Santa Clara es tan bohemia como sus noches de guitarra y alcohol. Lugares emblemáticos como el Tren Blindado o La Loma del Capiro aparecen ante tu vista. Luego, descubres los matices del Parque Vidal, con su Teatro la Caridad y su malecón sin agua. Pero si algo resalta de la ciudad del Che es esa fachada pintoresca de la calle Marta Abreu; allí, matizado por grafitis, irrumpe la magia no convencional del Centro Cultural El Mejunje.

Un espacio para todos

Instituido sobre las ruinas de un viejo hotel, este espacio multifacético resulta uno de los más visitados por artistas de toda la Isla. Sus escenarios llevan la huella de personalidades de renombre como Santiago Feliú, Verónica Lynn, Zaida del Río, Frank Delgado, y cada enero deviene sede del festival nacional Mejunje Teatral.

El Mejunje es para todos. Los referentes culturales son tan diversos como lo es el arte mismo. Su cartelera habitual está diseñada con actividades las cuales nacen de las colaboraciones, sugerencias o proposiciones del público.

Logo del Centro Cultural El Mejunje de Santa Clara.

Parte de su encanto reside en pensar en todas las edades. Se cultiva el arte desde las etapas más tempranas. Lo peculiar es su mantra; lo mismo puedes disfrutar de una charla sobre arte con intelectuales, ver a un anciano bailar suavecito su danzón o a los niños en ensayos de canto. Todo género musical es bienvenido, desde la música disco a la trova de La Trovuntivitis, del bolero al rock y al jazz.

En el bar Tacones Lejanos inició su historia, allí, un grupo reducido de personas se deleitaban con la música de los trovadores, en aquel entonces, asistir a El Mejunje era un pecado. Mucho ha llovido desde esos tiempos, pero aún quedan quienes tiene prejuicios con un sitio donde puedes ser tú, sin mediar tu preferencia sexual.

El Mejunje, un espacio cultural diverso y auténtico.

Centro cultural variopinto, innovador y excitante, pero el cual ofrece seguridad. Transforma la mente y los corazones. Está en el centro de la vida cultural de la comunidad. Es asequible y realiza actividades para todos los gustos. Parece asunto fantástico que la entrada cueste alrededor de 15 pesos moneda nacional, según el día, hasta para los visitantes extranjeros.

Cubanos y foráneos se ven atraídos por el hechizo de El Mejunje. Los primeros son asiduos y se sienten como en casa. Los segundos, descubren otra cara de la Isla que no imaginaban existía. Tres tragos de ron son suficientes para bailar al ritmo del trópico y sábados y domingos los shows de transformistas son el mejor espectáculo.

Ramón Silverio, creador de este espacio para la diversidad y la cultura.

El creador de este paraíso contracultural Ramón Silverio está convencido de como Cuba necesita convertirse en lo que ha sido y sigue siendo El Mejunje a 35 años de su origen: «Un mundo donde todos viven en armonía y se respetan las individualidades (…) sin importar si son marxistas, cristianos o gays».

Innovador, artístico y auténtico

Mientras te adentras en este centro cultural, adviertes que el patio es el primer espacio, donde transcurren las voces trovadorescas de jueves o los bailes desenfrenados de los muchachos de la universidad en las jornadas de miércoles.

Continúas el recorrido y te recibe la sala Margarita Casallas, digno homenaje a una de las fundadoras de esa “pequeña isla que recibe a todo náufrago cultural”. Luego, puedes deleitarte con los tragos o un café fuerte en el loby-bar, también a precios módicos.

Noches bohemias con la Trovuntivitis.

Allí, a la derecha una escalera te conduce a la Mamá Perfecta, una taberna-galería donde puedes contemplar obras locales y nacionales, mientras bebes un sabroso mojito. El Mejunje es tan cosmopolita como la propia ciudad.

Bajas las escaleras, y te atraen dos paredes de ladrillos al desnudo desbordas de las vivencias manuscritas de quienes por allí pasan. El Mejunje tiene los ecos de cada actuación artística, las melodías de una noche de jazz, la poesía hecha canción de Leonardo, la estridencia rockera de Eskoria. 

Un abrazo cálido, el respeto a lo diferente, es una invitación al arte; El Mejunje es tan auténtico como su gente.  El Mejunje lleva el espíritu de Silverio, es el más revolucionario de todos los proyectos; es un Viernes de la Buena Suerte donde hoy, “puede ser tu mejor día”.

Las paredes de plagan de testimonios de quienes pasan por El Mejunje