Deporte

Bendita devoción perica

Un pequeño periquito es alguien que podía haberse dejado llevar por la corriente dominante muy dominante, y hacerse del Barca (o del Madrid, ya puestos), pero ha decidido sin embargo afrontar un futuro incierto y abundante en sinsabores.

Enric González, periodista y columnista español

En España ser del Madrid o del Barca es muy fácil. Incluso del Atlético. Es un cliché. Superfluo; predecible; monótono; aburrido. Son equipos que, año tras año, solo se preocupan por saber en qué lugar (de los tres primeros) van a quedar. Hasta su afición resulta ‹‹ñoña››, ‹‹mimada››. Patalean cada empate, cada título no conseguido. Debe ser como un instinto básico. A (casi) nadie le gusta perder.

Dicen que en las periferias de la península, a la gente primero les gusta su equipo de pueblo y luego el Barca o el Madrid. Es una especie de consuelo. Pero primero su camiseta, eso sí.

Al final, ellos disfrutan el fútbol como nadie. Gritan cada gol como el primero. Y exigen, sí. Por el sentimiento acumulado, y el amor que profesan hacia sus colores; hacia su escudo; hacia su himno.

(Foto tomada del perfil oficial en Facebook del Espanyol)

El Espanyol de Barcelona es (o era) uno de esos equipos de primera mitad de tabla atravesados. De los que siempre te rascaban algún punto; o al menos te pegaban un susto. El Cornellá, su feudo, inexpugnable. Un auténtico acorazado. Daba gusto ver jugar al equipo perico.

Menudos derbis se gastaba contra el Barca. Ambos clubes comparten las mismas calles pero son muy diferentes. Los equipos de la ciudad condal tienen una relación de némesis. No se soportan.

Sin embargo, dicen, de Europa a Segunda división se pasa muy rápido. Y así ocurrió. El cuarto equipo de más tiempo en la élite del balompié español perdió la categoría. Gran fiasco de temporada.

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A 8000 kilómetros de distancia, hay quiénes reivindican acompañar a su equipo “en primera, en segunda o en la inmundicia”. Cuba tiene peña espanyolista, y es, en buena parte, gracias a Eduardo Grenier, joven periodista conocido por sus publicaciones en Juventud Rebelde y Cubadebate.

Ser del Espanyol es un sentimiento transmitido de generación en generación, reconoce Grenier. Quizás, sin darse cuenta, lanza una de las estrofas de su himno: “de abuelos a nietos, en noble estirpe, somos una sola generación, el corazón encendido y la mente muy clara fieles siempre al Espanyol”.

Debe ser cierto eso que dice el periodista español Enric Gónzalez. El gusto por el fútbol y la devoción por unos colores u otros, nacen de una forma natural a partir de hechos cotidianos.

(Foto: Lluis Gene/AFP)

Eduardo, madridista devenido perico, confiesa que un día se cansó de ser de un aficionado de los grandes de Europa. Y ahí descubrió en un derbi en Cornellá a un equipo que le plantó cara al Barcelona. Vestía blanquiazul. Perdió. Pero le generó simpatía. Todos nos hemos sobrecogido alguna vez ante un ‹‹humilde››.

A medida que fui conociendo más al club -rememora- el sentimiento se fue acentuando y se convirtió en pasión. Cualquier aficionado que conozca la esencia del equipo no podría evitar quedar enamorado de la entidad, del escudo, de los colores de todos. Es muy sentimental.

La idea de formar la peña nació en diciembre de 2019. “Un amigo seguidor de la Roma me sugirió preguntar en Twitter si alguien conocía algún otro aficionado al Espanyol en Cuba. Lo puse sin ninguna esperanza. Afortunadamente aparecieron; muy pocos, pero aparecieron, sobre todo españoles residentes en Cuba”, espeta Grenier.

“Los primeros que reclutamos para la peña los llamé por teléfono o vía WhatsApp. Comenzamos a planear algunos pasos. Escribimos al correo de la Federación de Peñas del Espanyol, y luchando conseguimos el número de Araceli Pérez, presidenta de esa Federación, que nos dio un impulso tremendo”, confiesa.

“La peña fue oficializada en marzo, aunque sin ninguna celebración por la Covid-19”, nos confirma este joven que escucha por internet los partidos de su amado equipo, ante la imposibilidad de ver las transmisiones televisivas. “A no ser que el Espanyol juegue contra Madrid o Barca, o un milagro de Tele Rebelde, ver los partidos por TV es una utopía. Yo los escucho por radio, en COPE Barcelona”.

Nuestra comunidad tiene también pericos que viven en España. Ellos obviamente pueden ver los partidos. Incluso tenemos socios que van al RCDE todos los fines de semana.

A miles de kilómetros, la señal va y viene: se retira impúdicamente cuando mejor juega mi equipo y aparece para gritarme de forma escandalosa los goles del rival y amargarme un poco más la existencia

Tomado de Cubadebate

Tenemos peñistas cubanos -esgrime ante la interrogante del origen de los seguidores- aunque no muchos. Somos aproximadamente cinco o seis. Pero ese número debe crecer porque en Twitter varias personas me han pedido incorporarse al grupo. No son precisamente pericos, simpatizan con el club; y mientras eso pase, tienen las puertas abiertas.

Eduardo no puede -ni quiere, la verdad- esconder su decepción por la temporada blanquiazul. Los de Cornellá terminaron con 25 puntos. A solo 12 unidades de la salvación; una bastante bajita, por cierto. Solo ganaron 5 partidos y perdieron 23. ¡Sí, 23 derrotas!

En abril de 1994 consiguieron su promoción a la élite. En aquel equipo figuraban Torres Mestre, Lardín, Fonseca. Grenier no había nacido en aquel entonces. Hoy, casi 26 años después, retornan a la liga de plata. Un bocado difícil para su afición.

“Al principio era una situación inexplicable. Pasaban las semanas, los meses, y el club seguía en los puestos de descenso. Poco a poco encontramos las explicaciones. Ya no es tanto un problema de entrenador, aunque si considero que no han sabido revertir las situaciones. Creo que más allá de todo, la crisis es institucional y los principales culpables son la Directiva y los jugadores”, nos comenta.

¿Claudicar es una opción para ti como perico? ¿Crees en lo personal que tomarás concesiones por la pérdida de la división?

El sentimiento por un club no entiende de divisiones. En Primera, Segunda o dónde sea, vamos a apoyar al equipo. Si somos de un club, lo somos hasta el final. No importa la división en que juguemos. El amor por la camiseta está estrechamente ligado a todos los aficionados al fútbol. No solamente a la camiseta, sino al escudo. Es un beso al escudo, un símbolo de amor y fidelidad.

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Suena el pitazo final en el RCDE Stadium. Los pericos lloran. Algunos bajan la cabeza, otros miran al cielo. Hay quienes, incluso, tapan su rostro con su camiseta. El último silbatazo en Primera duele; estremece a más de uno. Pero en Cornellá caen como gladiadores, con el apoyo (desde casa, por la Covid-19) de su gente. Y estén seguros, esto es una pausa. Un hasta pronto. El Espanyol volverá, más temprano que tarde.

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