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De cuando presidente no lleva “P” de popular

Por Jorge Luis Coll Untoria

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos siempre son objeto de seguimiento en gran parte de los rincones del planeta. Las campañas y los debates al estilo de “show” televisivo consiguen atrapar aún más la atención, y el papel del Colegio Electoral le da un toque de mayor suspenso al asunto.

Y es que cuando los estadounidenses votaron el pasado 3 de noviembre, no lo hicieron directamente por el presidente, puesto que lo que en realidad eligieron al marcar Trump o Biden fue a un grupo de personas, los llamados electores o compromisarios, que seleccionan al mandatario del país.

A más de una semana de las elecciones, Donald Trump desconoce su derrota proyectada por los medios de prensa de Estados Unidos. Foto: AFP

De manera general, cuando un aspirante gana el sufragio popular en un estado, consigue todos los votos electorales que otorga dicho territorio (excepto en Nebraska y Maine, donde los votos electorales se definen en dependencia del ganador en sus diferentes distritos legislativos). Pero todos los estados no brindan la misma cantidad de votos electorales y puede darse el caso de que un candidato que obtuvo la mayoría por parte del pueblo no llegue a ser presidente porque perdió en algunas de esas zonas que otorgaban votos electorales decisivos.

Las primeras elecciones de los Estados Unidos tras la independencia se celebraron entre el 15 de diciembre de 1788 y el 10 de enero de 1789. Desde entonces, se utilizó el sistema de Colegio Electoral, el cual se mantiene hasta hoy dejando abierta la posibilidad de que un postulante gane la presidencia sin el favor popular.

Varios medios de prensa como Fox, CNN y el The New York Times proyectan a Joe Biden como ganador de las elecciones. Imagen: Captura de pantalla de Fox.

Después de más de dos siglos de elecciones y 45 presidentes, cinco gobernantes consiguieron ocupar el cargo sin haber obtenido la mayoría en el dictamen popular.

Para conocer el primero de estos casos hay que remontarse hasta el año 1824, cuando cuatro candidatos se disputaban el puesto. En aquel momento John Quincy Adams, William Crawford, Andrew Jackson y Henry Clay se repartieron de tal manera los votos electorales que ninguno obtuvo la mayoría absoluta, pese a que Jackson fue quien más votos electorales y populares obtuvo. Ante tal situación se hizo necesario pasar la decisión a la Cámara de Representantes y, siguiendo la Duodécima Enmienda, finalmente, en 1825, John Quincy Adams se convirtió en el sexto presidente de los Estados Unidos.

Años después, en 1876, con alrededor de cuatro millones trescientos mil votos, Samuel Tilden aventajó por casi doscientos setenta mil sufragios a su rival republicano Rutherford B. Hayes, pero este último obtuvo un voto electoral más y resultó vencedor con 185 en una de las elecciones más polémicas de todos los tiempos que trajo como resaca las palabras “fraude” e “ilegitimidad”.

En 1888 eran necesarios 201 votos electorales para ganar y Benjamin Harrison consiguió 233, lo que le valió la presidencia a pesar de perder por estrecho margen en el aspecto popular con el candidato demócrata Grover Cleveland.

Luego de cien años, el panorama se repitió, esta vez en el 2000, para que ocupara la Casa Blanca George W. Bush. Un recuento en Florida terminó por dar la victoria a Bush con 271 votos electorales por los 266 del demócrata Al Gore, quien recibió la inútil mayoría en todo el país.

Esa constante de que el ganador se lleva todo anuló el estrecho margen del 0,1 por ciento (537 votos). Esta pequeña diferencia, sin importar que los dos candidatos quedaran casi empatados en el territorio, deja en cero al perdedor, haciendo estéril la voluntad de quienes lo seleccionaron, pues todos los puntos electorales van a la cuenta del oponente, generando enorme influencia en el resultado final.

El último caso es muy reciente, tanto que se dio en las pasadas elecciones, cuando la demócrata Hillary Clinton obtuvo dos millones quinientos mil votos más que el magnate Donald Trump -la mayor diferencia histórica en cuanto al sufragio popular- y no pudo ocupar el cargo tras perder con diferencia en los votos electorales ante su oponente.

En los comicios de 2016 Donald Trump ganó el voto electoral, pero Hillary Clinton dominó el popular. Imagen: El País.

Y es esto lo que se le critica al sistema, pues un candidato puede triunfar en las elecciones saliendo vencedor en 11 estados y el Distrito de Columbia, ignorando un gran porcentaje del electorado y centrándose en la importancia de llevarse la victoria en los denominados swings states, aquellos en los que no está clara la preferencia por alguno de los partidos.

Paradójico resulta también que en Estados Unidos muchos de los cargos se eligen por votación popular… Muchos, excepto la presidencia. Y esto ha sido motivo de discusión, sin embargo resulta muy complicado que pueda cambiarse sin una reforma constitucional.

Asimismo, las implicaciones de que gobierne alguien que no goza de la empatía de la gente son varias, pues si las personas no se ven representadas están sujetas a que las políticas sociales y económicas de un dignatario que no ganó el voto popular nacional no las favorezcan, generando disconformidad.

Por otra parte, es válido resaltar que, más allá de las políticas y la ideología, el no contar con la aprobación popular puede ser sinónimo de que no se cree en el liderazgo de determinado mandatario, y esto es muy probable que suceda cuando se están representando proyecciones y accionares que no benefician en lo absoluto a esas mayorías que fueron en contra.

Joe Biden es proyectado como nuevo presidente electo de los Estados Unidos por los medios de comunicación al superar los 270 votos electorales necesarios.

Pese a los numerosos intentos de eliminar la figura del Colegio Electoral en el Congreso, los intereses partidistas lo han impedido, aunque varias encuestas reflejan el deseo del pueblo norteamericano de que el nombramiento salga directamente de la opinión de los estadounidenses.

No es menos cierto que en los inicios de las elecciones presidenciales en Estados Unidos se hubiera hecho muy complicado que la determinación fuera por voto popular, debido a las condiciones infraestructurales y al contexto socio político. No obstante, han pasado centurias y pese a las demandas de cambio, parece que existen algunos vericuetos ocultos optando por mantener esta veta que muchos no dudan en calificar de antidemocrática.

https://qvaendirecto.com/2020/11/07/gano-biden-cuba-que/

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