Autora: Erika Alfonso Villar


Desde el pasado primero de enero, el gobierno cubano inició un proceso de reordenamiento monetario que cambió la dinámica económica del país. El incremento salarial, unido al aumento de precios en la mayoría de los bienes y servicios del Estado, y el establecimiento de una única tasa de cambio, resultaron algunos de las principales transformaciones devenidas entonces.

Con el aumento salarial se espera una solvencia económica con la cual adquirir mayores bienes y servicios, de modo que el trabajo sea un incentivo; sin embargo, es una medida que aún no logra ser totalmente efectiva por la actual escasez de ofertas.

Hay que partir de que hace un año Cuba y el mundo atraviesan por un contexto epidemiológico complejo con la Pandemia de Covid-19 y la crisis económica generada globalmente incide con más fuerza en un país como Cuba que importa casi la totalidad de los artículos de primera necesidad. Además, es una economía pequeña, sometida por décadas al bloqueo de Estados Unidos.

Por otra parte, la eliminación del CUC suponía que el peso cubano pasaba a ser la moneda más importante para manejar la economía de casa; no obstante, desde hace más de un año en el país se estableció una red de tiendas en dólares, las cuales están más abastecidas que las de moneda nacional, y (valga la redundancia) han dolarizado el mercado cubano. El peso se deprecia y el precio del dólar se dispara según la oferta y la demanda.

Para analizar el tema, Qva en Directo conversó con tres economistas e investigadores cubanos.

EL DIÁLOGO

Oscar Fernández Estrada, doctor en Ciencias Económicas y profesor de la Universidad de La Habana:  

El valor de una moneda se establece con respecto a otras monedas. Cuando se habla de que una moneda está sobrevalorada se refiere a la tasa de cambio. En Cuba lo que ha pasado durante las últimas décadas es que la tasa de cambio que regía todas las operaciones del sector empresarial, fue de uno por uno. Esa fue una tasa sobrevaluada. Le dio al peso un poder que no tiene en la práctica. Indicaba que con un peso se podía comprar un dólar y no era así.

Ricardo González Aguila, máster en economía y profesor del Centro de Estudios de la economía cubana:

El pasado primero de enero se devaluó el peso cubano en el sector empresarial. Su valor se alineó al tipo de cambio de CADECA, 24 CUP/USD lo cual fue un paso en la dirección correcta tras el objetivo de rescatar el rol que deben desempeñar los precios en nuestra economía. Sin embargo, este paso fue solo el inicio de un proceso complejo de más largo plazo, y en que necesariamente deben confluir múltiples factores. Por ejemplo, incluso después de haberse devaluado la moneda, todavía el tipo de cambio resultante no es un precio de equilibrio. O sea, no refleja la escasez relativa de dólares en la economía. Y eso es algo sobre lo cual habrá que trabajarse en el futuro si se desea que los precios sirvan de palanca en la reactivación de nuestra economía.    

Ricardo Torres Pérez, doctor en Ciencias Económicas:

A pesar de que se hizo una corrección en el tipo de cambio del sector público, esa moneda incluso con ese tipo de cambio corregido no es convertible. Ni las personas, ni las empresas estatales pueden ir a los bancos a comprar dólares u otra divisa en ese precio.

Ese no es todavía el precio efectivo de la moneda en este momento y además sabemos que hay un mercado paralelo de divisas que es el informal, el cual si bien no está amparado bajo ninguna regulación del gobierno, existe más allá de la voluntad de las autoridades, y en ese mercado desde por lo menos julio de 2019 el precio de la moneda cubana ha estado cayendo.

Ahora mismo está entre 48 y 50 pesos el dólar. Entonces si eso se compara con el precio de 24 a 1 indica que la moneda cubana, ese precio oficial, no está directamente vinculado a las condiciones del país.

Unificar la tasa de cambio… ¿por qué?

Oscar Fernández Estrada*:

La tasa de cambio entre dos monedas está refiriéndose a un término que se llama mercado monetario. La tasa de cambio es el precio de ese bien que es la moneda, entonces el mercado monetario es el lugar donde se expresan los intercambios de esa actividad; gente que quiere comprar y gente que quiere vender. La tasa de cambio es el precio de esa actividad y ese mercado a su vez no va a ser un mercado único, sino que está segmentado desde los años noventa.

Hay un segmento que son las empresas, que tienen unas reglas de cambio, enfrentan determinadas restricciones, tienen vías para acceder a ese mercado a cambiar la moneda y tienen una tasa concreta. Luego está el segmento de la población. Antes del ordenamiento, las empresas operaban a la tasa de cambio de uno por uno con mecanismos administrativos de asignación de divisas, porque no se podía asumir un mercado cambiario a esa tasa de uno por uno, mientras la población si tenía un mercado cambiario de 1 por 24, asumiendo que el CUC se mantenía alrededor de 1 por 1×1.10 o 1×1.25 dólar.

El segmento de la población operaba de manera estable con la tasa de cambio de 1×24, lo que se decía en aquel entonces es que la tasa de cambio empresarial estaba sobrevaluada y la de población subvaluada, y que la tasa de cambio en equilibrio debía ser algo en el medio, pero en realidad una vez que se conectan ambos mercados el punto de equilibrio puede darse en otro lugar porque depende de otras muchas circunstancias.

Ricardo González Aguila*:

La sobrevaloración del tipo de cambio ―que es equivalente a decir que la moneda cubana esta sobrevaluada― tiene múltiples implicaciones negativas. Lo primero es que como se ha repetido innumerables veces, cuando el tipo de cambio está sobrevaluado las exportaciones se hacen caras y las importaciones se abaratan, por lo tanto, insertarse y competir en la economía internacional le es muy costoso a las empresas. Es lo que sucedía en el país.

Si una empresa quiere exportar un bien a un precio de un dólar norteamericano, y por ese bien recibe el equivalente a un peso cubano; exportar se convierte en un desincentivo.

Por otra parte, Una moneda sobrevaluada también abarata las importaciones y eso es negativo porque competir internamente por sustituir importaciones se hace una tarea muy compleja. Por ejemplo, ¿qué interés tendría la administración de un hotel en sustituir su oferta de wiskies importados por rones domésticos si el diferencial de costes entre ambas bebidas, que se explica por la tasa de cambio, es no significativo? Dado que importar es relativamente más barato, sustituir importaciones se convierte en un desincentivo.

Por otra parte, la sobrevaloración del tipo de cambio te genera una distorsión notable en la contabilidad empresarial. Contabilizar cuánto cuesta producir se hace muy difícil en ese entorno, y uno puede estar produciendo bienes que no produciría si el tipo de cambio fuera otro.

Otra de las distorsiones era la existencia de múltiples tipos de cambio en la economía. Además del tipo de cambio de Cadeca, el oficial, que eran los más conocido, también existían otros tipos de cambio, como el que se usaba para el pago de salarios en la zona de desarrollo especial del Mariel, que era 1×10 cup; o el de las empresas mixtas, 1×2 cup, etc. Pero ello no quedaba ahí…

¿Efectos positivos de la unificación?

A muchos productos de la economía que se exportaban o sustituían importanciones se les daba una subvención por tipo de cambio; y era diferente para cada producto de cada empresa de la economía. Todos esos tipos de cambios funcionando en paralelo conformaban en su conjunto una fuente de cuasi fiscalidad y de ineficiencia en la asignación de recursos.

Todo lo anterior se corrigió con la unificación. Y es cierto que eso son efectos positivos. También permitió corregir otras distorsiones de precios que había en la economía; un mismo producto con dos precios, por ejemplo. Pero el efecto más importante es que, efectivamente, se abarata el precio de las exportaciones, algo que Cuba necesita para reactivar nuestra economía. Obviamente, también hay costos, que en mi opinión tienen que ver con la forma en que se diseñó la tarea. Haberla llevado a cabo con una aproximación “big bang” (decimos los economistas) en lugar de con una aproximación gradual, sobretodo en un contexto de tan delicado como el actual; está generando unos costos de transición muy elevados sobre las empresas y los hogares.    

Hay otra cuestión importante. Cuando se modifica el tipo de cambio, cambia la rentabilidad relativa de las empresas. Hay empresas que se van a convertir en irrentables pero también hay actividades que se van a convertir en rentables o cuya rentabilidad va a aumentar; y eso es importante porque se crean oportunidades de inversión que hasta el momento estaban ocultas para el país, por lo tanto se crean dinámicamente oportunidades de negocio donde anteriormente no existían.  Ese es otro efecto positivo.

Continuará…

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Ricardo Torres Pérez*:

Doctor en Ciencias Económicas (Universidad de La Habana); profesor titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana. Ha recibido becas en Japón, Francia, Finlandia y en universidades como Harvard, Columbia y la Universidad Americana. Publica frecuentemente sobre transformación estructural, políticas industriales y reforma del modelo económico en Cuba en libros y revistas cubanas y extranjeras. Es co-editor de la serie Miradas a la Economía Cubana.

Oscar Fernández Estrada*:

Doctor en Ciencias Económicas y Profesor Titular de la Universidad de La Habana

Ricardo González Aguila*:

Máster en Economía por la Universidad de La Habana y la Universidad Queen Mary de Inglaterra. Profesor de economía del Centro de Estudios de la Economía Cubana. Candidato a Doctor por la Universidad de Barcelona. Diploma en métodos estadísticos y econométricos. Publicaciones sobre productividad a nivel de empresas en Cuba, transformación productiva y política industrial, salarios, subvenciones, etc.