Desde marzo pasado comenzó en todo el país el curso escolar en la Educación Superior, pero a tono con lo convulso de estos tiempos, fue totalmente diferente. No existieron fotos en las escalinatas, ni el entusiasmo por volver a ver a los compañeros.
La pandemia de COVID-19, como a casi todo los procesos de la vida cotidiana, también ha trastocado ese vínculo estudiante-profesor-aula, que con la presencialidad tiene un toque especial, pero con la virtualidad se vuelve algo frío el intercambio.
Definitivamente son muchas las potencialidades de esta forma de enseñanza y aprendizaje. Pero; ¿Estaremos listos en Cuba para llevar a cabalidad y feliz término todo un curso escolar?, ¿Se explotan lo suficiente las posibilidades que brindan las clases virtuales? Sobre estas y otras interrogantes estuvo indagando Qva en Directo.
El principal paso para poder iniciar el curso escolar era que los universitarios pudiesen llegar a los contenidos a través de los datos móviles, este tema quedó solucionado cuando se decidió que el acceso a los sitios web de las universidades no generara gasto. Resultan muy disímiles las experiencias de cada usuario, sobre todo en la funcionalidad de las plataformas donde reciben los contenidos, así como en la calidad de estos.

Conectividad vs. Viabilidad

Marcos Rodríguez López, estudiante de 4to año de Ingeniería Informática en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (o CUJAE como popularmente se conoce) cuenta que él y sus compañeros reciben las informaciones a través de una nube virtual donde cada semana se suben los contenidos a estudiar y evaluar por asignatura. Él, cursa la modalidad de curso por encuentro y considera esta alternativa muy viable sobretodo en los tiempos que estamos viviendo, porque es una forma más de enseñanza, y muy adecuada para evitar la propagación de la epidemia, aunque admite que lleva un esfuerzo mucho más grande de parte de cada estudiante.
En contraparte con esta opinión se encuentra la de Evelio de la Sota Ravelo, estudiante de tercer año de Diseño de Comunicación Visual en el Instituto Superior de Diseño (ISDI), quien cuenta que accede a través de la aplicación EVEA de la Universidad de la Habana. En su sentir, este modo de enseñanza no es muy viable para su carrera que “necesita la presencialidad por el estilo de conferencias, regularidad de consultas e interacción con el profesor”.
Bily, como lo conocen sus amigos, añade que en su facultad sólo se están impartiendo las asignaturas que no remitan a la principal (diseño). Esto significa que aunque estén avanzando en otros contenidos queda un gran vacío en la asignatura base y fundamental.

También, desde la plataforma EVEA se conecta, Elena Godinez Dalmau estudiante de quinto año de periodismo en La Universidad de la Habana. En cuanto a la viabilidad de las clases online, considera que no lo son del todo, porque se pierde el intercambio en el aula que posibilita esclarecer dudas, proceso indispensable para cumplir con los objetivos de la asignatura. Igualmente, opina que, “al ser nueva experiencia los profes se han tenido que adaptar también y muchas veces los propios alumnos no estamos contentos con los métodos adoptados para que la asignatura pase a una modalidad online y esto nos desilusiona un poco”.
Desde la Universidad de Camagüey, Haniel Valdés Velázquez otro futuro periodista nos cuenta que en su casa de altos estudios cuentan con una plataforma para clases virtuales, que empleaban desde antes de la pandemia. Explica también que resulta muy beneficioso usarla porque mantiene a los estudiantes cerca de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, y potencia la utilización de estas en la vida profesional. Aunque aclara que actualmente el intercambio con sus profesores se desarrolla, fundamentalmente, a través de mensajes de textos por Whatsapp.
Califica las clases virtuales como algo muy positivo porque mantiene a los estudiantes activos desde casa y permite, que a pesar del aislamiento, no se desvinculen de los estudios.
Para Margarita Montes de Oca Carmenaty, ha sido un poco más difícil el proceso, porque además de recibir sus clases online, también se enfrenta a la pandemia de Covid-19. Ella cursa quinto año en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, y se conecta al aula virtual de su facultad. Piensa que esta modalidad tiene beneficios para los contenidos teóricos. Sin embargo, la carrera de medicina ´´demanda mucha práctica que necesariamente necesito ir al hospital para aprender´´.
También en sintonía con este criterio está el de Liliam Alfonso Palacio, que actualmente realiza su ejercicio de culminación de estudio en Diseño escenográfico, del Instituto Superior de Arte. En su opinión, no es para nada viable. En especial porque la infraestructura para realizar este proceso, exitosamente, no está creada en Cuba.

Ya estamos online. ¿Y el aprendizaje?

La mayoría de los entrevistados por Qva en directo califican de regular el proceso de aprendizaje. Quizás estas valoraciones también estén determinadas por la novedad, y que ahora casi todo, queda en manos de los estudiantes y en su capacidad de autoestudio.
Marcos explica que es mucho más complejo a la hora de estudiar porque no tienes al profesor delante para aclararte las dudas directamente, aunque en su criterio, mediante las posibilidades de intercambio personal entre cada alumno y profesor estas se pueden subsanar. Amplía además que lo ve muy provechoso porque ” tenemos evaluaciones semanales que se entregan cada domingo y aunque al principio uno lo ve un poco cargado después te das cuenta de que te sirve de mucho porque te obliga de alguna manera a estudiar todas las semanas”,
Para Billy, el no estar recibiendo las asignaturas base de su carrera es muy frustrante. Igualmente cree que la interfaz de la plataforma a la que se conecta, es muy deficiente y poco intuitiva, lo que provoca que sea muy simple el intercambio profesor-alumno. Comenta que en su mayoría, las clases se resumen a leer una conferencia y que muchas veces no entienden mucho.


El camagüeyano, Haniel explica que en su caso el sistema de evaluación varía con respecto a asignaturas, profesores etc. Pero permite que estudiantes y profesores tengan un medidor para conocer qué tan eficaces son los estudios. “Pudieran cambiar algunas cosas pero se ha ido trabajando y flexibilizando sobre la marcha, ya que es una experiencia nueva”, argumenta.
Y la igualmente periodista, Elena considera el proceso de aprendizaje como positivo, a pesar de contratiempos. Explica que se han adaptado -en lo posible- a nuevas vías para recibir las clases y la disposición de profesores y alumnos para asumir este reto, hasta el momento, ha sido buena.
En opinión de Margarita, aunque no van a perder el curso, todavía quedan muchas cosas por perfeccionar, de ahí que califique el proceso de aprendizaje como regular.

¿Y en el futuro?

Estos son solos algunas de las experiencias que pudiesen estar teniendo los universitarios cubanos, para cada uno la práctica puede ser muy pésima o buena. Pero, definitivamente coinciden en que aún quedan mucho por perfeccionar, tanto en infraestructura como en maneras de actuar, parar explotar las potencialidades de las clases virtuales, o para reconfigurar los modos actuales de enseñanza.
También existe una gran verdad que es innegable, las clases virtuales pueden representar para nuestro país una gran ventaja, si se utilizan conscientemente todas las posibilidades que brinda. Nuestra entrevista, Margarita cree que se deberían aprovechar más las redes sociales, hacer conferencias en vivo donde los estudiantes pueden ir poniendo sus preguntas para que podamos interactuar con los profesores. En su opinión, y caso particular, plantea que las redes sociales no se han explotado como deberían.
Para Lilian, que en buen cubano ha pasado tremendo trabajo para hacer su tesis desde la virtualidad, cree que sí las clases virtuales “se realizan de forma correcta pueden ayudar al flujo de información y a obtener el contenido de forma más rápida”, aspecto que en su opinión no se ha logrado.
Entre nuestros entrevistados, el futuro ingeniero Marcos opina que es un avance más en esta era tecnológica que estamos viviendo en nuestro país, que garantiza otra forma de estudios para aquellos que no tienen la posibilidad de asistir a las universidades por diversos motivos.
En cuanto al contexto particular cubano, Elena cree que llegamos tarde a esta educación virtual y que de ahora en lo adelante sabremos sus ventajas y desventajas para mejorar cada proceso. “Cuando la pandemia termine y volvamos a lo normalidad, espero que la modalidad online no se elimine y que se siga trabajando en mejorarla a pesar de que estemos presencialmente en las aulas”, manifiesta esta estudiante de la Facultad de Comunicación.

Menciona, además entre los aspectos positivos, la posibilidad de trabajar de forma organizada en la entrega de trabajos, lo posibilidad de descargar desde casa la bibliografía y consultarla cómodamente. “Ha servido para tener una mejor comunicación con mis compañeros de aula, porque quizás de forma presencial no nos poníamos muy de acuerdo, y ahora somos más flexibles”, explica.
Definitivamente, aún a los profes les queda buscar maneras más creativas, para desde la virtualidad, llegar a sus estudiantes, y a ellos les queda comprender que esta, aunque diferente, también resulta un importante modo de enseñanza y que ha dado muy buenos resultados en otros países. Solo nos queda ir adaptando a la realidad y contexto cubano, estas muevas herramientas.
Aunque todavía quedan preguntas importantes y fundamentales sobre el tapete, porque tendrán todos los universitarios un teléfono móvil y con las prestaciones necesarias para conectarse a la red móvil de Cuba; o que pasa con los estudiantes que viven en zonas sin cobertura telefónica. Estos son temas de infraestructura, imprescindibles, a tener en cuenta sí queremos que la virtualidad sea tan efectiva como la presencialidad.