El doctor Dunieski Rodríguez Santiesteban es holguinero, pero está prestando servicios en Matanzas y, antes de eso, lo hacía en la República Bolivariana de Venezuela. Todo el mundo sabe que Holguín tiene una situación complicadísima con la COVID. Las provincias que han disminuido sus casos positivos temen por las que no. Muchos médicos han dejado su lugar natal para salvar vidas en cualquier sitio del país y del mundo.

Las noticias sobre las proezas humanitarias de la brigada Henry Reeve continúan in crescendo. Supongo que, como me sucedió a mí, muchos cubanos no han conocido a alguno de sus integrantes. Los imaginan de lejos, grandes, heroicos, enfrentando el peligro donde sea necesario. Con esta idea me acerqué al Dr. Rodríguez Santiesteban y encontré exactamente el estereotipo bien puesto a los médicos cubanos: humildad y entrega a chorros.

Doctor Dunieski Rodríguez compartiendo guardia en el Hospital Faustino Pérez de Matanzas. Foto: Cortesía del entrevistado.

Digo estereotipo sin miedo a lo peyorativo, es un término que marca verdades exageradas o mentiras demasiado instituidas. En este caso era solo lo justo.

“Sufrimos cada paciente que no se recupera. Pero el disfrute por los que salvamos es enorme, no existe nada más gratificante para mí que el agradecimiento de un paciente.”

Dunieski me comenta que se encontraba en el estado de Lara, Venezuela. Allí atendía pacientes en estado grave producto de la pandemia. Comenzaba Matanzas a dar sorpresas, los números llegaron al cielo, la ayuda salió de debajo de la tierra y los médicos de la Henry Reeve regresaron a su isla para salvar a los matanceros.

Es fácil reconocer en su voz una tremenda nobleza y desinterés. No niega que este sea probablemente uno de los momentos más duros en su carrera como profesional de la salud. Sin embargo, no se siente derrotado ni cansado. No ha considerado rendirse ni por un momento. Lo reconoce como desafío, alarma de autosuperación y fuerza para continuar.

Recibimiento de la brigada en Matanzas. Foto: Cortesía del entrevistado.

“Esta pandemia nos ha arrebatado muchas personas. Estamos preparados para salvar vidas y llevar alegría a los hogares. Hay un vacío tremendo, no solo en los familiares, sino en nosotros, los médicos, por cada persona que no se recupera. Pero, de alguna manera, también ha significado crecimiento.”

No le resulta fácil hablar de la lejanía con su familia y tampoco de las ganas de echarle todas las manos posibles a su provincia. “Para mi es bastante difícil la situación que atraviesa Holguín ahora mismo. Siento mucha tristeza y dolor al ver la cantidad de fallecidos. Veo día a día las noticias y quisiera servir a mis coterráneos. Volver a caminar por los pasillos del hospital en el que me hice médico. En ocasiones, hasta las lágrimas salen. Pero tengo la convicción que mis colegas allá están con el mismo ímpetu y dedicación que yo aquí.”

Afirma que en estos momentos “Todos somos Cuba” y se siente agradecido del cariño, respeto y familiaridad con que ha sido recibido en su actual ambiente de trabajo. No quiere terminar la entrevista sin aconsejar al pueblo, sin cansancio, así mismo, como lo sigue haciendo el doctor Francisco Durán cada día. Todas las veces son necesarias. Aún debemos grabar con más conciencia esas palabras: “La mejor cura es la prevención”. El abrazo va a llegar, él está seguro, pero todavía queda un trecho.

A Dunieski lo reconforta siempre la tranquilidad de hacer el bien. Hoy, en el hospital provincial Faustino Pérez de Matanzas, mañana, no tiene ni idea. Mantiene sin titubeos su disposición de trasladarse a donde aporte más.