Gigi Buffon: inmune al paso del tiempo

Cuarenta y tres años de edad y 26 temporadas como profesional… Se dice fácil. Tan fácil como nos lo hace parecer con sus atajadas cada vez que se para entre los tres palos. Ya Buffon era Buffon cuando empecé a ver fútbol. Los años van pasando y las grandes estrellas de la infancia se han ido esfumando una a una en un efecto dominó que genera tristeza, pero Buffon sigue ahí. Inmóvil. Viéndolos caer a todos. Su expresión es la misma que en el momento del debut con el Parma en 1995.
El niño Gianluigi nació el 28 de enero de 1978 en Carrara, la tierra del famoso mármol. Hijo de padres deportistas, comenzó su carrera jugando de delantero, pero un día, ya en las categorías inferiores del Parma, se pasó a la posición antagónica, esa que los chicos nunca quieren ocupar. Buffon ya no metería más goles. Se dedicaría, por más de la mitad de su vida, a tratar de evitarlos.
Con la camiseta del Parma explotaron sus primeros chispazos acompañados de títulos como la Copa Italia, la Supercopa y la Copa de la UEFA. Dos años después, con 19 abriles, la Juventus lo fichaba tras pagar una inusitada cifra de 54 millones. Números astronómicos para aquellos tiempos y más tratándose de un guardameta. La inversión valió la pena.
En la Juve esculpió su leyenda. Ganó los scudettos en las temporadas 2001-2002 y 2002-2003 y en 2006 se subió a la cúspide del fútbol tras conquistar el Mundial de Alemania con la selección italiana. Justo entonces su mito se hizo más grande cuando, jugándose el Balón de Oro, decidió quedarse en la Juventus, a pesar de que el equipo bajó a Segunda División luego del escándalo de amaño de partidos conocido como Calciopoli.
Muchas estrellas se marcharon a clubes importantes, pero él, dando una muestra contundente de fidelidad, siguió vistiendo de bianconero hasta lograr el regreso a la Serie A. Entre 2011 y 2018 se llevó otros siete títulos de liga y en busca de nuevas aventuras fichó por el PSG en la campaña 18-19, quizás en ese anhelo de no retirarse sin haber levantado una Champions en su carrera. Sin embargo, en lo que a la Champions se refiere, no hubo luz en París. La aventura fue efímera y regresó. Regresó y ganó una vez más.
A la edad de 43 años su némesis es levantar la orejona. No obstante, como Sísifo con la pedante piedra, lo sigue intentando. Ya podría haberse retirado y nadie le reprocharía esa mancha en su trayectoria que, aparte de títulos colectivos, está llena de hitos individuales.
Guardadas en la videoteca del fútbol mundial aparecen atajadas como aquella que realizó con una mano ante un cabezazo de Zinedine Zidane en la final del Mundial del 2006 o su reñida pero sana competencia con el cancerbero del Real Madrid Íker Casillas. También están sus disgustos, las derrotas y los momentos de vergüenza deportiva.
Tal vez su cuerpo muestre atisbos del paso del tiempo. Quizás lo sienta en su anatomía, pero no lo demuestra. Avisa que puede renovar con la Juventus y seguro que verá a otros marcharse. Gigi sigue ahí, como estatua de mármol de Carrara a la que acudimos siempre para recordar los buenos tiempos del fútbol.

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