«Aunque no lo creas, este es el sofá, siéntate», con esta invitación me ubico, cómodamente, en la casa en construcción de Merle Ramírez y Lisney Romero, dos jóvenes emprendedoras a quienes las une, además de una hermosa relación, la primera tienda cubana para la comunidad LGBTIQA+, llamada Alien. 

En el hogar también habita Ringo, un perro muy sociable rescatado de la calle, Mercedes o Teresa -porque fue llamada de ambos modos-, una gata que no cree que es gata; y otra minina más pequeña, al menos de tamaño, que pasó todo el tiempo de conversación detrás del refrigerador o en las piernas de Merle. 

Aunque en construcción, la casa tiene vida al mostrar los colores que resaltan las conquistas de ambas mujeres que solo le pudieran temer al olvido y a rendirse. La bandera cubana y la bandera de la comunidad LGBTIQA+ se exhiben como enormes en una pequeña sala. La verdad es que sí son enormes. Representan, ambas, algo gigantesco. 

Lisney Romero no tiene pena, habla y parece un volcán de ideas, «es que no paro de pensar, se me ocurre algo y ¡chass! tengo que hacerlo». Me cuenta de los gatos, de los perros, de un refugio que la decepcionó, de su trabajo, de sus pasiones. Merle Ramírez la mira en silencio. «Hay que empezar sin Yudiel —el diseñador—; debe demorarse».

Romero comienza la narración: «Yo quería una bandera de la comunidad LGTBIQA+, pero no había. Tropezarse con una y obtenerla una es muy difícil». Merle también deseaba ser dueña de una bandera. «Nos fajamos por una bandera y bueno…ahí fue nuestro primer beso». Lisy y Merle seguramente se dieron cuenta de dos cosas: las peleas a veces mueren en un beso apasionado y urge crear un espacio donde esta comunidad pueda encontrar artículos identitarios. Y así, sin más nació, a finales de 2019, Alien. 

Iniciaron la comercialización sus productos el 2 de noviembre. Una amiga que no vive en el país las ayudó a obtener determinadas herramientas para emprender la idea. «Como teníamos pocas cosas para vender decidimos hacerlo online; rentar un espacio se iba de presupuesto. No tenía otra forma de anunciar que no fueran mis estados de WhatsApp, no iba a salir a la calle gritando: ¡Banderita! ¡Banderita!», afirma Lisney o, como cariñosamente le dicen, Lisy. 

En apenas tres semanas el negocio se disparó; pudieron percatarse de que su proyecto funcionaba, que la tienda iba viento en popa. Durante la primera etapa, aclara Merle, «nos mantuvimos comprando cosas muy genéricas y no teníamos una identidad. Nos dimos cuenta de que necesitábamos crear una para que todos reconocieran fácilmente que esa mercancía era de Alien». 

En sus primeros pasos, Alien se ubicaba en el Arco de Belén, tienda dirigida por un italiano. Lisy refiere que, en ocasiones salían «sin un peso», por lo que continuar online era más factible. 

La idea de apoderarse del mundo virtual fue más acertada de lo pensado, cómo olvidar que el 2020 fue el primer año pandémico. Sin embargo, eso no detuvo al proyecto. Las ventas, aunque no subieron ni fueron como al comienzo, permanecieron constantes. 

Muchos se han ofrecido para vender sus productos en bares gays, pero las alianzas no llegaron a consolidarse. Otros, querían usar la mercancía en rifas y nombrar a la tienda, esto tampoco dio resultado; «casi nunca nos mencionaban en esas actividades», destaca Merle. 

—¿Por qué este nombre? —pregunto.

—Bueno, habría que preguntarse primero qué es un alien. Nadie puede definirlo genéricamente. No sabemos si es hombre, mujer, ambos, es algo…una cosa. Cuando lo vemos, cualquiera puede sentirse identificado con uno —responde Merle Ramírez. 

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Merle Ramírez o Lua Cheia, este último es el nombre que le otorgaron al adentrarse en el mundo de la capoeira y que significa Luna llena, trae varios pulóveres blancos con distintas imágenes y frases: dos novias con velo y ramo, una media naranja o, como dice Lisy, «medio limón salvaje» y dos copas de vino con sombrero antiguo y formal; todos afirman que «solo es cuestión de amor». 

«Estos pulóveres no son de nuestro diseño, por eso, los ingresos que recibimos por su venta se lo entregamos a 11M Cuba, plataforma de activismo nacional, a la cual ambas pertenecemos», explica Luna llena. 

Ser simples distribuidoras no es una opción; Alien pretende que la reconozcan como un proyecto único y con una marca distintiva. Por ello, sus diseños son originales, cubanos y auténticos. 

Yudiel Chala, el diseñador, llegó a la hora justa. «Alien sostiene un diálogo interesante, la razón es que trabaja para una comunidad que aquí, en Cuba, no se había explotado». En la charla falta Karla Moreno, graduada de Ciencias de la Información y quien colabora con las redes sociales y el marketing.

«Ellas empezaron esto como un proyecto pasional, sin guía alguna», Chala ayudó, desde el primer momento, a cumplir las metas de Alien y, actualmente, realiza trabajo de mesa con ambas muchachas, para seguir afianzando esa identidad propuesta por la tienda.

El cubano juega mucho con las palabras, el dialecto, y Lisy tiene esa facilidad, por ahí van nuestros diseños. Usar estas palabras para dar un mensaje, usar el humor, usar la elocuencia. No es vender por vender, es llevar una filosofía a una comunidad que no estaba representada. Hay que educar visualmente.

Las jóvenes pretenden que los ingresos de la tienda sirvan para ayudar a otras personas. «Tal vez a una persona trans que necesite ayuda monetaria o a cualquiera, el objetivo es colaborar», indica Merle. Hacer un refugio para personas necesitadas, colocar la tienda en un sitio fijo, expandir su mirada a otros temas de interés como la violencia de género, son sueños del proyecto. 

—Queremos, además, capacitar a las personas de la comunidad LGBTIQA+, impartir cursos de artesanía, inglés, cerámica, peluquería, barbería. A quienes luego deseen quedarse a trabajar en la tienda, los recibiríamos con gusto —comenta Merle, sin miedo a soñar.

Sin embargo, Lisy tiene los pies en la Tierra, pese a sus ideas alocadas y a su espíritu aventurero, dice que «es un futuro lejano, vamos viendo poco a poco».

En una entrevista a ambas le preguntaron si Alien se autoexcluía por vender productos encaminados a esta comunidad. Al respecto, Lisy señaló que los productos de la tienda no son diferenciadores, sino identitarios. Pretenden darle visibilidad a una comunidad que, en pleno siglo XXI, resulta rechazada y silenciada por momentos. 

Chala pone el ejemplo de los pulóveres Yo amo Cuba:«¿Quién se ponga uno estaría excluyendo al resto del mundo? No, es algo que te identifica como cubano o, simplemente, que te gusta el país».

«Muchos de nuestros amigos heterosexuales nos ayudan dando ideas, promocionando, compartiendo el trabajo. Algunos, cuyos perfiles en Facebook alcanzan mil, dos milo tres mil likes, usan nuestros productos y eso nos beneficia. Nos da reconocimiento. Si deseas apoyar no tienes que ser de la comunidad, puedes ser un aliado, y ellos también cuentan con mercancía», agrega Merle.

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«Para los de adentro y para los de afuera», curioso eslogan, ¿no? Pues es el de Alien. La tienda está creada «para los de adentro y para los de afuera del clóset». Para los valientes que se han declarado con una orientación sexual no heteronormativa, para los propios heterosexuales, para los que aún callan, para los aliados, para todo aquel que viste más allá de la apariencia. Aunque hay que reconocer que su primer eslogan fue «Una Cuba, un orgullo».

Si bien Alien es una tienda que requiere ingresos —como todas— está teniendo una función social notable y marcada. Hace apenas unos días, a Lisy le escribió una joven de 15 años a la que su madre no la deja vestirse con la ropa que ella desea, no la deja ser lesbiana, no la deja salir, no la deja reunirse con amigas o amigos, no la deja ser ella. «Eso es violentarla, hay que ayudarla». 

Lisy le escribe y le aconseja; sabe la importancia de mostrarse como uno es, de sentirse libre y no esconderse. Lo sabe por experiencia. Ahora le toca socorrer a una quinceañera que supo buscar amparo en Alien. Poco a poco las cosas irán cambiando para ella. 

«Nosotras debemos estar informadas y educadas para saber qué hacer en estos casos. La tienda nos ha exigido eso», comenta Lisy. Y es que Alien no vende solo productos, vende identidad, persigue equidad y promueve la esperanza.

*imágenes tomadas del perfil de Facebook de Alien