De Cuba a EE.UU. Reflexiones sobre su Relación Migratoria (Parte III)

En los primeros años de la firma de los Acuerdos Migratorios, en los que EE.UU. se comprometía a otorgar un mínimo 20 000 visas anuales para favorecer una migración legal, ordenada y segura, la migración legal o documentada se producía con la posesión de la visa estadounidense y el correspondiente permiso de salida otorgado por las autoridades cubanas con predominio de la ruta aérea Habana-Miami.

Al mismo tiempo, se seguía produciendo de forma masiva desde el litoral norte una migración ilegal marítima por el Estrecho de la Florida en embarcaciones de disímiles tipos y características, pero la actividad de tráfico humano crecía con la incorporación de lanchas rápidas en sustitución de las tradicionales balsas de construcción casera para eludir la vigilancia de los Servicios de Guardacostas.

En ambos casos, la ruta migratoria con origen en Cuba consistía en un trayecto sin puntos de tránsito terrestre en algún país distinto del receptor y sin complicaciones para una tercera sociedad. Sin embargo, las nuevas formas de seguridad asumidas por EE.UU. tras el 11 de septiembre del 2001 llevaron a un aumento de las intercepciones de cubanos indocumentados en alta mar.

Guardia Costera de EE.UU. intercepta a balseros al suroeste de Cayo Hueso, Florida / Foto: EFE

Esto, unido al incumplimiento unilateral por parte de los Estados Unidos de los Acuerdos Migratorios de 1994-1995 en el otorgamiento de visas y la suspensión de las conversaciones migratorias con el gobierno de La Habana en 2004 –durante la administración de George W. Bush–, en conjunción con la tensa situación económico-social de la Isla[1] contribuyeron al atractivo mexicano en la modalidad de tránsito para la emigración cubana hacia los Estados Unidos (Ramonet, 2006; Martín, 2005).

La migración cubana comienza entonces a insertarse por su frecuencia y masividad en la utilización de territorios de tránsito para llegar a los Estados Unidos.

Estudios recientes[2] ilustran cómo la ruta terrestre mexicana se convirtió en la segunda vía para ingresar a los Estados Unidos después de la vía legal o documentada, al desplazar los ingresos ilegales por el Estrecho de la Florida. En opinión de las especialistas Gutiérrez (2012) y Sorolla (2013), el ingreso de cubanos por México tiene más importancia en la actualidad que las salidas por mar.

Esto no significa que la entrada a este país de ciudadanos cubanos desde su frontera sur sea un fenómeno inédito, ya que durante décadas esa característica había existido tanto para los que han arribado de manera legal y documentada como para balseros que tocaban costas mexicanas de manera accidental, pero en realidad sus números eran poco significativos.

Lo que distingue a esta fase de cruce fronterizo terrestre es que en las circunstancias actuales se ha convertido en una “nueva” modalidad de la migración cubana por su masividad, frecuencia y por la condición de haber ingresado a México tanto en condiciones de ilegalidad como documentada. Esta modalidad ha estado a su vez influenciada por la modificación de la política migratoria cubana, que pasó de ser defensiva a favorecer la movilidad.

Solicitantes de asilo cubanos esperan para cruzar a EE.UU. desde Ciudad Juárez, México/ Foto: The New York Times

Esta fue enunciada en el Decreto- Ley No. 302, que modificó aspectos medulares de la Ley de Migración de 1976. Según esta ley, los cubanos que viajan por asuntos particulares pueden permanecer en el exterior hasta un máximo de 24 meses y renovar su estancia mediante el trámite correspondiente en los consulados cubanos; a su vez mantienen todos sus derechos y propiedades (Arboleya, 2013). Son calificados como emigrados aquellos que superen dicha temporalidad sin ser autorizados o radiquen en el exterior sin cumplir las regulaciones migratorias vigentes.

Otra singularidad a destacar dentro de las manifestaciones de la migración cubana hacia Estados Unidos son los individuos convertidos en ciudadanos españoles al amparo de la Ley de Memoria Histórica, que viajaban a México con pasaporte español y luego en el cruce de fronteras se presentaban ante las autoridades estadounidenses con documentos probatorios de su nacionalidad cubana.

En un primer momento, su condición de ciudadano europeo y las facilidades de movimiento, entre las que se encuentra la excepción de visado para viajar a territorio mexicano, les garantizaban su entrada y posteriormente la utilización de su ciudadanía cubana para solicitar asilo en el cruce de fronteras hacia Estados Unidos. Las brechas legales existentes en las políticas, funcionamiento y tratamiento migratorio entre los países son aprovechadas en este caso por el migrante cubano para llegar a su destino.

La modalidad terrestre tomó mayor fuerza sobre todo entre 2012 y 2016 (Pew Research Center, 2016), evidenciada en cifras cada vez mayores en la conocida comúnmente como Ruta Sur. Esto significó una serie de desafíos económicos y sociopolíticos que incidieron en más de una nación al romper la tradicional triangulación migratoria: país emisor-migrante-país receptor.

Deben destacarse las modificaciones que tuvo que realizar el gobierno ecuatoriano para una mayor regulación de los trámites para los cubanos que deseaban viajar a su país. En un primer momento, la decisión del gobierno ecuatoriano de dejar de exigir visa de entrada a los ciudadanos cubanos a partir de la llegada de Rafael Correa en 2006 estimuló que el país se convirtiera en una nueva alternativa para los migrantes cubanos como país de tránsito en su camino hacia los Estados Unidos.

Migrantes cubanos en Ecuador / Foto: El Heraldo

Se adicionaron también cubanos residentes que ante el descenso de la economía –resultado de la caída de la exportación de materias primas y el petróleo de la nación ecuatoriana– decidieron emigrar por vías similares hacia Estados Unidos (Luna, 2016). México y Ecuador no han sido los únicos territorios para el tránsito. También se destacan, aunque en menor medida, Panamá, Colombia y Guyana, entre otros.

La fuerza que fue adquiriendo esta modalidad trajo consigo el fortalecimiento de redes de tráfico en las que los migrantes cubanos destacan por la particularidad de los medios con que cuentan para sufragar el trayecto, la existencia de una política inmigratoria estadounidense como incentivo que los preferenciaba por encima del resto de la población migrante que circula por la Ruta Sur amparados por la política de Pies Secos-Pies Mojados[3], según la cual todo cubano que pise tierra estadounidense tiene derecho a pedir asilo, no es deportable y aplica a la Ley de Ajuste Cubano.

Buena parte de la financiación de este proyecto estriba en la venta de propiedades de los propios individuos. Estos ingresos se convierten en lo que se podría nombrar como capital migratorio. Este su utiliza en el pago de trámites para calificar ante las regulaciones migratorias establecidas por más de una nación para el otorgamiento de la visa, entiéndase cuenta bancaria, alguna propiedad económicamente considerable y presupuesto para el viaje y estancia, así como para el pago a los traficantes de migrantes.

Migrantes cubanos en la selva de Darién, Panamá/ Foto: DPA

De ahí que, para los cubanos, la ruta migratoria del Sur tenga fases de legalidad e ilegalidad en su trayecto, en dependencia del punto de partida y las acciones posteriores. Para Cuba, salen de manera legal, con toda su documentación de estancia temporal y arriban legalmente al país de tránsito; la ilegalidad se inicia en el no retorno y en el cruce de fronteras hacia otra nación sin poseer la documentación requerida.

En dependencia del país de tránsito inicialmente elegido, el cruce de fronteras para llegar a los Estados Unidos puede involucrar de 5 a 8 naciones latinoamericanas. A esto se agregó la nueva fase de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, que repercute en las estrategias y prácticas migratorias utilizadas por los cubanos en la actualidad.

La incorporación e incremento de los cubanos a la Ruta Sur generaron conflictos en las naciones de tránsito y de carácter multilateral en sus relaciones internacionales con sus vecinos fronterizos, el país de origen de los emigrados y el país de destino al que se dirigen.


[1] Motivada por el recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos a Cuba en durante la presidencia de George W. Bush

[2] Esta ruta migratoria utilizada por los cubanos es también analizada por Ernesto Domínguez López, Landy Machado Cajide y Dalia González Delgado en su artículo: Nueva inmigración y comunidad cubana en los Estados Unidos en los Albores del Siglo XXI; en Migraciones Internacionales [online] 2016, Vol. 8, n.o4 pp.105-136.

[3] La Política de Pies Secos-Pies Mojados fue derogada por la administración de Barack Obama el 12 de enero de 2017. Si bien eliminó un paso importante en el tratamiento migratorio preferencial hacia los cubanos, aún continua vigente la Ley de Ajuste Cubano.


Referencias Bibliográficas

Arboleya, J. (2013): Cuba y los cubanoamericanos, el fenómeno migratorio cubano, Editorial Casa de las Américas, La Habana.

Ramonet, I. (2006): Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana.

Gutiérrez, I. (2012): “Las diferencias entre las generaciones de cubanos al sur de la Florida”, Informe de Investigación (inédito), Centro de Estudios de Migraciones Internacionales, Universidad de La Habana, Cuba.

Luna, K. (2016): Growing Numbers of Cuban Migrants in the United States, ˂http://cis.org/Growing-Numbers-of-Cuban-Migrants-in-the-United-States˃ [23 de diciembre  de 2016].

Martín, M. (2005): “La emigración ilegal por “la ruta del sur”: balseros en México”, Informe de Investigación (inédito), Centro de Estudios de Migraciones Internacionales, Universidad de La Habana, Cuba.

Pew Research Center (2016): Surge in Cuban immigration to U.S. continues into 2016, ˂http://www.pewresearch.org/fact-tank/2016/08/05/cuban-immigration-to-u-s-surges-as-relations-warm/˃ [23 de diciembre  de 2016].

Sorolla, I. (2013): “Reconfiguración del patrón migratorio externo cubano en el período 2000-2010”, en Anuario CEMI, Centro de Estudios de Migraciones Internacionales, Universidad de La Habana, pp. 1-34.

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