En ocasiones parece que la vida se nos resume en un caótico y desorganizado grupo de personas aglomeradas en torno a una necesidad. Ojalá solo pareciera pero la realidad en la Cuba actual apunta a certezas como estas. La historia reciente dedica un apartado especial a esa colección de historias, de problemas, oportunismos pero también, por qué no, de buena fe y actos alentadores resumidas en una concentración.

Es una pandemia que secunda a la COVID-19, con oleadas y picos, no dados por la cantidad de contagios sino por la densidad de personas que convoca el producto en cuestión. Una cuestión de suministros. Un mal de años: la cola.

Las congregaciones pueden aparecer de momento, sin demasiado prólogo ni con certezas de qué las convocan, simplemente es la euforia en auge de quienes necesitan. En otros casos conforman su fisonomía durante las noches o temprano en la mañana y se extienden por horas y por cuadras.
El descontento y malestar de quienes permanecen en prolongada espera sometidos a condiciones poco favorables por obtener un producto quedan reflejados en su rostro.
Varios mecanismos de organización han encontrado las administraciones estatales y las personas vinculadas a las cola con el fin de poner orden dentro de las masividades; fallidos en ocasiones pero válidos en los momentos en los cuales ha primado la honestidad en quienes manejan el poder de los carnés, libretas y turnos.
Tanto de ángeles como de demonios han sido catalogados los enviados por las sedes municipales del Gobierno a custodiar las colas. Una adjetivación positiva suele estar mediada por una comunicación fluida entre las partes, buena educación y un trato correcto en el cual prima el humanitarismo. Por el contrario, aquellos que, en función de intereses personales, adelantan en posiciones a otros son blanco de críticas y ataques.
A pesar de las advertencias de las autoridades sanitarias y las medidas adoptadas, los adultos mayores, personal vulnerable en su mayoría, todavía forman parte de las colas en busca de suministros. Asimismo sucede con embarazas y mujeres con niños en edades pediátricas. Quizás sean estos indicadores de la necesidad de atender con mayor énfasis a dichos sectores poblacionales.
En tiempos de coronavirus en Cuba, ya cuando los contagios de COVID-19 se cuentan por cientos, las medidas higiénicas y el buen actuar deben proliferar. Lamentablemente, las colas son sinónimos de escaso distanciamiento social e inadecuado empleo del nasobuco, un terreno fértil para la propagación de la epidemia.