En el Perú de los tres presidentes por semana, en el de los 18 candidatos en la boleta, en el de las calles y los huesos con la memoria recientemente revuelta, saber… es difícil.”
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Pedro Castillo, contestón y huelguero, ha avanzado a una segunda ronda sin tener cuenta oficial en Twitter y sin sobrepasar, entre las dos que llevan su nombre –cuentas sin la glamurosa palomilla azul– los cuatro mil seguidores.
Lo llaman «profe» Castillo y va montado a caballo, con un sombrero de ala generosa y abundante copa. Con él va la «izquierda del Perú real, la izquierda provinciana, la izquierda de barricada, la izquierda con olor a plebe», según poetiza en Twitter Arturo William, secretario de organización de su partido, Perú Libre.
Su campaña –nuestra, dice el profe– ha sido austera. Su carta de aval son «24 años de servicio a la educación del pueblo, formando generaciones, rondero, campesino, obrero, luchador social», desde un puesto, una pizarra, de maestro de primaria.
«No más pobres en un país rico», «solo el pueblo salvará al pueblo», «en nuestro Gobierno, sin duda ni murmuraciones, rescataremos al Estado de este secuestro cometido por los grandes poderes económicos y entregaremos el poder al pueblo», ha dicho Pedro Castillo.
Desde su partido, hablan de devolver al Perú la industria petrolera, las minas, los recursos hidroenergéticos, los ferrocarriles nacionales, las carreteras, los puertos y aeropuertos que, no olvidan, expropió Fujimori al mismísimo pueblo.

El programa de Castillo es visto como reformista por otros grupos de izquierda

En tiempos y lugar donde decir «Cuba» es una mala palabra, los de Perú Libre comparan el tratamiento a la pandemia del archipiélago antillano con el de Estados Unidos, a quien llaman epicentro del capitalismo salvaje, para luego afirmar que el futuro de la humanidad es el socialismo o vamos rumbo a la extinción.
«En mi Gobierno no habrá más cuarentena, se implementará la vacunación voluntaria, estatal y privada», «a las personas que han hecho fortuna vamos a respetarlas y darles seguridad jurídica, porque estas personas no solamente se han hecho ricas para ellos, están generando empleo y bienvenido eso», ha dicho también, contradictoriamente.
Al respecto, La Izquierda Diario ha emitido un editorial en que se reflexiona sobre las visiones reformistas en que se basan sus propuestas programáticas y su estrategia política.

«Dentro de su plan no existe una respuesta radical ante la precariedad laboral, ni buscan una confrontación real con los grandes grupos económicos que controlan el país. A medida que se acercaba el día de las elecciones han ido rebajando sus tímidas medidas económicas, tal grado que hace poco dijo que en un gobierno suyo no se cobrará un impuesto a la riqueza», argumenta el editorial.

«Castillo y su agrupación política hablan de cambiar la constitución de 1993, pero su planteamiento se reduce a hacerlo desde las instituciones impuestas por el régimen de 1993 (instauradas por Fujimori) y al margen de la movilización y la auto organización obrera y popular, lo cual reduce esta consigna a una mera reforma constitucional», señalaba también el artículo.
¿Podrá el sindicalista llegar a presidente con un discurso maquillado de «marea roja» en un país en el que socialismo es sinónimo directo de comunismo y este, a su vez, tiene como elemento referencial inmediato al extinto y polémico Sendero Luminoso? ¿En un Perú donde todos parecen tener cara de villanía y en que las mismas rejas guardan al «camarada Gonzalo», tildado de terrorista, y a Alberto Fujimori en su condición de violador de los derechos humanos?
¿Será Castillo, como dicen algunos, un señuelo para dividir aún más la izquierda y darle una visión de extremos que le facilite la victoria segura al conservadurismo en la segunda vuelta?
En la América Latina del reduccionismo mediático, de la satanización del rojo, del «cuidado con el triángulo del mal», con «Cuba y Venezuela», en la América de El Clarín y El Comercio, de los golpes de estado y de los juicios fantoches… es complicado saberlo.
En el Perú de los tres presidentes por semana, en el de los 18 candidatos en la boleta, en el de las calles y los huesos con la memoria recientemente revuelta, saber… también es difícil.