Con el triunfo de la Revolución. Selectividad por origen nacional y actitud política

Con el triunfo de la Revolución en 1959 se modificaron los componentes migratorios tradicionales de Cuba, al cobrar un papel central los elementos políticos y económicos motivados por la propia evolución del proceso revolucionario. No debe obviarse que la Revolución Cubana triunfó en los años más candentes de la confrontación Este-Oeste, comúnmente conocida como Guerra Fría.

Este enfrentamiento impactó de manera directa en el conflicto bilateral que se iniciaría entre Estados Unidos y Cuba. La Mayor de las Antillas salía del área de influencia y control de la gran nación del norte. Esta dinámica internacional de componentes geopolíticos se manifestó en el fenómeno migratorio cubano, específicamente hacia Estados Unidos.

La política inmigratoria estadounidense ha variado a lo largo del tiempo y ha estado condicionada por factores de orden interno e internacional (Myers, 2004). La Guerra Fría, por su parte, dejó huellas en el tratamiento migratorio hacia los cubanos, al dar paso a la selectividad por origen nacional y posición política.

Ello derivó en una política inmigratoria preferencial que otorgaba la categoría de refugiado político a todo el que arribaba a los Estados Unidos, muy diferente a la codificada en la Convención de Ginebra de 1951. La creación del Centro para Refugiados Cubanos, la Operación Peter Pan y la Ley de Ajuste Cubano son pruebas fehacientes de la confrontación Este-Oeste y del conflicto bilateral.

A partir de este momento, el gobierno estadounidense integró la emigración a sus planes de desestabilización interna, aislamiento internacional y robo del capital humano de Cuba (Arboleya, 2004).

La relación entre los dos países se ha manifestado a través de “oleadas migratorias”. Estas se producen a partir del éxodo que se inicia en enero de 1959 y luego alcanzan niveles críticos en 1965 (apertura de Camarioca), en 1980 (salidas por el Mariel) y durante la llamada “crisis de los balseros” en 1994.

La Ley de Ajuste Cubano es prueba fehaciente de la confrontación Este-Oeste y del conflicto bilateral / Foto: Internet

Las oleadas migratorias

La primera oleada es la que se produce entre 1959 y 1962, cuando abandonaron el país personas relacionadas con el gobierno de Fulgencio Batista, sectores vinculados a las compañías norteamericanas, dueños de empresas, hacendados, latifundistas, ganaderos afectados por la Ley de Reforma Agraria y otras leyes de beneficio popular (Buajasán y Méndez, 2003), así como aquellos que sintieron temor hacia el movimiento que había tomado el poder en el país.

Se estima que en esta etapa arribaron a los Estados Unidos más de 270 000 cubanos, entre ellos miles de médicos, ingenieros, profesores y cuadros técnicos (Ramonet, 2006). Una parte considerable de estos emigrados conformaron diversas organizaciones derechistas en Estados Unidos, contrarias al proceso revolucionario en Cuba, y fueron la base del llamado exilio histórico.

La segunda oleada ocurrió entre 1965 y 1973. Entre sus causas estuvieron el rompimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países en 1961 y la interrupción de los vuelos directos después de la Crisis de Octubre, conocida también como Crisis de los Misiles. Dichos eventos representaron la modificación de la visión estadounidense sobre la temporalidad de la Revolución.

Este escenario generó la acumulación en Cuba de un potencial migratorio sin salida por medios legales, en su mayoría personas que tenían familiares en los Estados Unidos, por lo que las salidas en estos años se produjeron por terceros países como España y México; así como por vías ilegales que estuvieron acompañadas de actos violentos como el secuestro de aeronaves y embarcaciones que tenían como destino final territorio estadounidense.

Ante esta situación y en la búsqueda de una solución, el gobierno de Cuba autorizó que los emigrados cubanos vinieran a recoger a sus familiares en la Isla. Se habilitó el pequeño puerto de Boca de Camarioca en la provincia de Matanzas, por el que emigraron entre octubre y noviembre de 1965 alrededor de 2 700 personas.

Cubanos llegan a Key West, Florida, en 1965 desde Camarioca en Cuba / Foto: Oficina del Historiador de la Guardia Costera de EE. UU.

Estos sucesos condujeron a que en el mes de noviembre de ese mismo año se firmara el llamado Memorándum de Entendimiento, que se convirtió en el primer acuerdo entre los dos países con la intención de organizar de manera segura el flujo migratorio[1]. A raíz de las negociaciones antes mencionadas, se estableció un Puente Aéreo, conocido desde los Estados Unidos como “Vuelos de la Libertad,” que funcionó hasta 1973 cuando el presidente Richard Nixon decidió ponerle fin.

En los años que estuvo vigente el compromiso emigraron entre 250 000 y 302 000 cubanos, casi un 35% de los que salieron entre 1959 y 1991 (Masud, 1996; Cobas y Duany, 1995).

Las salidas que se produjeron a raíz de la crisis migratoria del Mariel en 1980 conformaron la tercera de las oleadas de cubanos hacia Estados Unidos. En 1979 Cuba había restablecido relaciones diplomáticas con algunos países latinoamericanos. Esto fue aprovechado por un grupo de cubanos interesados en recibir asilo político que penetraron de forma violenta en embajadas de países como Perú y Venezuela.

La respuesta del gobierno cubano fue eliminar toda restricción a los que quisieran emigrar y habilitó el puerto del Mariel. Por el puente marítimo creado viajaron a la Florida 125 000 cubanos y otros 5 000 rumbo a Perú y Panamá por vía aérea (Sorolla, 2008). En esta ocasión, el gobierno cubano exigió que, además de los familiares reclamados, también fueran trasladados en las embarcaciones otras personas que desearan marcharse del país.

La Crisis del Mariel, como también es conocida, marcó un antes y un después en la conformación socioclasista de la emigración cubana. A diferencia de las oleadas anteriores, los “marielitos” eran personas de origen humilde, formadas dentro del proceso revolucionario, con menos lazos familiares en el país de recepción y con motivaciones y prioridades diferentes.

La respuesta se hizo inmediata por parte de los emigrados cubanos en etapas anteriores; la calificación de “marielito” se convirtió en un término despectivo durante muchos años.

Como consecuencia de esta crisis, se desarrollaron conversaciones con el gobierno de Ronald Reagan que conllevaron a la firma del Acuerdo de Normalización de las Relaciones Migratorias de 1984. Entre los compromisos asumidos estaban que Estados Unidos otorgaría “hasta” 20 000 visas anuales y Cuba aceptaría recibir de vuelta a 2 746 ciudadanos cubanos que habían salido por el Puerto de Mariel considerados como “excluibles” por las leyes estadounidenses.

El flujo migratorio entre ambos países se interrumpió nuevamente entre los años 1986 y 1987 como consecuencia de la creación por el gobierno de Ronald Reagan de la emisora “Radio Martí”.

Pocos años después se produjo una nueva crisis migratoria hacia los Estados Unidos, conocida como la “crisis de los balseros de 1994”. Esta respondió al descenso de la economía cubana como resultado del colapso del Socialismo europeo y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Esta nueva etapa recibió el nombre de “Periodo Especial”.

Período Especial en Cuba / Foto: Internet

Para esos años Cuba perdió más del 85% de su comercio exterior, los índices productivos disminuyeron vertiginosamente, a lo que se unió el recrudecimiento del bloqueo por parte de los Estados Unidos con la aprobación en 1992 de la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton en 1996.

Ante las difíciles condiciones de vida de esos años la emigración fue considerada por parte de algunos sectores de la población cubana como una solución debido a la política migratoria preferencial establecida por los Estados Unidos. A esto se unió la considerable disminución del otorgamiento de las visas, que incumplía lo amparado en la letra de los acuerdos de 1984 que permitía “hasta 20 000 visas”.

En el “espíritu de su cumplimiento”, la cantidad de visas otorgadas fue cada vez menor año tras año con el objetivo de utilizar el potencial migratorio como un elemento de desestabilización política. En respuesta, el gobierno cubano tomó la decisión de abrir las fronteras marítimas para permitir la emigración de más de 36 000 personas que se lanzaron al mar en embarcaciones rústicas.

Sin embargo, más de 30 000 cubanos que llegaron por esta vía fueron concentrados en bases navales en Guantánamo y Panamá, por lo que no fueron considerados para el otorgamiento de asilo ni beneficiados con la Ley de Ajuste (Arboleya, 2013).

Esta crisis culminó con nuevos acuerdos migratorios en septiembre de 1994. Las medidas buscaban una migración entre los dos países de manera segura, legal y ordenada. Como parte de ellos, se pacta el otorgamiento de un mínimo de 20 000 visas anuales y se estableció un sorteo especial para Cuba, al margen del sorteo internacional, que daba la posibilidad de emigrar a Estados Unidos a diferentes sectores que no calificaban o no estaban en las prioridades para obtener visas.

Posteriormente, el 2 de mayo de 1995, se firmó la Declaración Conjunta para solucionar el problema de los balseros recluidos en la Base Naval de Guantánamo. Estos fueron entrando paulatinamente en Estados Unidos y, anualmente, representaban 5 000 de las 20 000 visas estipuladas en el Acuerdo.

Estados Unidos se comprometió a su vez a devolver a los “balseros” capturados en alta mar y Cuba, por su parte, los recibiría sin tomar medidas por el acto de salir del país ilegalmente. A partir de este momento, se establece la imagen de “pies secos y pies mojados”. Quien llegara y pisara territorio norteamericano, podía aplicar a la Ley de Ajuste, pero si era interceptado en el mar, debía ser devuelto a territorio cubano (Sorolla, 2008).

Los acuerdos migratorios de 1994 convirtieron la “crisis de los balseros” en la última gran oleada migratoria sucedida hasta el momento. Sin embargo, ello no significa que la migración irregular[2] hacia los Estados Unidos de América haya desaparecido ni tomado otras modalidades.

Esta manifestación de la migración cubana ha estado presente de una forma u otra y sus totales han variado en respuesta a los niveles de intensidad del conflicto entre la nación estadounidense y la Mayor de las Antillas. La intensidad del conflicto entre ambas naciones es una variable de peso en las diversas manifestaciones de la migración cubana, así como las políticas migratorias establecidas por estos.

Pero la crisis de los balseros en 1994 y la firma de los Acuerdos Migratorios entre ambos países en 1994 y 1995 crearon las condiciones para una nueva política de inmigración por parte de los Estados Unidos con respecto a los cubanos, que incidió en una diversificación de los flujos migratorios hacia otros destinos.


[1] Casi un año después de iniciado el puente aéreo, el 2 de noviembre del año 1966, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley especial para los cubanos dentro de la Ley de Inmigración, que en ese año había tenido ajustes importantes para evitar el flujo de otros inmigrantes. A esta ley se le llamó “Ley para Ajustar el Status de los Refugiados Cubanos a la de Residentes Permanentes Legales de Estados Unidos, y para otros fines”; fue firmada por el presidente Lyndon B. Johnson y es conocida también como Ley de Ajuste Cubano.


[2] Migración irregular: personas que se desplazan al margen de las normas de los Estados de envío, tránsito o recepción.


Referencias Bibliográficas

Arboleya, J. (2004): Cuba y Estados Unidos. Un debate desde ahora, Editorial Ciencias Sociales, La Habana.

Arboleya, J. (2013): Cuba y los cubanoamericanos, el fenómeno migratorio cubano, Editorial Casa de las Américas, La Habana.

Buajasán, J. y J. L. Méndez (2003): La República  de Miami, Editorial Ciencias Sociales, La Habana.

Ramonet, I. (2006): Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana.

Cobas, J. y J. Duany (1995): Los cubanos en Puerto Rico. Economía étnica e Identidad Cultural, Universidad de Puerto Rico, San Juan.

Masud, F. (1996): From Welcomed exiles to illegal immigrants. Cuban migration to the U.S., 1959-1995, Rowman & Littlefield Publishers, Oxford.

Myers, E. (2004): International Immigration Policy: A theorical and comparative Analysis, Palgrave Macmillan, New York.

Sorolla, I. (2008): Resumen del comportamiento histórico del tema migratorio en Cuba, Informe de Investigación inédito, Centro de Estudios de Migraciones Internacionales, Universidad de La Habana, La Habana.