El cuento que nos hace Keiko

Pedro Castillo, tras correr prácticamente oculto hasta el último instante en «el pelotón» y protagonizar una escapada sorpresa para llevarse «la meta» al cierre de la primera vuelta de las presidenciales del Perú, ha ganado por ajustadísimo margen la segunda, tras un proceso de consolidación de su figura en todos los sentidos, que le valió el amor-odio de un país –los resultados electorales hablan por sí solos– completamente polarizado.

El profesor Castillo ha ganado, «gritan» las urnas y las felicitaciones llegan desde los rincones de la decencia latinoamericana. Felicita Evo, felicita Dilma, felicita Alberto, felicita Rafael…

Sin embargo, la «brigada de respuesta rápida» de la ultraderecha continental no se ha quedado atrás, y unos cuantos, encabezados por nombres tan singulares como Álvaro Uribe, Mauricio Macri o Felipe Calderón, corren al rescate de la «vieja» Keiko y emiten una «Declaración sobre las elecciones…» en la que lo ponen, siempre «desde el respeto», todo en duda.

Por algún extraño motivo, han sentido la necesidad de terminar la misiva resaltando que «es auténtica». Recovecos del derecho liberal burgués, imagino…

«Nuestra» Keiko no ha sido menos y, cumpliendo los pronósticos más «ultrapronosticados», no ha reconocido la derrota y ha dejado ir –su perfil de Twitter es una «mina»– joyas repulidas como las que siguen:

«El Perú es un nuevo epicentro de confrontación: confrontación entre el comunismo y una economía libre; entre el control de la prensa y la libertad de expresión».

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«Esta segunda vuelta no es solamente entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, sino que estamos enfrentando también al partido político, como además ellos se denominan, marxista-leninista Perú Libre. El destino ha querido que el fujimorismo, que hace 30 años detuvo el avance de Sendero Luminoso, hoy represente a todos los peruanos en el intento de que Perú no se convierta en Venezuela».

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«Esto no se trata de mí, se trata de que Perú es un país, estratégicamente, geopolíticamente hablando, fundamental en Latinoamérica. Es por eso este intento de la izquierda internacional, [que a] como dé lugar y con todas estas manipulaciones que hemos visto en mesa [electoral], quiere tratar de torcer la voluntad popular».

Nada nuevo bajo el sol. En otras –y pocas– palabras, la derecha sigue diciendo: «Yo soy la única opción para que yo misma no destruya el país. Conmigo a todas. Sin mí a nada».

Bienvenidos, bienvenidas, bienvenides… a lo que se autoproclama y defiende como «democracia».

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