, desde el trabajo fotográfico y de montaje, una atmósfera compleja la cual trasciende la mera exposición de una estampa o personaje local, en pos de alcanzar la grandeza del hombre.

Ariagna confiesa:

No es difícil para nosotros encontrar historias en ese espacio, como no es difícil encontrarlas en cualquier lugar: cada persona es diferente y tiene una historia distinta que contar. Y además, la vida te cambia constantemente: hoy eres una persona, pero dentro de un mes, eres esa persona con una experiencia de más, ya sea feliz o dolorosa, y cambias de percepción. La realidad está siempre en movimiento