Farah María: adiós muchachos

Para el final de un año*

Como si hubiese preparado a su pueblo con la interpretación del citado tema musical*, durante la segunda entrega del concurso “Adolfo Guzmán”, Farah María se despide de su pueblo a pocas horas del culminar el 2020. Hoy, miércoles 30 de diciembre, la cantante cubana cierra el telón y se convierte en digna estrella del firmamento cultural nuestro. 

Se lleva con ella la frescura juvenil, la camaleónica aparición, la sensualidad espontánea y criolla de tantas presentaciones, la belleza externa que recobran las mulatas ante los ojos del mundo. Pero también la singular y precisa elegancia para conjugar tantos atributos y desprenderse de la vulgaridad común.

Asimismo, nos deja El recuerdo de aquel largo viaje que inició, quizás, sin darse cuenta mientras escuchaba las canciones de su abuela, el primer contacto con el mundo de compases y corcheas. Aquella pequeña que nació el 7 de diciembre de 1944, en la capital de Cuba, no imaginó la trascendencia de su legado artístico. 

Ese mismo legado, provisto de premios, medallas y reconocimientos, y aplausos del mundo, provoca que los medios digitales y las redes sociales se inunden de Este camino largo, que solo tiene una calle y lleva por nombre Fara García Callava.

No me olvides amor

Nuestra Farah de Cuba, motivada por la referencia musical de su abuela, estudió canto, danza y expresión corporal y con tan solo 15 años de edad compuso el cuerpo de modelos del cabaret del Hotel Capri, con el dúo Las Tropicales. Luego, integró uno de los más populares cuartetos vocales de los años 60, Los Meme.

Junto a Héctor Téllez y Miguel Ángel Piña, aprovechó la oportunidad de difundir las particularidades de su timbre de voz y destacar su presencia escénica dentro del conjunto, donde –más allá de la imagen colectiva– cada solista afianzaba un estilo propio. Y aunque sustituyó a Moraima Secada, asumió con ganas y aptitudes el reto de montar el repertorio en el menor tiempo posible. 

En el cuarteto me formé, allí aprendí todo. Fue mi gran escuela.

Desde su incorporación, Los Meme le confiaron temas principales de su repertorio musical y tuvo solos en “El torrente”, “Sans toi”, “La orquídea”, “No mires para atrás”, “Mía la felicidad” y muchos más solicitadísimos. (Tomada de La Jiribilla)

De hecho, resulta curioso que escribieran una canción especialmente para ella, titulada con su nombre artístico. Carol Quintana se encargó de la composición y es un tema reconocido popularmente como “Baila el Mozambique”. Se grabó en 1965 como parte de la producción Otro amanecer, primer disco de duración larga donde se escuchaba la voz de Fara.

Como solista, inició presentaciones a partir de 1970 y la radio no tardó en asumir sus grabaciones para dar a conocer esta nueva etapa artística. No obstante, por encima de los cambios, ella no desvinculó su interpretación vocal de los gestos y movimientos danzarios de ese sello personal, muy personal…Y este era, de seguro, el principal motivo del disfrute del pueblo a la hora de presenciar sus actuaciones.

Entre sones, guarachas y canciones románticas, colocó disímiles temas de interés nacional. Y yo muero sin ti, de Jorge Estadella, y Te quiero tanto amor, compuesto por Alfredo Martínez, son dos ejemplos de ellos. 

Por el camino de las versiones también cosechó buena acogida de la crítica y los aficionados. Desde un género tan complejo como el tango, con Adiós muchachos, hasta el son de La negra Tomasa, demostró su integralidad.

En este sentido, llegan a la memoria musical sus muy personales interpretaciones de La flor de la canela, El pájaro Chogui, Un cuento –con la que alcanzó premiación internacional–. Igualmente, el inolvidable y sabroso Tiburón y su ejecución sobre los temas El mayor El día feliz está llegando, de Silvio Rodríguez, merecen nuestros aplausos. 

De a poco, con talento y esfuerzo, ganó el respeto y apoyo de compositores estelares del pentagrama nacional. A sus manos llegaron textos de maestros como Adolfo Guzmán, Juan Almeida (por cierto, fue una de las intérpretes que cantó más obras del Comandante de la Revolución), Mario Aguirre, Juan Pablo Torres, Meme Solís, el propio Silvio y Eddy Gaytán, entre otros.

El tiburón, con su pegajoso estribillo: no te bañe’ en el malecón/ porque en el agua hay un tiburón, constituye uno de sus más grandes éxitos. (Foto tomada de La Jiribilla)

Con juventud y experiencia

En varias ocasiones, la eterna enamorada del malecón habanero dignificó el prestigio de la cultura cubana. Fue enviada a festivales musicales y, luego de ganarse el aplauso internacional en concursos de Europa del Este, alcanzó el gran premio del Festival Mundial de la Canción de Tokio (1974) y ganó el festival de Dresden ese mismo año, así como el Orfeo de Oro 1976 en Bulgaria, y el lauro principal del Festival de Sopot, Polonia (1977).

Desde luego, fue invitada a otros eventos, como Viña del Mar (Chile) y Benidorm, en España. Además, realizó giras por Italia, México, Panamá, Colombia…

Aunque Farah hizo temporadas en Tropicana y viajó por varias naciones de manera tal que encabezaba el cartel del show, el intelectual Sigfredo Ariel expresó: (…) “en ella no hay rastro de vedette de los 50, ni es heredera de las rumberas del cine: Farah María es un ente teatral, aunque cante en un club”.

Así de única e irresistible era ella, la misma que por los años 80 se adueñó de un público que se dividía entre “los de Annia Linares”, “los de Mirta Medina” y los de ella.

Por encima de su carisma, estaba en manos de los amantes de su arte más de 500 canciones grabadas en Cuba, con 4 producciones discográficas de larga duración. Una de ellas dedicada a la música de René Barreras, y el más reciente, al son y a reliquias de la vieja trova cubana. 

Qué Manera de Quererte –de música cubana– y Farah María canta al bolero español –una recopilación de las mejores piezas del español Maestro García Morcillo–, sus dos últimos discos, fueron producidos en España. 

Farah María, una de las cantantes cubanas más populares de los años 70 y 80, captó la atención de sus fanáticos al pie de cada movimiento escénico. (Tomada de Cubadebate)

En mi lento caminar

Y por si quedara espacio para justipreciar su calidad como artista, sería imperdonable no decir que aprovechó la oportunidad de ser actriz. En la década del 70 filmó El jinete sin cabezas junto a Enrique Santiesteban, en Checoslovaquia.

De igual manera, como quien saborea el buen arte en casi todas sus variantes, protagonizó la comedia musical Lola a la pelota, acompañada por el también cantante Alfredo Rodríguez en el teatro Karl Marx. Asimismo, aceptó la invitación a la obra Verde verde, dirigida por el cineasta Enrique Pineda Barnet. 

En su lento caminar, hoy Farah María ha llegado a la cima de la montaña que ella misma supo construir con la entrega sin límites a su público. Tal vez, ella había preparado a su gente desde que interpretó la canción Para el final de un año en 1979. Quizá, lo dijo muy pronto. Quizá no los había preparado para esto. Quizá, ninguno de los que la siguen olvidará El recuerdo de aquel largo viaje…

*Para redactar el texto se tuvo en cuenta, entre otras fuentes, el artículo Farah en escena, publicado por Sigfredo Ariel en La Jiribilla.

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