A primera vista lo que más resalta es el cartel. Letras rojas e irregulares cual si estuviesen estampadas a cuenta de la sangre y… ¿quién se atreve a negarlo? «Nos están desapareciendo», enuncia con feísimas letras este pedazo de caja, este cartón medio estrujado y abierto.

Pero el cartel no flota ni yace pisoteado en suelo. El cartel va en las manos de una mestiza despeinada que nos recuerda a la mismísima América Latina. Tal vez eso sea: una mujer mestiza con el pelo encartonado, una mujer con los brazos fuertes y el rostro frío, lloroso, serio, donde confluyen las caras de las selvas del África, las del Amazonas o las del Altiplano. 

Más atrás, justo en la cuadrícula al vacío que forman el ángulo del brazo izquierdo, el margen inferior del cartel y la cabeza, otra muchacha también eleva su reclamo en unmísero papel escrito a lápiz o algo que se le parece.

El contenido de los carteles quizás apenas se lea desde la cercanía; desde lejos puede que solo sean mujeres que levantan algo. No hay evidencias de que la foto sea del día. Protesta estudiantil en Guadalajara contra la violencia y las desapariciones, explicita el pie. 

«Hallan 18 bolsas con restos humanos en Jalisco, sede del cártel más peligroso de México», informa el titular de Sputnik.

Y qué bien que la imagen de portada no hable de bolsas, sino de lo que ocurre cuando estas aparecen.

Foto tomada de AFP

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Lo que Obama no pudo, vuelve a intentarlo Biden. Los titulares ya circulan a toda velocidad porque el «Joe» acaba de lanzar una revisión formal sobre el destino inmediato de lo que muchos medios llaman Guantánamo.

Cuentan que, desde la administración Bush, el enclave está dando de qué hablar y que ha resultado sede famosa y «controvertida» de «ciertos» abusos de los Estados Unidos en su «lucha a ultranza» contra el terrorismo, luego de los también controvertidos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.

Comienzan a rodar los humos del cierre, las informaciones sobre los 40 presos que apenas quedan dentro y de los 800 que ya han estado. Insisten en que más de 100 organizaciones han pedido su cese y que para estar en cautiverio, por lo menos ahí, no hacían falta cargos en contra y mucho menos la celebración de un juicio.

Se dice también, desde hace rato, que los derechos humanos no hablaron muy bonito del trato que les dio la CIA, mientras permanecieron en el «americano» recinto.

Inicia o se retoma una buena culebra. La cárcel por aquí, la cárcel por allá… la galera será, sin dudas, la noticia. Pero a nadie –o a pocos– se le ocurrirá hablar de la base y su ilegalidad de esencia. Los presos pueden trasladarse al «continent», dejarse incluso libres. Sin embargo, los aviones tienen que seguir entrando y saliendo y con eso no se juega.