El reparador de sueños

Jóvenes vestidos de azul habitan entre vetustas paredes de una recia construcción. Lejanas risas y llantos se escuchan por los pasillos. Viejos aromas de primeros amores se sienten en el ambiente.

¿Los fantasmas existen? No lo creo. La casa de campo de Rosalía Abreu nunca volverá a ser la misma. ¡Qué institución académica lo sería! Sus almas, los estudiantes, ahora no transitan. La película de la vida dejó de correr por un tiempo.

Desde comienzos del 2020 los abrazos, los besos y las caricias se pusieron en “pausa” para que sus protagonistas, a metro y medio de distancia, ocultaran sus rostros tras innovadores nasobucos de tela. Y es que ya no hay transeúntes ni alumnos en las aulas; ahora las paredes envejecen solas sin que nadie las admire.

Arday Prieto González ha dedicado trece años de su vida al magisterio y de ellos ocho a la dirección del Instituto Preuniversitario Urbano “Eduardo García Delgado” del municipio Boyeros en La Habana. Los adolescentes que llegan a la institución tienen procedencia diversa, algunos con problemas personales o familiares, pero sobre todo sin una visión clara de su futuro.

Esta, precisamente, es su prioridad: orientar, enrumbar, ilusionar, corregir el camino, estimular la vocación, en fin, transformar positivamente todo aquello que lo necesite y le asegure un futuro promisorio. Es como si fuera, a decir del poeta, un reparador de sueños.

Es tarea difícil la que cumple junto a su claustro de profesores, pues lidiar con la edad, los problemas y la necesaria preparación de sus discípulos son cuestiones que requieren una dedicación casi absoluta.

Por ello, Arday se entrega totalmente a lo que hace y sin dejar de lado sus tareas familiares, encamina, aconseja y forma a generaciones año tras año. No en vano muchos cariñosamente lo llaman “Papá Arday”.

Sin embargo, la actual situación lo ha llevado a cambiar de roles. Entiende que ahora es necesario sustituir momentáneamente su traje de “reparador de sueños” por el de reparador de objetos materiales para, cuando se pueda, seguir haciendo labor.

Dar mantenimiento al sistema de tuberías, pintar todos los locales, podar y sembrar nuevas plantas y reparar la base material de estudio de sus alumnos son solo algunas de las tareas que desarrolla diariamente. Su sentido de pertenencia con este lugar es mayor que el esfuerzo físico que realiza para embellecerlo y con el ímpetu de su juventud ya se observan los frutos.

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