En el nombre del desconocimiento y el miedo

Hacia el 364 a.C, el Imperio Romano se había dividido en dos: el Oriente poderoso y el Occidente rural, donde los pobres dependían de los señores más opulentos. Pero ya en el siglo V, la caída del emperador Rómulo Augusto, marca los últimos momentos del Imperio Romano Occidental, y, por ende, el nacimiento de una nueva era: la Edad Media o Medioevo.

Dicha época resulta un peldaño superior en la historia de la humanidad, dividiéndose en tres períodos: Alta Edad Media, siglos del V al X, caracterizada por el feudalismo y la economía natural, Plena Edad Media, siglos del XI al XIII, surgimiento de la caballería cortesana, Baja Edad Media, siglos XIV al XV, nacimiento de la burguesía ciudadana y de la economía monetaria.

Luego, en el Medioevo, debido a un renacer de los valores de la antigüedad, se forma además el sentimiento moderno, ocurre la emancipación de la burguesía, se evidencian los inicios del sistema de producción capitalista y de la concepción metafísica del mundo.

Sombras de la Alta Edad Media

Lo anterior constituye una breve pincelada sobre las características en general de la Época Medieval, pues la etapa objeto de este análisis es la llamada Alta Edad Media.

Como reflejan los libros en aquellos tiempos se encuentra en la porción oriental el Imperio Bizantino, en Constantinopla, parte más conservadora y con gran poderío económico. Por añadidura, en el Occidente, reina el Imperio Carolingio (Carlomagno), quien se hace aliado de la Iglesia, logrando coronarse Emperador en el 800 a.C, expandiéndose y aunando varios Reinos, lo que conduce a un periodo de florecimiento, el denominado “Renacimiento Carolingio”.

En este momento existe un acercamiento a las Ciencias, El Arte y la Literatura, observándose tertulias de poetas y eruditos; talleres de manuscritos miniados; bibliotecas religiosas; se instaura como lengua oficial el latín medieval; surgen las primeras Universidades Europeas: Bolonia, Oxford, Viena, Salamanca, Praga; la Corte primero y las Catedrales y Abadías después, se convierten también en epicentros culturales.

Para ese entonces, Carlomagno manda a refugiar en estas últimas las canciones épicas que surgían (Cantares de Gestas) y las más encumbradas Obras Grecolatinas.

A la muerte del Emperador, el Arte, la Literatura y las Ciencias, son resguardados por la Iglesia Católica, obtenidas las obras mediante el intercambio, el robo y el saqueo (pudiendo citarse entre ellas la última copia de la “Poética” de Aristóteles) lo cual le permitió situarse en la palestra de dichas ramas del conocimiento, manejándolas a sus intereses, surgiendo así, la llamada Edad Oscura del Arte.

Marco histórico en el que existe un Código rígido de censura ejercido por la Santa Inquisición. Al unísono, las Cruzadas imponen con sangre el Catolicismo en detrimento de la religión Islámica; se establece el celibato sacerdotal a quienes deciden servir a Dios y se instituyen los sacramentos.

De esta forma, lo precitado Ut Supra, obedece a un férreo dogma, caracterizado por la supremacía de lo espiritual y la búsqueda de la perfección y belleza del alma, pues la fealdad es símbolo de terrenalidad.

Pirámide social del medioevo (Tomado de Pinterest)

Demonios del conocimiento

La Sociedad Clasista Feudal, se encuentra al servicio de la Iglesia, siendo precisamente los súbditos que vivían en condiciones paupérrimas los obligados a pagarle el diezmo, con independencia de que se les catalogase como hijos de Satán.

En este contexto, la información solo la consume un grupo minoritario, los mensajes se transmiten mediante redes de distribución y los soportes comunicativos de entonces, responden a una Economía (cerrada y de autoconsumo) y a su peculiar superestructura, ambas basadas en la sumisión y el miedo.

Una máxima de aquellos tiempos, lo era la preservación y no la búsqueda del conocimiento: [“no hay progreso en la historia del conocimiento, solo una continua y sublime recapitulación “], ciertamente así pensaban los regentes de la Iglesia, quienes no permiten a los monjes y novicios estudiar la literatura clásica, solo es posible conocer la palabra de Dios, la Biblia y sus Evangelios.

La Filosofía se vuelve sierva de la Teología, frenándose cualquier intento de desarrollo científico-tecnológico, tanto así, que incluso las enfermedades son producto de castigos divinos.

En la época impera un clima de tinieblas: “Sin temor no hay fe”; la Iglesia resulta la guillotina por la cual el Alto Rey condena a las almas pecadoras. Los pobres son más proclives a pecar debido a su ignorancia, culpables de ritos satánicos, y la vez los más sugestionables, manipulables, en pos de los cometidos de la institución religiosa.

El conocimiento es sinónimo de poder, por lo cual era prohibido para la mayoría (Tomado de Martin Cid Magazine)

Pero también, quienes intentan formular algún postulado científico o desarrollar ideas en beneficio de la humanidad, son acusados de herejes, y posteriormente, quemados en la hoguera, con el objetivo de “limpiar” sus espíritus tentados por el Demonio. Incluso muchas mujeres, catalogadas como brujas, obtienen el mismo fin: las “milagrosas llamas”.

Luego, la arquitectura comunica a través de sus tipologías constructivas; un mensaje de desasosiego y de infundir temor. Los monasterios tornan en sólidos, amurallados, paredes anchas y de hasta tres pisos; columnas en contrafuerte, complejos de edificios, escasa iluminación.

Asimismo, las paredes se cubren de frescos y encima de las puertas, figuras a relieve con temas apocalípticos. La escultura es idealizada, desfigurada y adaptada a la ley del marco, desarrollando una fuerte espiritualidad.

Los pisos de las Abadías no son altos, poseen columnas bajas y techos en arcos historiados y encima de las puertas altos relieves conocidos como tímpanos. La pintura no es naturalista, mostrando temas bíblicos los cuales infunden miedo.

Cada forma de comunicación de la época, denota el poderío de la Iglesia católica y su estrategia de dominio mediante el sometimiento y acatamiento de sus mandatos, con la consiguiente recapitulación de todo lo alcanzado en el campo del saber.

En sentido general, la Edad Media resulta para muchos teóricos un pasaje oscuro de la historia de la humanidad, pero no del todo, pues ella nos legó el arte románico y el gótico y como colofón sobrevino el enfoque humanista del Renacimiento.

Se forma el sentimiento moderno, nace la Burguesía y con ella la Edad Moderna; corroborando la Ley de la Negación de la Negación propia de la Dialéctica: en el devenir histórico, una etapa niega la otra, por su naturaleza superior a la que le antecedía, y consustancial al hombre, que, por razones de su propia existencia, siempre va a tener sed de conocimientos y la necesidad irremisible de comunicarse.

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