DEL VIACRUCIS DE JOSÉ MACEO

“El trayecto del general José Maceo durante los ocho días que sobrevivió aislado en la manigua de Baracoa, entre el 10 y el 18 de abril de 1895, fue uno de los más complejos y confusos de todos los que realizaron los 23 expedicionarios de la goleta Honor, quienes desembarcaron en Duaba el 1 de abril de 1895”, afirmó el investigador Hugo Crombet Bravo, nieto del general Flor Crombet y autor del libro La expedición del Honor.

El especialista, coronel del Ministerio del Interior jubilado, basó su criterio en que tras el suceso de Alto de Palmarito, donde cayeron en combate Crombet y Joaquín Sánchez (Peñaló), y fueron capturados Tomás Julio Sainz, Isidoro Noriega y Juan Fustiel, José demostró su habilidad en cuestiones de resistencia. Se tiró por un barranco y pudo escapar de los Indios de Yateras, entrenados por el ejército español para perseguir a los cubanos.

José Maceo asumió un recorrido solitario por la región montañosa con difíciles condiciones de vida. (Foto tomada del libro La expedición del Honor, de Hugo Crombet Bravo)

Desde ese momento, el mambí atravesó una zona casi despoblada. Sin embargo, encontró dos bohíos, que cambiaron su destino porque sus habitantes le aseguraron la vida y lo ayudaron a sumarse a la epopeya de 1895.

Al decir de Manuel Ferrer Cuevas, capitán del Ejército Libertador, en su libro José Maceo, el León de Oriente, después de dos jornadas de “penosa marcha”, el día 13, el cubano llegó a un bohío ubicado en el poblado Guayabal de Yateras. Allí, se acercó con prudencia,  encontró a una mujer patriota que lo identificó como revolucionario y lo acogió para que descansara y comiera.

El enigma de la Samaritana

De repente, el General escuchó disparos de un enfrentamiento entre sus compañeros y los Indios de Yateras; tuvo ganas, pero no fuerzas, para salir a combatir. “En eso se oyen las voces; eran los guerrilleros (enemigos) que llegaban al poblado, la señora lo encierra en el aposento y desde allí oye los chistes de estos cuando enseñaban los objetos que nos habían quitado”, añadió Ferrer Cuevas en el texto.

Aún los criterios de los investigadores sobre quién fue la mujer que ayudó a José no concuerdan. Algunos, como José Sánchez Guerra, historiador de Guantánamo, afirman que se trata de Juana Francisca Limonta. Pero otros aseguran que fue Cristina Pérez Pérez, espiritista y organizadora del Regimiento Hatuey, compuesto por los mismos indios que, por esos días, perseguían a las fuerzas cubanas.

Durante su viacrucis, tuvo el primer contacto con una mujer que vivía en el poblado Guayabal de Yateras, el 13 de abril de 1895. (Fotograma de la serie Duaba, la Odisea del Honor).

Por otra parte, al continuar su viaje con hambre y sed por Alto del Pinar, José Marcelino demostró su puntería y astucia al protagonizar el hecho de la paloma que se comió cruda, como destaca la serie televisiva Duaba, la Odisea del Honor.

Dos días más tarde, el 17 de abril, cuando había caminado más de 40 leguas -con los pies ensangrentados-, descubrió “una casa de aspecto pobre, situada al fondo de una estancia”. Según las palabras de Máximo Gómez en La odisea del general José Maceo, el insurrecto santiaguero llegaba a la vivienda de Juan Alpasón.

Por quitarse las botas

Eduardo Vázquez, historiador y guionista de la serie Duaba, la Odisea del Honor, refirió que este hombre se subordinó a José durante la Guerra Chiquita y, aunque no se reconocieron, el campesino lo ayudó a encontrar a sus compañeros. El León de Oriente hizo bien en dejar las botas en casa de Alpasón porque fueron reconocidas por los hombres de Periquito Pérez y agilizaron su reincorporación a los mambises.

En la casa de Juan Alpasón, ubicada tras el entronque de los ríos Cerrajón (al fondo) y Santa Catalina (al frente), pasó la última noche de los ocho días en que estuvo perdido. (Foto tomada del libro La expedición del Honor, de Hugo Crombet Bravo).

A más de un siglo de los sucesos, existe una placa descriptiva en la antigua casa de Juan, pero el bohío del primer contacto, con la mujer que le salvó la vida, aún no está señalizado.

“El hecho de estar perdido, hambriento, lesionado y no tener guías por aquella selva hizo que el trayecto de José fuera una verdadera odisea. Al desconocer detalles del itinerario, solo indiqué el sentido de su ruta en algunos puntos del mapa”, sostuvo Hugo Crombet.

Hugo Crombet Bravo, investigador de la expedición de la goleta Honor, consideró que el general José dio muestras de su fortaleza e integridad física en medio de la odisea que le tocó vivir. (Foto de Bismark Claro Brito)

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