Emancipación femenina y revolución: una alianza necesaria (PARTE II)

– Parte I –

El patriarcado por definición es una organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de familia, dueño del patrimonio, del que forman parte los hijos, la esposa, esclavos y los bienes. La familia por cierto es la base de este orden social.

A mi me suena más que obsoleto ¿No les pasa lo mismo? El problema es cuando la teoría evoluciona con los tiempos acomodándose de un modo ingenioso y retórico a las necesidades de las estructuras de poder. En algún punto las luchas femeninas fueron denominadas “la revolución silenciosa” …ahí lo dejo.

En 1866 un grupo de republicanas francesas radicales se integró en la Societé pour la Reivindication des Femmes, cuyo propósito era conseguir mejores salarios para las mujeres trabajadoras y así salvarlas de la prostitución. Aunque intervinieron en las reuniones de la Comuna de París, el resultado fue el encarcelamiento y la mitificación de estas como las incendiarias.

Desde 1878 se exige el voto y el divorcio, en un enfoque sufragista que también pretendía iguales salarios en iguales actividades laborales para hombres y mujeres. Todo esto llevó a la mujer a reflexionar sobre el socialismo ante la problemática de la clase obrera.

Marx y Engels hacían referencia a la emancipación de las mujeres en su Manifiesto Comunista (1848), El Capital (1867) y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), pero fue August Bebel el pensador clave para el feminismo socialista, la evidencia aparece en su texto “La Mujer y el Socialismo” (1879).

Placa commemorativa de la Convención de los derechos de la mujer de 1848.

Ya por estos años se había celebrado en Nueva York la primera convención sobre los derechos de la mujer, organizada por Lucretia Mott y Elizabeth Cady Stanton, quienes serían las fundadoras de un gran movimiento sufragista que lograría ejercer el derecho democrático de votar.

Todo el contexto estuvo enlazado a la Declaración de Independencia de los EE.UU. y, una vez más, las mujeres debieron anexar sus propósitos a reformas políticas lideradas por hombres, los cuales, en la mayoría de los casos tampoco comulgaban del todo con su participación activa en los procesos.

Durante mucho tiempo la mujer fue el chivo expiatorio perfecto para disminuir costes laborales. Se estandarizó que hogar y trabajo no eran compatibles, lo cual dificultó la posibilidad de empleo para cualquier mujer que contrajera matrimonio.

Sucedió de todo y en todas partes en el siglo XX: llegaron las guerras mundiales, la mujer salió de la casa para ir a las fábricas y luego, al regresar los hombres, desempleadas de forma masiva; aparece Simone de Beauvoir y su filosofía feminista; las calles de Londres, Nueva York o París repletas por manifestaciones con pancartas, tuvieron que llegar a la desobediencia civil para ser tomadas en cuenta; las sufragistas interrumpían juicios en los tribunales para pedir el voto, las detenidas hacían intensas huelgas de hambre; actos desesperados por llamar la atención de la prensa. En 1917, aunque no se había aprobado el voto femenino en todos los estados, fue elegida en Montana la primera congresista mujer.

Para no hacer más largo el cuento histórico, los primeros países en obtener el derecho fueron: Nueva Zelanda (1893) y Australia (1902), progresivamente otros países se sumaron, Imperio ruso (1906), Noruega (1913), Dinamarca (1915), Alemania (1918), Estados Unidos (1920), Suecia (1921), Gran Bretaña (1928), algunos más conservadores tardaron en dar su aprobación, como lo fue Francia e Italia, que posterior a otra Guerra Mundial pudieron decidir.

Nada de esto se logró sin enfrentamientos violentos con las autoridades, fue un siglo bastante largo diría yo.

Hoy el Movimiento Feminista tiene abiertos muchos frentes, y aunque algunos grupos tomen posiciones radicales todos persiguen un objetivo similar: eliminar el sexismo.

En la actualidad se entiende que la democracia occidental avanza y a la par los derechos de las mujeres, nosotras no hemos hecho las revoluciones, no se nos asocia con ningún vuelco radical, sino más bien con un fluir junto al resto de las luchas sociales que han ido tomado su cauce en el marco de la sociedad civil.

No pretendo declarar una falsa confianza en el progreso, pero sí, tal vez, sembrar la (o las) interrogante(s) sobre la emancipación femenina, un proceso que la historia puede haber verbalizado en exceso para disminuir la brecha de su incompletud.

Esta línea de significaciones no rechaza los evidentes avances en la inclusión o el reconocimiento del sector femenino, pero sí propone continuar revisando los enfoques y roles anquilosados.

Siempre pactando con partidos radicales, siempre haciendo revoluciones que (justas o no) no eran suyas, rechazadas en muchísimos sindicatos, resignadas o deslumbradas por la necesidad de seguir a un líder masculino.

La supremacía de género es un hecho, no una opinión y, aunque este texto no puede recoger toda la historia ni hacer honor a cada nombre imprescindible, pretende dejar una provocación sobre (y no bajo) el tapete.

Una idea, una reflexión de cómo dos procesos contrahegemónicos se han dado las manos aparentemente para desarrollar intereses comunes, sin embargo, persistió la subordinación, las voces silenciadas y las voces incorrectas “interpretando” a esas silenciadas.

Me abstengo aquí de estudios de género, la pretensión es mínima, lecciones de historia a la mano de todos y que cada cual lea como sienta. Cualquier campaña, declaración, intención de equidad o simple defensa será mejor recibida y necesaria que la bienintencionada felicitación una vez al año.

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Bibliografía:

– Geneviéve Fraisse, “Los contratiempos de la emancipación de las mujeres”, Revista Pasajes, No.19, 2005.

– Sara Navas B., “Ensayos sobre la emancipación femenina”, Revista Chilena de Derecho, Vol. 7, 1980.

-Alfonso Torrres Carrillo, “Educación Popular y paradigmas emancipadores”, Pedagogía y Saberes, No. 30, Universidad Pedagógica Nacional. Facultad de Educación, 2009, Colombia, pp. 19- 32.

-Ingrid Astorga Torres y Francisca Aravena Burgos, La emancipación política-social de la mujer, Tesis de Maestría, Universidad de México, 2013.

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