Disfuncionalidad familiar: un trampolín hacia las adicciones

Motivados por la curiosidad, inexperiencia, por buscar una salida a los cuestionamientos que conlleva la etapa, o por una mezcla de todo lo anterior, los adolescentes son presa fácil, debido a su desconocimiento y a la falta de control por parte de sus padres o familiares cercanos.
La adolescencia constituye la etapa de transición; el período del ciclo de crecimiento el cual marca el final de la niñez y anticipa la adultez. A su vez, deviene un momento de incertidumbre e inclusive de desesperación, de rebeldía contra el status quo de la familia, y de sueños acerca del futuro. Estas características típicas de ese grupo etario, se tornan puntos vitales del individuo, quien se encuentra vulnerable a ser abatido por las adicciones.

Dilemas de la adicción

Algunos creen que estas sustancias les ayudarán a pensar mejor, a ser más populares, a mantenerse más activos. Quieren estar a tono dentro de un grupo, o buscan el escape de sus problemas por medio de las drogas. Otros sienten curiosidad y creen que probarlas no les hará daño.
Según concluye Ricardo González Méndez en su libro Misión: rescate del adicto. Guía para la relación de ayuda con toxicómanos: «Es posible que la predisposición genética influya en la decisión de iniciarse como consumidor de drogas, pero el medio social en el cual se desenvuelve el adolescente pudiera ser un factor decisivo que provoque el acceso de la droga al cerebro, al cual no abandonará jamás, afectándole en el funcionamiento de sus esferas: biológica, psicológica, social y espiritual, al darle lugar al estilo de vida del adicto».
En las últimas décadas se ha incrementado el uso y abuso de drogas como el alcohol, el cannabis, la cocaína y el crack. En Europa prevalece: el tabaquismo, el alcoholismo y la utilización de fármacos; incluso se ha reportado como un elevado por ciento de jóvenes consumen derivados del cannabis y otras sustancias psicoactivas como el alcohol y la cocaína.
Si se le agrega a todo ello la influencia, tanto desde el punto de vista positivo como negativo, de la familia en el acceso del adolescente a este mundo, resulta sencillo percatarse cómo los factores de riesgo aumentan y el camino para adentrarse en las adicciones se vislumbra como la mejor vía. En gran medida, los sujetos con mayores posibilidades de convertirse en pacientes adictos pertenecen a núcleos familiares disfuncionales.

Los individuos de familias disfuncionales son quienes tienen más riesgo de convertirse en adictos


Como apuntan Karin Monshouwer, Annelies Kepper, Saskia van Dorsselaer y Wilma Volleberg en su artículo investigativo Substance use by adolescents in special education and residential youth care institutions, los factores familiares influyen en el futuro adictivo del adolescente; y llegan a señalarse como los principales los siguientes: la ausencia de normas familiares sobre el uso de drogas, los conflictos entre los padres y el adolescente y el consumo de alcohol por parte del padre.
El adolescente que convive con los problemas de una familia disfuncional, y a su vez transita por la etapa más compleja de su vida, es una presa fácil y asequible para caer en la espiral de las adicciones. En este instante es cuando mayor apoyo familiar necesita el individuo, en el que la comunicación se establece como categoría elemental para elevar la autoestima, en la mayor parte de los casos muy baja.

Consumo de drogas en adolescentes: factor de riesgo de una familia disfuncional

En el contexto familiar, las actitudes favorables hacia el consumo de drogas legales, el maltrato y la violencia doméstica, la comunicación deficiente y la inconsistencia afectiva, dañan la salud y el bienestar de los adolescentes y favorecen que estos incorporen a su estilo de vida, el uso de sustancias psicoactivas.
Diversos estudios indican que las buenas relaciones entre padres e hijos resulta un factor protector frente al consumo de drogas. En cambio, las relaciones deficientes entre estos aumentan la posibilidad de que el adolescente experimente con alguna.
Como señala Octavio Gárciga Ortega en su volumen Estilo de Vida Saludable, dentro de las propias familias disfuncionales se desarrollan factores de riesgo. Entre estos, se encuentran los problemas de manejo de la familia que se manifiestan por estrategias inadecuadas, incluyendo carencia de expectativas por la conducta, fracaso de los padres en controlar a sus hijos y aplicar castigos severos o inconsistentes.
Asimismo, el uso de narcóticos por parte de los padres y las actitudes positivas hacia su consumo constituye otro factor. En las familias en las que los padres utilizan abusivamente alcohol o drogas ilegales, son tolerantes a la adicción de sus hijos o los implican en su propia conducta de consumo.

«La pobre supervisión familiar que no vela por la seguridad y adecuada educación de los adolescentes, muchas veces los padres delegan la educación y vigilancia de los hijos alegando a que tienen mucho trabajo. La indisciplina que muchas veces no es controlada. Los conflictos en el hogar, ya sean por convivencia en condiciones de hacinamiento o por estilos de vida que han favorecido al adolescente a dejarlo actuar como se le antoje. La historia familiar de conducta antisocial favorece a que sean transmitidas a través de las generaciones actitudes parentales propicias a la conducta antisocial y al uso de drogas, constituyen otros factores de riesgo», alerta Francis J. White en su artículo A Behavioral/Systems Approach to the Neuroscience of Drug Addiction.

Al final, las relaciones familiares se establecen como un factor de riesgo adictivo primordial para la adolescencia. El consumo de narcóticos se encuentra en consonancia con las actitudes de los padres hacia las mismas y hacia los adolescentes.
El bienestar emocional, la calidad de vida y el riesgo adictivo de los chicos que transitan por este período etario estarán determinados, en mayor o menor medida, por los factores de maltrato, violencia doméstica, la comunicación deficiente y la ausencia de afecto.
Las drogas alejan al consumidor de lo grande que puede llegar a ser y del camino que le queda por recorrer. Tanto la terapia familiar, la psicopedagogía y los centros de rehabilitación ofrecen herramientas para saber cómo actuar con los adolescentes en situaciones de adicción. El uso de sustancias nos lleva al fondo del precipicio, pero siempre hay camino de vuelta.

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