Una de las tantas comidillas que desde hace semanas vagan en torno a la presidencia de los Estados Unidos, es la posibilidad de que Joe Biden no culmine su mandato y sea su vicepresidenta, Kamala Harris, quien asuma las riendas del país, hasta las próximas elecciones.

Según alegase el reverendo Pat Robertson –ultraderechista y tradicional «amigui» del magnate que recesa–, Harris estará al frente de la Casa Blanca dentro de un tiempo no muy lejano a la investidura del electo. Entre las causas, puso sobre el tapete una posible renuncia e incluso el  asesinato de Biden.

Si nos guiamos por el sitio PanAm Post, al reverendo de marras no se le puede hacer mucho caso dado que, históricamente, se ha dedicado a lanzar, en nombre de su fe, predicciones que ni de cerca se cumplen. Por ejemplo, la destrucción inmediata del planeta en 1976, 1982, 1990, 2007 y la súbita que está por llegar «a manos» de un meteorito.

Otra «lectura» futurista que le salió mal, consta en el propio PanAm Post, versa en torno a la victoria segura de Donald en los recientes comicios, tras la cual Dios bendeciría al big country con un tiempo de paz –habría que ver para quién.

Siguiendo esta línea, por las redes sociales se ha movido una presunta «epifanía» de un babalawo cubano anónimo –sí, aquí tenemos de todo– que dice ver mucha sangre en Estados Unidos durante este 2021. Habla de guerra interna provocada por los extremistas; que, en efecto, Biden no durará mucho y que no permitirán que Kamala asuma la presidencia; que el país se dividirá –al parecer aún más– y emplearán armas poderosas contra ellos mismos.

Suena sensacionalista: «Babalawo cubano anuncia “el fin de los tiempos” en Estados Unidos». Y usted, lectora o lector avezado, ha de preguntarse si merece validez periodística una fuente que alude a revelaciones místicas y que por demás no se atreve a dar su nombre. Por supuesto que no, insistimos con el mayor de los respetos en defensa del oficio.

La cuestión radica en que lo plasmado en esta especie de rumor, se parece con una frecuencia cada vez menos sana al día a día en Estados Unidos; además de que coincide con las predicciones de muchos expertos en política internacional: la posible guerra civil ha sido más que mentada por medios de prensa de todos los colores.

No basta con referirse al extravagante asalto al congreso del seis de enero pasado… Tenemos que mencionar la gran polarización ya presente en todo el país, evidenciada en un sufragio del que el magnate salió con el apoyo de 74 millones de electores. ¿Qué ocurre cuando 74 millones de personas confían en alguien –olvidemos por un instante que se trata de Donald Trump– y ese alguien les asegura que hubo fraude? Ciertamente… cualquier cosa.

Hay que hablar también de un Washington DC prácticamente blindado, de los más de 20 mil efectivos que no dormirán durante la noche de la toma de posesión y quién sabe durante cuántas noches más. Se ha de decir también que apenas han pasado dos días desde que un sujeto con más de 500 municiones encima intentase burlar la seguridad del Capitolio.

Tampoco se pueden pasar por alto las detenciones del FBI a todos los que últimamente han «mostrado» el tufo de vándalo-asaltante-seiseneriano y las palabras de los altos ejecutivos del propio Buró Federal que, sin tapujos, dan fe de estar jugando al duro y de que pretenden continuar haciéndolo.

La «democracia» no ha bastado para resolver los problemas, precisamente porque ese término –democracia– en manos del liberalismo no es más que una publicidad de cartón, un slogan, una fachada, una mentira.