Cuba nos necesita, no de ahora, siempre lo ha hecho; necesita a la juventud con su temple y voluntad, la misma que hoy día está enfrentando la Covid-19 en la zona roja en los centros de aislamientos o está al frente de la noble tarea de encuestar a los beneficiados del Sistema de Atención a la Familia. Ahí estamos, ahí seguiremos apoyando en todo lo que se requiera.

El Sistema de Atención a la Familia (Saf) ayuda, desde 1996 en su alimentación, a centenares de personas, muchas de ellas son adultos mayores, otros pertenecen a grupos vulnerables de la sociedad como los discapacitados. De acuerdo con la ACN, hasta diciembre del 2020 existían en Cuba un total de 75 mil 600 personas beneficiadas con el Saf.

«De las cuales la mitad son pensionados de la Seguridad Social», informó la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez para ACN.

El primero de enero del año en curso Cuba inició el Ordenamiento Monetario, días después los precios del almuerzo y la comida en los Saf aumentaron -antes con un máximo de 2 cup a diario-, serían hasta un aproximado de 26 cup por día.

Casi de inmediato los por cientos en asistencia a estos centros comenzaron a decaer. Muy pocas personas iban a los Saf.

El pasado 19 de enero el municipio Plaza de la Revolución comenzó a encuestar, por parte de un grupo de casi 30 estudiantes y profesores de la Universidad, a las personas beneficiadas por el Saf. Solamente en dicho municipio existe un total de 13 centros, 11 de ellos en funcionamiento.

Lo primero que se nos informó en el Gobierno de Plaza de la Revolución, sito en Calle 4 entre Línea y Calzada, fue que los nuevos precios habían vuelto a cambiar. El máximo estará rondando los 10 cup por ración.  

Los nuevos precios de la ración están en tinta roja

Además, dos nuevas variantes se estarán implementando: la persona no deberá comprar todo el menú, sino los alimentos que desee consumir; también, el día antes se le informará al asistenciado la próxima oferta para que este pueda declarar si la consumirá, nunca cobrando antes.  

Hablemos de lo que es cierto. Sí es cierto que sus pensiones se elevaron y la cuenta puede darles a esas personas que vivan o sean ayudados, en todo momento, por sus familiares. Sí es cierto que el estado provee los alimentos necesarios para la elaboración de almuerzo y comida. Pero, ¿solo eso podemos ver? Contemos ahora esas pequeñas e importantes escenas que se nos escapan.

El Saf ubicado en Paseo entre Zapata y 29, llamado El canciller, poseía, al menos en listado, un total de 106 personas asistenciadas. En mayoría son adultos mayores que viven solos, los cuales reciben aproximadamente mil 528 pesos de pensión. «La pensión mínima en Cuba tendrá el valor de la canasta básica de bienes y servicios de referencia (mil 528 pesos), y se incrementa de manera escalonada, en dependencia de la escala aprobada», comunicó la ACN.

Una persona que vive sola y no recibe otra ayuda económica de gran peso y debe pagar alrededor de 600 pesos mensuales por su comida elaborada debe seguir pagando la electricidad, el gas, el agua, el teléfono, los productos de aseo, el pan, la comida que llega a la bodega.

Casi la totalidad de estos adultos mayores no están acostumbrados a trabajar con estas cifras y ven el aumento de precio como algo ilógico. ¿Enseñarles a ahorrar o jugar con sus ingresos es la solución? ¿Alcanza con el mínimo de pensión todo lo que deben mantener?


_ ¿Usted vive sola? -pregunto a la señora Carmen como parte de la encuesta.

_ Con un diablo.

David Domínguez, estudiante de MatCom, me mira con ojos expectantes. Es una señora de más de 80 años, puede que hable más la demencia que ella, puede que hable de religión.

_ ¿Un diablo?

_ Sí mijita, mi hijo me pega.

Carmen enseña su hombro izquierdo, su piel negra y arrugada quiere mostrar señales de lucha. Se cubre al instante. Se dirigía a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) para denunciar el caso. Solo el televisor pantalla plana indica que no vive en una casa que se desmorona, porque se desmorona.

«A veces me siento en la calle a pedir dinero. Gano algunos quilitos. Un señor lloró un día cuando me vio, le recordé a su madre», y aun así Carmen asiste regularmente al Saf.

Nos enseña los zapatos que se pondrá para ir a la FMC. «Esos no son ni zapatos», murmulla David. Están rotos y mientras los exhibe la señora asegura no tener ropa, solo le queda ese abrigo rojo que lleva puesto.

Por Carmen debemos hacer más, no es la única.


Juan tiene 57 años y Cefarina 87. Madre e hijo. Cuando terminas el largo pasillo y buscas el apartamento 12 encuentras esa pequeña casa: una litera, el televisor, una cocina en medio de la sala que no es sala, es todo el hogar.

Cefarina se encuentra protegida por la Ley de Seguridad Social y recibe por ello 45 pesos mensuales. Su hija -quien no vive con ellos- le está dando la comida días alternos. «Mi hermano ahora mismo está en el Saf. Cuando regrese le enseño la porción», comentó Susana, la hija.

«La comida está mala y el gramaje es poco. A veces dan un solo yogurt cuando se paga por dos personas. Medio muslo de pollo para dos. No vale la pena seguir pagando, pero tenemos que hacerlo, ¡hay que comer!», explicó Susana. Cefarina se molesta, dijo que no le gusta «echar pa´lante a nadie». No es delatar; debe ser bandera querer cambiar y mejorar todo lo perfeccionable. 

No estamos hablando únicamente del precio, sino de la calidad de los alimentos y del gramaje de la ración.

Regresó Juan y la foto habla por sí sola.


Lidia vive sola y vive en su mundo de fantasías. No puede ser encuestada, al menos, no en este universo. Pese a este va a diario al Saf y come, y deambula, y regresa a la casa en la Tierra unos minutos al día.

Isabel también vive sola y en pésimas condiciones higiénicas. Muestra la casa como si estuviera pulcra y arreglada. Se ve feliz. Pero las cucarachas caminan por las paredes. «Ella no parecía ver las cucarachas, tenía un humor sospechosamente alegre. Esa casa debe considerarse la antítesis de la limpieza», comentó David Domínguez.

Parece no tener puertas, en su lugar un paño blanco tejido separa lo que sería dentro y fuera del hogar. María Esther pela yuca o papa … pela algo para comer. Vive sola, 85 años, artrosis generalizada. No puede casi caminar. Necesita que el Saf le entregue los alimentos en su casa.

«Yosvani Pupo Otero, director general de servicios, declaró a la ACN que las prestaciones a domicilio -al igual que las ofertas para llevar- son de las medidas que continuarán aplicándose ahora en las dos mil 955 unidades de gastronomía de todo el país, en la etapa de recuperación pos-Covid-19». Sin embargo, seguimos en medio de la Covid-19 y desde hace semanas la mensajería no está funcionando.

Marta Milagrosa es periodista de profesión y vocación, ahora es asistencia del Saf y no puede bajar dos veces al día para buscar sus alimentos. Padece de compresión en la columna.

Martha, de 93 años, está postrada en la cama, nos recibe otro individuo que bien pudiera ser su hijo, sobrino o ahijado, no estamos claros. Aquel señor tiene dificultades al hablar y un brazo, prácticamente, inmóvil. No pueden acudir al centro a buscar ambas raciones.

Durante las encuestas notamos la existencia de serios padecimientos entre la población como: esquizofrenia-paranoide, artrosis, demencia senil e, incluso, discapacidades mentales de gravedad.


Nuestro objetivo era solo encuestar. No obstante, no somos ciegos y vemos esa parte que muchos ignoran. Muchos de los ancianos se abren, lloran, te cuentan su vida; muchos son padres de la Revolución Cubana y se quedaron esperando ese futuro soñado y al cual avanzamos a marcha lenta y precisa; muchos son amantes de su país y como dijo Miriam «puede que mi Patria me haya olvidado, pero no olvidaré nunca a mi Patria».

Miriam luchó por Cuba y lo hizo por mucho tiempo, es la abuela de esta juventud; Miriam conoció a muchos de los conductores del proceso revolucionario; Miriam me declamó una hermosa poesía en honor a Celia porque la admira y Miriam no tiene refrigerador, ni sala de estar. Baja una o dos veces en busca de sus alimentos, ha pasado hambre y la cuenta parece no alcanzarle del todo. Pero ahí está, como los jóvenes, al pie del cañón y añorando la Cuba pensada.