Infinitas prendas se acumulan en un vertedero clandestino en el desierto de Atacama, al norte de Chile. Una muestra de cómo el consumo desmedido contamina el planeta Tierra.

No se trata de unas pocas prendas. Son montañas de ropa de segunda mano, traídas desde Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia, para la reventa. Acabaron en este vertedero al aire libre emitiendo gases tóxicos mientras se descomponen. Un auténtico símbolo de consumismo extremo.

“Esta ropa llega de todo el mundo”, explica a la AFP Alex Carreño, ex trabajador de la zona de importación del puerto de Iquique. Chile es el primer importador de ropa usada en América Latina, y al menos 39.000 toneladas terminan como basura en Atacama.

Sin embargo, a ese lugar repleto de ropa, carteras y zapatos que otros no quieren, llegan cada día decenas de personas en búsqueda de prendas para vestir o revender para ganarse la vida.

Los desechos crecen a medida que unas 59.000 toneladas anuales entran por la zona franca del puerto de Iquique, a 1.800 km de Santiago, Chile.

Según un estudio de la ONU en 2019, la producción de ropa en el mundo se duplicó entre 2000 y 2014, lo que ha dejado en evidencia que se trata de una industria “responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global”.