El Decreto-Ley de los sin voz (II)

Animales, entretenimiento y novedad
Artículo 42.1. Se consideran animales utilizados en deportes, entretenimiento y exhibición, a los efectos del presente Decreto-Ley y su Reglamento, los que se emplean en diferentes modalidades deportivas aprobadas por el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación, que se presentan para destacar la excelencia de su entrenamiento o cría y los que se exponen para el disfrute del público.

Los fines descritos en el apartado anterior pueden desarrollarse en centros deportivos, circos, acuarios, zoológicos, rodeos, exhibiciones, la caza, filmaciones de materiales audiovisuales u otros similares.

Sobre este aspecto, la animalista Adriana Bárbara García explicó:

«El uso de animales en circos es inadmisible: aún en las mejores condiciones, los animales están confinados en jaulas que no les permiten la expresión de su comportamiento natural (violación de una de las cinco libertades del bienestar animal); por ello, la tendencia mundial es que los circos no tengan animales como parte de sus números y estos se basen únicamente en el talento de sus artistas (ejemplo de ello es el Circo del Sol, de Canadá).

En los acuarios muchas veces los animales sufren problemas fisiológicos derivados de su confinamiento en tanques sin la necesaria profundidad y espacio para su libertad de movimientos; por ejemplo, este es el caso de las orcas, cuya aleta dorsal se curva debido a la pérdida de tensión muscular porque la presión del agua sobre esos tejidos no es la misma en un tanque de acuario que en el mar.

Los zoológicos tal como están concebidos la mayoría en el país, no reproducen las condiciones de vida de los animales exhibidos en semilibertad. El único con esas condiciones es el Zoológico Nacional, en La Habana; en el resto, los animales están confinados en jaulas o espacios reducidos donde no pueden expresar su comportamiento natural como especie.

El rodeo es maltrato animal en sí mismo, por cómo se desarrolla y en la visión que forma en los espectadores y participantes del animal como algo a someter y dominar. La caza no es deporte, es maltrato animal, matanza injustificada y absurda para cobrar “trofeos”.

En lugar de permitir estas formas de maltrato animal, se debería estimular que los circos basen sus presentaciones únicamente en el talento de sus artistas; que en los acuarios y zoológicos se reproduzcan las condiciones naturales de vida de los animales y aquellos cuyas condiciones naturales de vida no puedan ser reproducidas no sean adquiridos. En lugar del rodeo, se debería promover el trato correcto a los animales de trabajo y cría como parte de la cultura campesina; y en lugar de fomentar la caza como falso deporte, fomentar la observación, fotografía y filmación de animales en su medio natural como vías para preservar nuestra fauna y darla a conocer, a la par que educar a la población y visitantes extranjeros en su cuidado y disfrute sano».

Roberto Ramón lo dejó mucho más claro: «los animales nunca serán un entretenimiento». Tal vez, la realidad sea otra; los seres humanos nos adaptamos a reírnos del otro, a mirar al otro, a creer que pensamos por el otro. Cuando, en una jaula vacía de naturaleza y repleta de órdenes y tiempo muerto, descansa sobre una roca un animal que jamás conoció su entorno o, peor, uno que lo conoció y ya no recuerda de dónde vino.

Ganancias a costa de un animal

Artículo 59.1. Las personas naturales o jurídicas que se dediquen a la comercialización de animales vivos, deben poseer las licencias o autorizaciones correspondientes, conforme a lo establecido en la legislación vigente y cumplir con las disposiciones del presente Decreto-Ley y su Reglamento.


«Cuando se comercia con animales vivos, se les cosifica, se les pone en la categoría de mercancía, y por tanto de objetos usables y desechables. La figura del comerciante de animales de compañía por cuenta propia nunca se debió autorizar, fue un error garrafal, como no lo es menos que el Estado también lo haga en la persona jurídica de alguna empresa.

La mayoría de los animales de compañía de raza abandonados en las calles cubanas, han sido explotados hasta el agotamiento por personas inescrupulosas que, cuando consideran que “no sirven para nada”, los echan a la calle; igualmente sucede con los cachorros comprados: muchos crecen y ya “no gustan” o “molestan” a los dueños, que optan por el abandono», sentenció la animalista avileña Adriana Bárbara García.

Existen riesgos con el comercio de animales, pues no se verifica al comprador. García también contó que «a diferencia de la compraventa, la adopción -tal como se realiza por protectores y grupos animalistas- entraña la esterilización previa del animal, la verificación de los adoptantes y su seguimiento en el tiempo para garantizar el bienestar del animal».

La comercialización de animales de compañía atenta directamente contra el bienestar animal y contra el cambio de conciencia y concepciones que necesitamos lograr como sociedad para garantizar el bienestar animal: dejar atrás la concepción del animal como cosa u objeto de propiedad, y verlo como lo que realmente es, un ser vivo sintiente sujeto de los derechos emanados de las cinco libertades del bienestar animal», acotó García.

El Decreto-Ley ha de velar por todas las especies de la fauna cubana, no alude exclusivamente a los animales afectivos.

Sacrificio de animales


Si bien existieron dudas en cuanto al carácter histórico de las lidias de gallos también lo hubo con relación al sacrificio animal dentro de la religión. ¿Historia? ¿Componente cultural? ¿Tradición?

«Los sacrificios por motivos religiosos debieron haber estado expresamente prohibidos, a pesar de que es difícil cortar de tajo una tradición que forma parte de la identidad de una religión muy presente en Cuba; no obstante, se ha demostrado por los propios representantes de estas religiones la factibilidad y la aceptabilidad de la práctica religiosa sin sacrificio animal. En este sentido debió darse más atención a un planteamiento muy recurrente en la población», sentenció Ana Carla Barba.

«El Decreto-Ley no hace alusión alguna al sacrificio de animales en rituales religiosos afrocubanos –los cuales bochornosamente son fuente de maltrato animal en grado superlativo en ocasiones–, tanto en la transportación y tenencia de los animales, como en los métodos de sacrificio y en la disposición de sus restos en lugares públicos», expuso Adriana Bárbara García.

Toca cerrar los ojos ante la crucifixión o decapitación, los enclavamientos en árboles de parques y áreas públicas de animales afectivos como perros y gatos, ante los cabezas de chivos y gallos en esquinas y aceras; toca olvidar los llantos de los animales en cualquiera de estos rituales.

«No basta con prohibir la disposición de desecho o restos de animales en las áreas públicas pues, las contravenciones administrativas sabemos son burladas fácilmente por la ciudadanía y, en todo caso, no se está sancionando la conducta del sacrificio injustificado, sino solo el hecho de contamina el ambiente», aclaró Barba.

Roberto Ramón rememoró que, en mese como octubre, noviembre y diciembre, muchos animales, ya sean perros o gatos -sobre todo si son negros- son utilizados para el sacrificio y actividades de índoles religiosa. «Creo que nacemos preparados para la muerte, pero no para ser sacrificados. Ellos también sufren esta barbarie. Este tema debe ser revisado nuevamente».

Artículo 44.1. Para el aturdimiento eficaz, previo al sacrificio de los animales, el personal encargado cumple con los procedimientos siguientes:

  1. En losas de sacrificio de carácter no industrial no es obligatorio la utilización del método de aturdimiento.
    «Al no hacer obligatorio el aturdimiento previo de los animales a sacrificar en losas de sacrificio de carácter no industrial, el animal sufre una muerte cruenta pues se prolonga su agonía consciente mientras se desangra», detalló García.

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