Desde casa: tu economía

¿A cuántas personas mayores ha beneficiado el reordenamiento monetario? Más de un millón 700 mil cubanos en general han sido favorecidos por la Seguridad Social. Pero, ¿aun así les es suficiente? Depende de cada situación familiar. No es posible comparar la situación económica de un hogar donde por lo menos hay alguien más que aporte monetariamente, con una casa donde el adulto mayor viva solo, jubilado y dependa únicamente de su chequera; ¿ahí le alcanzará? Maira Núñez se encuentra en esta circunstancia.

Después de trabajar más de 11 años en educación primaria y otros tantos en variados oficios, al jubilarse Maira decidió ser ama de casa. Desde entonces vive sola. No obstante, tiene dos hijos adultos, uno en los Estados Unidos, quien desde hace tiempo ya no le envía dinero por discordias entre ellos, y el otro vive en Cuba, está casado y tiene dos hijos, que de vez en cuando la ayuda monetariamente.

Con este escenario, la chequera de ella antes del reordenamiento monetario era de 150 pesos, dinero con el que podía hacer menos que ahora. Sin embargo, ella encontraba la manera de “ganarse unos pesitos” a través de arreglos de uñas, repostería casera, limpieza de casa, cuidado de niños y de ancianos, o como ella dice, «lo que viniera».

Maira Núñez organiza su dinero en una libreta para poder llegar a final de mes.

Después del ordenamiento cambió todo y no solo por las nuevas cifras, sino porque la COVID-19 y el confinamiento continúan. «En esta nueva situación tuve que dejar esos trabajitos, además me achacan varios problemas de enfermedad crónicos y pasajeros. Entonces simplemente estoy en casa y vivo con mi chequera», comentó Maira.

Ella padece de Diabetes, hipertensión emotiva, “la cervical” y problemas nerviosos, sin obviar una reciente tendinitis en la mano derecha. De todos estos «achaques» solo uno tiene tratamiento con medicamentos fijo, los nervios (con amitrictilina y teoridacina o clonazepam). Pero todos conocemos los nuevos precios y el déficit de medicamentos, ¿no?

A principio de cada año renuevo el certificado con mi doctora y lo llevo a Bienestar Social, donde me hacen rebaja de estos medicamentos y me pagan la chequera, ahora de 1260 pesos.

Con estas nuevas cifras pareciera suficiente para satisfacer todas sus necesidades. Sí, con ella compra la canasta básica, su dieta en la carnicería y «si llego, algunas cosas de la tienda como champú». Sin embargo, «cuando llegan los huevos y el pollo a final de mes, ya no tengo dinero; entonces le pido a mi hijo que me ayude con eso. No obstante, yo trato de pedirle lo menos posible, a pesar de sus intentos constantes de apoyarme, porque tiene a una familia grande que atender».

Maira hace sus apuntes en una libreta, se organiza, contabiliza sus necesidades y las de la casa para que, al final de mes, logre alcanzar todo; pero esto no es suficiente. Ella agradece que hayan aumentado los salarios, las chequeras y pensiones, pero fundamenta que los precios han subido desmedidamente; y la cuenta, aunque en otra proporción, sigue sin dar para algunas personas.

A todas estas Maira es feliz, disfruta a sus nietos y familia. Se le ve los días primero sacar la libreta del escaparate y tomar el lápiz de la repisa; donde a través de la calculadora del teléfono y su agilidad, loga organizar las cuentas de la casa, su casa.

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