Solo esta semana se reportaron cincuenta mil seiscientas veintiocho (51 628) personas con COVID-19, un número que parecía inalcanzable hace tan solo unos meses atrás. Lo que no deja de sorprender es la naturalidad con que muchos lo ven y la manera de culpar a un gobierno incapaz de pegar los nasobucos al rostro de sus ciudadanos o encerrarlos en sus casas.

¿Tenemos permitido pensar positivo a estas alturas? ¿Queda la opción de tomar buenas experiencias de toda esta etapa de pandemia? Quizás el recién concluido mes de julio nos deja amargas experiencias, las peores desde hace año y cuatro meses, pero no es el final.

Cada vez se nos hace más difícil, incluso molesto, conocer las increíbles cifras de positivos, que esta semana no se dejaron caer. Esa misma cantidad de casos nos permite ver cuán distantes estamos de alcanzar la normalidad o, al menos, una situación estable.

Esta crisis necesita la ayuda de todos para lograr la estabilidad en el país.

Queda comprobado que no se escarmienta por cabeza ajena. Aún cuando Matanzas padeció (y todavía siente estragos) una situación de total caos pandémico, ocurre un incremento incontrolado de positividad en provincias como La Habana y Cienfuegos, por solo poner unos ejemplos.

Con más de dos provincias diagnosticando cifras superiores a los mil casos diarios, no podemos esperar un índice de altas equilibrado. Unas 200 altas menos que contagiados esta semana, la cifra muestra que estamos lejos de mantener el control.

Palabras contra hechos

Lo peor es que todavía culpamos a las autoridades por un “mal trabajo”; a los médicos y enfermeras, a quienes alabamos, por una parte, pero a las espaldas destruimos. No debemos dejar de lado las malas gestiones de los encargados de controlar y tratar con personas relacionadas de alguna manera con el virus.

Los niños jugando en las calles, sin nasobuco, los padres que celebran los cumpleaños de sus hijos, con invitados incluidos, no son responsabilidad de las autoridades. En acciones como estas se encuentran los principales responsables de casi 10 mil menores diagnosticados con el virus esta semana.

Hace poco el Doctor Francisco Durán insistió en el riesgo enorme de los infantes contagiados, debido a las secuelas que los pueden acompañar durante toda la vida. Aún así la cifra no se detiene.

Los números están descontrolados y detrás de esas cifras tan lejanas hay personas. Algunos ya pasaron el susto del contagio, la espera por un PCR negativo o la pérdida de un familiar.

Detrás de los 407 fallecidos de esta semana hay rostros que sus familiares no volverán a ver, algunos por irresponsabilidad propia, otros por la de quienes convivían a diario con ellos. Lo más necesario ahora mismo es evitar la zona roja, ayudar con nuestro resguardo a disminuir esas cifras que nos llegan a doler. Cincuenta mil suena grave porque lo es.

Autora: Danna Márquez