Fernando Pérez: amar el cine y la polisemia

Por Alejandra García

A Fernando lo descubrí de pequeña, uno de esos días donde en la televisión aparece una pequeña Laura de la Uz, que sueña con “ver leones en la orilla”; y fue ahí, con Hello Hemingway que me enamoré de su modo de hacer cine, de esa Habana tan suya, reflejada por medio de cada plano.

Fernando Pérez posee una obra polisémica y que puede enmarcarse como cine de autor. Aunque confiesa que a él no le interesa hacer siempre la misma película e intenta identificarse con la complejidad que nos define como seres humanos.

Fernando Pérez durante la filmación de La pared de las palabras, “el más personal de sus filmes” como el propio realizador confesó.

Cintas como Clandestinos, La vida es silbar, José Martí: El ojo del canario se narran de distintos modos, desde diversas perspectivas, pero siempre con su Habana como leitmotiv, develada a través de los ojos de sus personajes y de escenarios realistas o distópicos; La Habana es su metáfora favorita.

Son coprotagonistas de su discurso cinematográfico la fotografía precisa e impresionante de Raúl Pérez Ureta, la siempre acertada dirección de arte de Erick Grass y la extraordinaria banda sonora de Edesio Alejandro.

Puede transitar de propuestas simbólicas, metafóricas a otras más narrativas, al final su objetivo siempre será crear y experimentar distintos modos de hacer cine y que la audiencia disfrute y viva cada obra en su propia piel. Recuerdo cuando lo conocí descubrí que detrás de ese gran cineasta se encontraba la figura de un abuelo bondadoso y humilde; entonces, se me tornó más inmenso.

Realidad, polémica y distopía

Ahora podría rememorar su controversial, onírica, sensual y enigmática Madrigal, donde se cuestionan los límites entre lo aparente y lo real. Deseos de alcanzar lo inalcanzable; este filme es una suerte de utopía de personajes perdidos en una ciudad-teatro que los devora. Una oda a la creación artística desde lo simbólico y lo lírico; porque esta película es tan abstracta como la poesía.

Recordar también el polémico largometraje documental Suite Habana, en el cual, sin parlamentos, Fernando se vale de la imagen y la música para develar un acercamiento intimista a la capital desde la óptica de 10 personajes reales. Según afirma el propio cineasta el superobjetivo de esta obra fue “ofrecer al espectador una mayor libertad de interpretación de la realidad propuesta a partir de sus propias enciclopedias culturales”. Sobran las palabras, en un espacio donde los sentimientos, las ideas y los puntos de vista los propone el receptor; la interpretación de la cinta depende de la apreciación de cada público.

O “el más personal de sus filmes” como el propio realizador confesó, La pared de las palabras duele desde el primer cuadro. Fernando Pérez logra narrarnos la historia mediante un lenguaje que sorprende por su valentía, su sinceridad y su descarnado discurso existencialista. La estructura dramática se construye desde una dimensión simbólica y deviene polémica en sus grados de lectura. El realizador propone una reflexión sobre la necesidad de la comunicación entre las personas, la tolerancia y el respeto, la aceptación del otro.

Al final con cada movimiento de cámara, en cada encuadre de su Habana decadente y hermosa, una vez más apostará por un cine de autor, pero narrado desde la polisemia. Porque el cine de Fernando es una vorágine de emociones e introspecciones de personajes, es sentir la humanidad en cada aventura fílmica.

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