Cuba

Fallece José Ramón Navarro Campa, Primer Maestro Ronero Cubano

Café. Tabaco ¡Ron! Cuba. Siempre Cuba cuando se habla de ron. El embriagador néctar de la caña de azúcar que seduce al mundo es referencia directa hacia el archipiélago caribeño de los vicios, de las pasiones. Pocas cosas son tan cercanas en este mundo como esas: pasión y ron. La obra de Don José Ramón Navarro Campa es testigo de ello.

El joven nacido en Palma Soriano creo ilusiones entorno a la pelota, cambió de idea luego de insistir y persistir en un ímpetu que iba contra sus limitaciones. También le puso empeño a la Medicina pero la suerte quiso que no quedaran matriculas para él; entonces, entró por puro azar en Ingeniería Química.

Nunca más la abandonó. Ni siquiera cuando, a principios de los años 60´, acpetó la propuesta de Ernesto Guevara de abandonar la docencia para abrir paso a la Industria del Ron Ligero cubano en el sector internacional.

“Entré a ese mundo a una edad en la que lógicamente pensé que podía hacerlo todo”.

Tenía la idea de dominar el ron, esclavizarlo, doblegarlo, buscarle explicación a cada una de esas cosas”, declaró el Primer Maestro Ronero de Cuba a la revista Excellences Magazines, y en esa búsqueda se enamoró, cayó hechizado en su mística.

Más que un trabajo lucrativo, Don José Navarro buscaba en su quehacer una obras exclusiva, como si quisiera pintar el paladar, colorear la imaginación, trasmitir sentimientos, enaltecer el gusto a través de las más singulares mezclas. Porque él, persistía en la composición de “una sinfonía que varía entre el dulce y el seco, lo fuerte y lo ligero; un ron cubano en boca es siempre joven, sin embargo, trasmite tanto de sabiduría y antigüedad”; así lo describió para Excelencias Gourmet en 2010.

Apasionado de su oficio, incapaz de traicionar esos secretos que hacen de la bebida cubano un placer memorablemente único y con la humildad de no saberse eterno sino un mortal capaz de hacer licores para los dioses. Personas así perduran en el tiempo, en la memoria de las barricas de roble blanco de las bodegas que guardan el destilado de la caña de azúcar por años y años.

En la citada entrevista de Excellences Magazines confesó: “Tras más de 50 años de trabajo, a lo único que aspiro es a morir algún día sin serle infiel al ron que tanto amo”. Hoy, llegado ese día lamentable, con copas de Havana Club en manos, podemos decir que tan fiel le fuiste a Cuba que dejaste en botellas y barriles la bebida capaz de captar su quintaesencia: el ron. Gracias ¡Y salud!

*las

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