Por: Pedro Jorge Velázquez y Mónica Delgado Abascal

Cuando somos infantes siempre queremos divertirnos, jugar, correr, saltar y si nos detienen soltamos un berrinche o echamos a llorar. Lo cierto es que, hembra o varón, la intranquilidad distingue esta etapa de la vida.

Pareciera que este axioma se extiende más allá de la vida humana y alcanza incluso a los eventos meteorológicos. Este año nos tocó compartir con “La Niña”, un fenómeno climático que forma parte de un ciclo natural-global del clima conocido como “El Niño”-Oscilación Sur.

Las temperaturas frías que provocan cambios a gran escala en los vientos atmosféricos sobre el océano Pacífico y el aumento en la posibilidad de existencia de eventos de este tipo, son rasgos propios de dicho fenómeno “femenino”.  

Este año no solo es víctima de una pandemia que ha ocasionado la muerte de millones de personas, sino que la influencia de “La Niña” fue sin precedentes en la historia.

“Eta”, la vigésima octava tormenta tropical, el duodécimo huracán y el ciclón tropical más poderoso de esta activa temporada se convirtió en el segundo huracán más fuerte del momento, solo superado por “Iota”.

Después de una trayectoria zigzagueante, de transitar por depresión tropical, huracán categoría 4 y tormenta tropical, destrozar países como Nicaragua, Honduras, Guatemala y las Islas Caimán, “Eta” embistió a Cuba por la región central.

Llegó a Cuba y mandó a parar

“Eta” tocó territorio cubano a las 4:30 de la madrugada del domingo 8 de noviembre, por punta La Media, en la costa sur de La Sierpe, a unos 30 kilómetros al este de Tunas de Zaza, según el Centro Provincial de Pronósticos en Sancti Spíritus.

Su tránsito por la región central fue rápido, pero caótico. Debido a la sobresaturación de los suelos y las intensas lluvias, incluso en territorios de Granma y Santiago de Cuba, las inundaciones fueron severas. Aunque también se reportaron derrumbes de viviendas, destrucción de cultivos, caída del tendido eléctrico, etc., no hubo fallecidos.

La tormenta tropical Eta dejó grandes inundaciones en la región central y algunas zonas de la región oriental del país (imagen tomada de Juventud Rebelde)

Tras su paso por las provincias de Ciego de Ávila y Villa Clara, “Eta” salió al estrecho de la Florida con orientación nordeste, pasando por la costa norte de Pinar del Río hasta salir al Golfo de México.

El occidente del país también se vio afectado, aunque en menor medida, sobre todo Pinar del Río, donde los acumulados de lluvias más significativos se reportaron en San Juan y Martínez, Guane y Los Palacios; asimismo, hubo inundaciones y caída de árboles que truncaron las vías de tránsito.

Lo más afectado fue… ¿la agricultura?

Si bien estas regiones fueron las más azotadas por el paso de la tormenta tropical “Eta”, las afectaciones provocadas en el sector de la agricultura repercutieron negativamente en todo el país.

Sin embargo, en Ciego de Ávila la agricultura no tuvo daños significativos, pues solo “se resintieron 800 hectáreas de plátano en zonas de la Empresa Agropecuaria La Cuba, que conminan a la cosecha de 300 toneladas de plátano, el cual se destinará a la población”, publicó el periódico Juventud Rebelde el pasado día 8.

Entre los cultivos más afectados se encuentran el plátano, el frijol, la yuca, el tomate, la cebolla, el boniato y el arroz, según informó Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de la Agricultura en el espacio televisivo la Mesa Redonda el 20 de noviembre.

Imagen tomada de Juventud Técnica

El café es un producto anual. Al momento del paso de “Eta” por estas regiones, las plantaciones ya tenían frutos. Por tanto, las intensas lluvias aceleraron el proceso de maduración que provocó la urgente recogida de los granos antes de su pudrición.

Sin embargo, al ser tanta la cantidad de frutos a recoger, la mano de obra era insuficiente para la labor, por lo que ha sido preciso aunar fuerzas de distintos sectores para lograr acopiar la mayor cantidad de café maduro antes del goteo del grano.

Ney Cruz Hernández, campesino miembro de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), residente de Blanquizal, perteneciente al municipio Camajuaní en Villa Clara, comentó que las aguas y los vientos de “Eta” afectaron sus siembras de plátano. “El otro problema fue relacionado con la ganadería. Esa intensidad de agua hizo que el pasto, que en el mes de septiembre despunta y se incrementa en los potreros, se pudra; repercutiendo en la producción de leche porque ya las vacas no se comen el pasto en esas condiciones”.  

El plátano fue uno de los cultivos mas afectados tras el paso de Era por el país (imagen tomada del sitio web del MINAG)

 Asimismo, el campesino afirmó que los productores de leche aledaños notaron también la disminución en un 50 % de la producción de este lácteo.

Asimismo, el campesino afirmó que los productores de leche aledaños notaron también la disminución en un 50 % de la producción de este lácteo.

“Además, muchos en el período, al comienzo de la siembra de invierno, perdieron los semilleros de tomates, parte de la cosecha de frijol y hasta el arroz que ya estaba listo para recoger (con el viento, se acuesta el dique y es imposible sacarlo)”, afirmó Cruz Hernández.

Una situación similar la presentaron los vegueros, que ya habían iniciado sus semilleros para la campaña venidera y ahora concentran sus esfuerzos en reponer los viveros y salvar las zonas cafetaleras de la serranía. 

Esta tarea de recuperación es imprescindible, así como la preparación del terreno y la siembra de nuevas semillas, pues este rubro, por concepto de exportaciones, ingresa anualmente de 300 a 400 millones en moneda libremente convertible.

La agricultura urbana no se ha relegado y reactiva los canteros para sembrar lechuga, tomate, pepino y otros vegetales que fueron perjudicados y son renglones de alta demanda en la mesa del cubano en fin de año.

Estas acciones se han desarrollado en medio del enfrentamiento a la COVID-19 y por ello fue preciso el cumplimiento adecuado de las medidas sanitarias durante estas labores, así como la atención priorizada a los pacientes de los territorios más afectados. 

La temporada ciclónica ya se acaba, pero ¿vendrán otros eventos meteorológicos? ¿Lograremos salvar la mayor producción? ¿La ausencia de alimentos se unirá al aumento de los precios en el mercado nacional? ¿Qué pasará con la cena de fin de año? Estas son solo algunas de las interrogantes que surgen al analizar estos datos y precisan respuestas. Solo se puede afirmar que vendrán tiempos difíciles, aún más difíciles.