Pequeños negocios: fondas, bodegas, farmacias. Sin muchos lujos, eran lugares de atención ágil y calidad probada. Podían encontrarse en trenes de lavado o en las inmediaciones de Zanja, Egido o Monte. Eran negocios chinos. Los propietarios llegaron al país en 1847, como mano de obra contratada para la industria azucarera, y se asentaron de manera dispersa por las ciudades hasta conformar la suya propia: el Barrio Chino.

Pero, antes de llegar al espacio que hoy conocemos en La Habana como centro de costumbres y tradiciones orientales, hay historia. Cercano a la mitad del siglo XIX, los nombrados culíes arribaron contratados para la producción azucarera, en un primer momento, ante la necesidad de reemplazar a los negros esclavizados. Y allí fueron discriminados, dentro de las barracas, por sus compañeros, estafados por sus amos e incomprendidos por muchos.

Luego de cerrado el acuerdo que los trajo hasta el Caribe, generalmente, se asentaban en territorio nacional y buscaban formas de obtener dinero, ya sea en negocios propios, el empleo en la reurbanización de la ciudad o en la industria tabacalera, para traer a la familia desde China. Más tarde, posterior a 1860, comenzaron a llegar migrantes chinos de California, con la esperanza de escapar de la xenofobia estadounidense.

Una vez aplatanados, muchos cambiaron sus nombres para hacerlos pronunciables. Incluso, hicieron a sus creencias más cubanas: su Kuang Kong, homólogo de Santa Bárbara o de Changó mientras que Quan Yi podía ser la Caridad del Cobre u Oshún. Sus platos se adaptaron cada vez más a los ingredientes criollos propiciados por estas tierras.

A la vez, hicieron suyas las causas del pueblo cubano. Miles de chinos participaron en la Guerra de Independencia cubana y además la actitud del Comandante José Bu Tack y el Capitán José Tolón fue notable. A ellos, los dos únicos culíes que participaron en las tres luchas independentistas, se les otorgó la posibilidad de ocupar la Presidencia de la República en 1902. Aun así no existen pruebas de que lo hayan hecho. 

Ya en 1867 o 1868 existió una fonda china en lo que es hoy el cuchillo de Zanja, cerca, otro compatriota, emplazó un puesto de frutas. Algunos tenían bodegas. Por la calle Jesús María había un afamado médico oriental y en Egido hubo una botica con medicinas tradicionales del país asiático. Para finales del siglo XIX, la zona donde se emplaza actualmente el Barrio Chino recogía una gran concentración de estos migrantes.

Entonces, entre las ansias de subsistir de los culíes y el capital, un poco más frondoso, de los chinos californianos se establecieron múltiples negocios alrededor del centro de la ciudad. La densidad poblacional de la zona, la cercanía del centro político y comercial del país convertían a la ubicación en el espacio propicio. Mas no les fue fácil. El Barrio se creó sobre la base heterogénea del criollo, los emigrados polacos y árabes. Así se formó lo que fue uno de los lugares más populosos de América. 

Algunas bibliografías apuntan el componente étnico chino como el cuarto de la nacionalidad cubana, luego del aborígen, español y africano. (Imagen tomada de Cubadebate)

Un recorrido por el Barrio Chino

Entre los años 30 y 40 del siglo XX, el Barrio Chino tuvo su época dorada. «El “Chinatown” de La Habana llegó a tener teatros, cines, varios periódicos, farmacias tradicionales, clínicas, un banco, compañías importadoras y sociedades de ayuda mutua, culturales y políticas», narra la agencia de noticias EFE.Y de muchos de estos elementos hoy solo queda el recuerdo. 

¿Cuánto ha cambiado el Barrio Chino cubano? Según María Antonia Arozarena Muñiz, especialista del Archivo Histórico de la Casa de Artes y Tradiciones China, varias oleadas de emigrantes han despojados a la pequeña ciudad de sus principales miembros, los asiáticos. La primera fue con la Ocupación Militar Yanqui de 1898. Luego, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación japonesa en el gigante oriental, muchos volvieron a su país. Otros lo hicieron en los 40, cuando terminó la Guerra Civil entre comunistas y republicanos. 

Quienes habían llegado a Cuba para huir del comunismo, como también explica la especialista, los sorprendió el Triunfo de la Revolución en 1959, entonces emigraron hacia otras latitudes. Como consecuencia para la década del 60 en territorio nacional existían 29 mil chinos y su llegada al país casi fue nula. Para finales del siglo XX, un programa de reanimación permitió la entrada de migrantes orientales al archipiélago. Dichas cifras revelan un escaso número de ciudadanos naturales vinculados al barrio, no llegan a 90.

No obstante, no es el único factor que incide en que ya no sea como antes la barriada. La migración dejó al lugar desprovisto de chinos nativos pero el mestizaje también lo hizo. Muchos de los emigrados decidieron compartir su vida, e hijos, con personas mulatas, negras y, por ende, su descendencia no fue netamente china. A ello súmese, el debilitamiento de la economía a nivel de país capaz de frenar parte de las actividades comerciales que dan vida y sostén al establecimiento.

La restauración del Barrio Chino de La Habana fue una de las obras capitales llevadas a cabo en función del Aniversario 500 de la ciudad.

La restauración y el rediseño efectuado en 2019 al Barrio Chino de La Habana, en el marco de los 500 años de fundada la urbe, permitió conseguir mejor circulación social-económica y aportó más atractivo al lugar. Una inversión capital devolvió vida al espacio a través de la reconstrucción de sus calles, locales, puesta en marcha de circuitos culturales, creación de una galería de próxima inauguración y una farmacia tradicional. 

Actualmente, la localidad cuenta con 13 sociedades chinas, tiene un mayor número de establecimientos dirigidos por asiáticos o descendientes y constituye el centro político de esta comunidad en Cuba. Además cuenta con una Escuela Cubana de Wushu, dos casas de abuelos, una residencia de ancianos, una Casa de la Cultura y las Tradiciones Chinas y el Centro Confucio de idiomas.

¡Y la tradición sigue latente! En el Barrio Chino tienen lugar la danza del león y el dragón así como también las festividades características: la Fiesta de Primavera, por inicios del Año Nuevo Lunar, la Fiesta de los Faroles y la de los Fieles Difuntos. Asimismo, a lo largo de más de 100 años, los migrantes y sus familias han rendido tributo a sus ancestros en dos altares donde se ratifican la fe y la preservación de la cultura.

Para evitar, nuevamente, tanto el detrimento de su patrimonio como el alejamiento entre la tradición y el comercio, el Gobierno de la ciudad aprobó la creación de la Unidad Presupuestada Barrio Chino el pasado día 5. Esta resolución, la 22/2021, establece la extensión del lugar en el espacio entre las calles Amistad, Belascoain, Águila, Dragones, Reina y Zanja. También brinda el poder para recaudar fondos a través de diferentes vías en aras de la restauración. Asimismo se potencia el trabajo con la Red de Desarrollo Local.

Feliz Año Nuevo Chino les desea Qva en Directo.

2021 es el año chino del buey. (Imagen tomada de BBC)