Como segunda parte del trabajo Inflación en Cuba ¿te suena? Te traemos esa recopilación de cuatro historias de distintos miembros de la población cubana frente a la inflación monetaria. 

1 de enero de 2021. Arranca la Tarea Ordenamiento y como parte de ella, la subida de los salarios a los trabajadores del sector presupuestado. J. Raúl D. Rubí, profesor titular de la Universidad Tecnológica de la Habana “José A. Echeverría” (antigua CUJAE), ve esperanzas en este aumento salarial.

Vi el momento para, al menos paulatinamente, ir saldando deudas, mejorar la alimentación de la familia, arreglar bastantes cosas de la casa, empezar a hacerle un cuarto amplio a mi hija, en fin, vi el impulso necesario para hacer tantas cosas”. 

Raúl vive con su esposa y su hija en una casa de solo tres habitaciones. Su esposa también es profesora, pero perteneciente al Ministerio de Educación (MINED), su hija recién empezaba la universidad.

Sin embargo, sus planes de prosperar se vieron frustrados, aplazados nuevamente, sobre todo los de a largo plazo. Ciertamente, los primeros meses de aumento salarial, mejoraron considerablemente la alimentación, y otras necesidades inmediatas, incluso pudieron poner nauta hogar en la casa.

Pero pasados seis meses aproximadamente del comienzo de la Tarea Ordenamiento, la situación económica de país solo se agravaba por cuestiones externas, nuevos rebrotes de la COVID-19 y como una de las consecuencias: inflación en ascenso, con cifras mayores a las previstas por el plan de reordenamiento.

Precios subiendo. Menos oferta. Escases de productos. Nuevos y peores rebrotes de la COVID-19. Recursos enfocados en la mejora de la situación epidemiológica y en las personas vulnerables. Precios desorbitantes. El mercado informal marca una exorbitante tasa de cambio respecto al dólar… Condiciones de entonces y actuales que describen a groso modo la situación por la cual ha transitado el país durante la segunda mitad del 2020 y el 2021.

Raúl conoce estas condiciones, por ello comprender los factores que la han provocado, el inmenso esfuerzo que ha hecho el Gobierno para no dejar desamparado a nadie y “como revolucionario que siempre he sido, doy el paso al frente donde se necesite y me sacrifico si es preciso. Pero el salario ya no me llega a fin de mes, tal como me ocurría antes del reordenamiento”.

Una de las características de la segunda mitad del 2020 y el 2021 en el sector educacional ha sido las clases online y de forma semipresencial. En ambos casos, profesores y alumnos han tenido que disponer de un dinero extra para costearse los datos móviles, las PC o laptops en los hogares, la conexión por WiFi, un celular con 3G como mínimo, etc.

Sin embargo, “todo esto va a costa del profesor, no hay una erogación de dinero por parte del Estado (el país no puede en estos momentos), ni tampoco posibilidades de recursos tecnológicos para que estas condiciones que requieren las nuevas modalidades de clases se puedan tener”.

“Se hizo porque el país lo necesitaba, pero realmente no estaba previsto que uno tuviera que erogar tanta cantidad de dinero para gastarlos en la actividad laboral. Por otra parte, esos medios tecnológicos fenecen en el tiempo. Yo tengo una laptop que es del 2009, ya tiene 12 años de uso y está en las últimas; sin embargo, no tengo un lugar del Estado donde yo pueda adquirirla, o un celular con 4G, por ejemplo, para el trabajo en estas modalidades, que llegaron para quedarse”.

Raúl tiene 66 años y si bien son varios los obstáculos que él y su familia deben sortear para tener una calidad de vida aceptable por estos tiempos, son felices y se les ve jocosamente hablar de sus problemas (como todo buen cubano).

No obstante, avista, contradictoramente, su jubilación como una alternativa cercana para el mejoramiento de la calidad de vida, personal y familiar. Al recontratarse, como él comenta tiene previsto, contaría con dos salarios para las necesidades del hogar y demás situaciones del día a día. Solo así, por ahora, podría llegar con parte de su salario a fin de mes.

Madelin y tres ingresos en el hogar ¿suficiente?

Madelin Sánchez es una mujer de 57 años, goza con la suerte de compartir hogar con sus padres y su joven hija. Los cuatro viven en un apartamento de un edificio de la Habana Vieja, pequeño pero muy confortable y organizado. 

Madelin va a trabajar todos los días a la Agencia de Seguridad y Protección del Ministerio del Transporte en San Miguel del Padrón. El salario, fruto de ese trabajo, junto con las jubilaciones de sus padres son los únicos ingresos de la casa. Sin embargo, recientemente se encuentran con una situación agotadora, como ella misma denomina.

“Soy la que más gano y ni siquiera así podemos soportar actualmente la economía familiar. Es muy difícil. Generalmente no alcanza, tenemos que acudir a préstamos, ayuda de amigos, familiares, hacer mil inventos que no son ilegales, por supuesto, pero que no son lo que sería lógico hacer para sostener una casa”

Mientras ella trabaja, su hija hace las compras necesarias para el hogar, pero cuando esta estudia; los padres e Madelin se arriesgan porque hay que comer ¿no? Entre colas extensas, revendedores (muchas veces únicas soluciones), Madelin se bate en la encrucijada diariamente. Como ella comenta, a veces le aparecen alimentos, pero no hay dinero y otras, es lo contrario.

Es fin de semana y ahí está, rodeada de suculentas y margaritas que adornan su balcón. Ve pasar a la gente corriendo, siente un bullicio bastante cerca…

  • ¡Madelin llegó el pollo! –
  • ¡Voy pa’ allá …. ¡Márcame contigo! –

Glis Maura: de frente a la inflación por un robo

Marzo del 2021. Virgen del Camino. Parada del P3. Glis Maura y sus amigos esperan ilusionados ante la masa humana que llegue otra guagua más vacía. Destino: En busca de micrófonos para su canal de Youtube.

Llega una guagua Diana a la parada. La masa humana se acerca corriendo al unísono a la puerta -como adivinando dónde terminará de parquear aquel transporte-, entre ellos Glis y sus amigos:

  • ¿Hasta dónde llega chofer? – pregunta una voz, mientras se escuchan otras pidiendo que no empujen.
  • Esto es un P3, mi socio- responde “coherentemente” el chofer.

Como si del inicio de la maratón se tratara, intentan subir todos los miembros de la masa por la escalerilla de la guagua, entre ellos, Glis y sus amigos.

Una vez adentro, en movimiento, posicionados y firmemente agarrados…

  • Glis enséñame la foto del micrófono que nos hace falta comprar- le espeta Roberto, uno de sus amigos.
  • Voy- contesta Glis.

Con actitud muy decidida registra su bolso en busca del móvil. Registra, mira hacia sus amigos, registra… pero no está…

  • ¿Cómo es posible si yo no he separado el bolso ni un momento de mí? –

Entonces recuerda… cuando al montarse en la guagua, entre las personas empujando el temor a no llegar a montarse, separó su mano del bolso y se agarró de la baranda para subir las escaleras de la guagua. “Solo pudo ser en ese momento”, decía.

Llamaron desde el celular de Roxana (una de sus amigas) a su móvil, pero solo dio timbre una vez, luego apagado o fuera del área de cobertura. Enseguida se bajaron y llamaron a ETECSA para cancelar la línea.

Ipso Facto fueron a la estación de policía más cercana donde realizó la denuncia. Los policías que la atendieron fueron claros con ella, era muy difícil encontrar su móvil.

Después de pasado el susto, vinieron inmediatamente unas preguntas a su cabeza: “¿Qué hago con las clases? ¿Cómo entrego los trabajos y me entero de las nuevas orientaciones?”. Su estado anímico colapsó de nuevo.

“Ha pasado casi un año de eso y ahora pude conseguir un telefonito que solo tiene 3G que me prestó mi tío. Con él puedo conectarme por Whatsapp sobre todo para las cosas de la escuela y comunicarme con mis amistades”.

Los meses después del robo fueron negros para Glis. Perdió todo, desde documentos de la escuela, hasta fotos y contactos. Primero se conectaba por la WiFi con un tablet que solo tenía Telegram y sus amigas le decían las informaciones más importantes. Luego le explicó su situación a los profesores para que estuvieran al tanto. “La conexión con las personas fue muy difícil”.

“Intenté comprarme un teléfono en ETECSA con ahorros de mi familia, pero fue imposible. Eran muy caros para mi alcance y en MLC. Y ni pensar en comprar un móvil en el mercado informal, donde los precios son más que abusivos.”

Glis todavía reúne para comprarse un celular, mientras “voy tirando” como ella dice, con el telefonito que le dio su tío. “Es penoso que muchas personas como yo no podamos comprarnos un móvil por este tipo de cosas”.

Héctor y Boris: una necesidad ocular tampoco hace la diferencia

  Héctor y Boris son coterráneos y amigos de la universidad. Ambos padecen de problemas en la vista (miopía): Boris desde nacimiento y Héctor hace cuatro años. La necesidad de espejuelos nuevos para los dos en el 2021 fue latente.

Boris necesitaba volver a graduar sus espejuelos porque su miopía había aumentado y aun no puede operarse. Sin embargo, el tipo de cristal que lleva es muy gordo, por lo avanzada de esta enfermedad.

“En Cuba en muy pocos lugares se fabrican estos cristales, incluso fuera del país, porque es un material muy escaso por el ancho, el tipo de acabo y por ello no se comercializa. Logré resolver con un amigo que antes nos había hecho trabajos, el precio no fue tan estratosférico. Yo tenía unos ahorros con la ayuda de mi mamá, una reserva que es para los espejuelos, tema sagrado para mí”. 

Hoy Boris está en espera de fecha para operarse y entonces usar unos espejuelos de menor medida y por supuesto más baratos.

Sin embargo, digamos que Héctor no corrió con tan ¿buena? suerte. Hace unos meses se le rompieron lo espejuelos. Se dirige a un policlínico para medirse la vista, donde los médicos y la optometrista le dijeron que iba a ser sumamente complicado encontrar esa medida en la red de ópticas comerciales económicas, o sea las más accesibles al pueblo.

Rápidamente empezó a “moverse” para encontrar algún lugar donde pudieran hallar su medida. Le hablaron de la red de ópticas estatales Miramar (venta para el turismo) donde había todo tipo de armaduras y cristales; pero los precios estaban entre 1000 y 1500 pesos cubanos (los cristales). Héctor decidió continuar la búsqueda, esta vez por Internet.

“Encontré un lugar (privado) que me recomendó una amiga. Hay varios negocios que se dedican a hacer trabajos particulares con materiales e implementos que deben provenir de la red de ópticas nacionales o comprados en el exterior; bueno pues accedí a uno de estos y resolví mi problema, me costó 2000 pesos cubanos”.

Sus ahorros y de sus padres fueron usados para financiar la compra de estos espejuelos, que “aunque a los precios del mercado informal, elevados, son mejores que los de las ópticas dedicadas al turismo, pero a las que nos vemos obligados a comprar los que no somos turistas”.

Estas son solo algunas historias de cubanos. Anécdotas, soluciones, resultado de la sin precedentes y compleja situación que atraviesa el país en materia de economía. ¿Te sentiste identificado con alguna? ¿Te ha ocurrido algo similar? ¿Y diferente?