16 de diciembre de 2020, Cuba no es la misma de hace un año atrás.

Pandemia, política, crisis… solo la fe se mantiene inamovible. Los más devotos han iniciado los preparativos de la fecha, y en la Capital, algunos han comenzado el viaje.

Con cada piedra que se clava en el talón desnudo agradecen “al viejo”.

Decenas de Kilómetros les restan para llegar al santuario del Rincón, donde ya esperan otros viajeros.

12:00 AM, está fresca la madrugada y los peregrinos se van acumulando frente a la Iglesia, que por primera vez no abrirá sus puertas.

Silencio, algunos rezan por lo bajo envueltos entre el humo de las velas encendidas en el pavimento esperando el amanecer del 17, el día de Babalú Ayé, de San Lázaro.

7:00 AM empiezan a llegar los caminantes. Entre tanto color morado se ven ropas con telas de saco, se ven las llagas en los pies de algunos, se ven las lágrimas en el rostro de otros.

Inicia la misa, los cantos y las oraciones. Las muestras de fe y agradecimiento al santo se tornan más extremas.

Con velas encendidas sobre las manos un hombre agradece, mientras entre los dedos se le escurre la cera caliente.

Se alza una voz sobre la multitud de nasobucos: ¡Penitencia!, gritan varias mujeres, ¡PENITENCIA! y un hombre se arrastra de espaldas sobre la calle.

Flores, velas, y centenares de obsequios se acumulan frente a las puertas cerradas del santuario.

17 de diciembre, Cuba es otra, es normal.

En el camino de la evolución se han perdiendo cosas, pero no se pueden perder las esenciales, y la fe en estos tiempos se unta como cemento para mantener las piezas juntas.

12:00 PM el sol quema solo de pensarlo, y entre la gente que continúa llegando se acerca otro peregrino…

Lleva por delante una roca encadenada a su brazo, orgulloso trae sobre los hombros otras insignias sagradas que nacieron en la Sierra.

Allá, entre las lomas ese que portara el emblema de Comandante en Jefe también fue considerado un santo.

Entonces, al final del día 17 Cuba es otra, pero nos hemos quedado con lo esencial.

16 de diciembre de 2020, Cuba no es la misma de hace un año atrás. Pandemia, política, crisis… solo la fe se mantiene inamovible.
Las velas, un conducto para canalizar la fe. Foto: Gustavo Sánchez
Peregrinos devotos. Foto: Gustavo Sánchez
Todos con nasobucos, todos aglomerados. Foto: Gustavo Sánchez
Cera en la piel para pagar promesas. Foto: Gustavo Sánchez
Gracias Babalú Ayé, por todos los años. Foto: Gustavo Sánchez
El descanso del peregrino. Foto: Gustavo Sánchez
Centenares de fieles demuestran su agradecimiento a San Lázaro. Foto: Gustavo Sánchez
Gracias por tu ayuda Babalú Ayé, Amén. Foto: Gustavo Sánchez
Que no se me apague la lucesita. Foto: Gustavo Sánchez
Talón desnudo. Foto: Gustavo Sánchez
Como el cangrejo, para avanzar. Foto: Gustavo Sánchez
Fuera al coronavirus, vengan bendiciones. Foto: Gustavo Sánchez
De la Sierra a la piel, de la piel a la fe. Foto: Gustavo Sánchez