Cuba, Titular

Habemus ley, ¿y ahora qué? (I)

Por: Beatriz Ramírez López

Foto: Beatriz Ramírez López

La comunidad animalista cubana esperó por más de tres décadas la aprobación de un respaldo legal que amparara a los animales de la crueldad humana. Hace unos cinco años la batalla se intensificó ante un panorama de violencia, abandonos e inconsciencia en cuanto al trato y cuidado de la fauna.

Finalmente, el 2021 significó la luz. El Decreto-Ley de Bienestar Animal fue aprobado en febrero y entró en vigor en julio de ese año, bajo las premisas de castigar el maltrato en cualquiera de sus manifestaciones.

No obstante, la experiencia diaria de los protectores; la falta de concientización, así como la ausencia de mecanismos y estrategias comunicativas y educativas en pos del bienestar animal; la permanencia y aval de prácticas violentas como las lidias de gallos en Finca Alcona y el rodeo; el descuido de los zoológicos y acuarios; además de los recientes hechos de crueldad en la feria de FIAGROP 2022, son indicios de la difícil realidad que impera.

Es por eso que Qva en Directo se acerca a la opinión de varios protectores y grupos animalistas en diferentes provincias del país con el objetivo de conocer su sentir y experiencias.

Hace un año que tenemos ley, ¿y ahora qué?

Adriana: entre el conocimiento y la sensibilidad

Adriana Bárbara García Ranero tiene 51 años. Es fundadora de Esmeralda Grupo de Ayuda y Protección Animal en la central provincia de Ciego de Ávila.

Podría contar sus amplios conocimientos de la historia animalista en Cuba, su forma magistral de explicar y abordar los temas más sensibles y la manera exquisita de defender sus ideales, esos que lo exigen todo de uno y más.

Sin embargo, de ella destaca aún más el dolor constante cuando habla de los abandonos, el corre corre cada vez que hay un animal en apuros, la pasión fervorosa de quien lleva siendo animalista toda su vida.

Adriana tiene mucho que contar. Quizás no alcancen estas pocas líneas, ni un libro, ni dos. La batalla diaria de quien lucha contra el maltrato no tiene fin.

 ¿Desde cuándo es protectora animal?

Soy protectora de animales desde mi adolescencia, cuando llevaba a casa animales abandonados e insistía a mis padres para que los dejaran quedarse.

Mi familia me inculcó el amor y respeto a todos los seres vivos (animales, plantas) con el ejemplo de vida. La perra junto a la que crecí en casa de mis abuelos maternos, antes fue víctima de abandono, y después de su rescate de las calles vivió allí hasta su muerte natural.

Después, tanto las lecturas como las conversaciones con veterinarios y animalistas añadieron el basamento científico de que los animales irracionales, como seres vivos y sintientes, no son inferiores al hombre (animal racional) ni este es superior a ellos, por lo que es inmoral y antiético tratarlos como objetos o propiedades.

Estoy cierta que en la medida que el hombre cosifica y ejerce violencia sobre otros seres vivos, se deshumaniza como individuo y sociedad. Personalmente, aspiro a que la nuestra sea una sociedad más humana y justa, que se caracterice por el respeto y cuidado de todas las formas de vida sin distinciones. Esa aspiración es mi motivación para desarrollar la labor protectora.

Después de la aprobación del Decreto-Ley de Bienestar Animal, ¿ha notado un cambio favorable con respecto a la situación de los animales en su provincia?

No se perciben cambios o mejoras en la provincia a partir de la entrada en vigor del Decreto-ley de Bienestar Animal el 10 de julio. No se han creado las farmacias veterinarias previstas, por lo cual es imposible adquirir medicamentos de uso veterinario por parte de los tutores de animales o los protectores. Las vías siguen siendo la adquisición mediante receta médica de aquellos de uso humano, o la compra ilegal con los consiguientes riesgos para la salud animal y los precios abusivos al alcance de muy pocas personas.

Tampoco se han creado los consultorios o clínicas veterinarias en los municipios (solo existen en Ciego de Ávila y Morón). Los tutores o protectores de animales se ven en la disyuntiva de trasladarse a una de las dos ciudades (con todas las dificultades que entraña actualmente, y la imposibilidad real en muchos casos), o acudir a veterinarios particulares, los cuales generalmente cobran altos precios por la consulta y los medicamentos.

Esto entraña también el riesgo de que en algún caso esa persona no tenga la titulación correspondiente (intrusismo profesional), y por desconocimiento dañe la salud del animal o le cause la muerte. En aquellos lugares donde esta segunda opción es imposible, solo le queda a la persona esperar que el animal se recupere o muera sin atención profesional.

La Clínica Veterinaria Provincial, ubicada en la ciudad de Ciego de Ávila, carece en absoluto de los más elementales medios diagnósticos: equipos de radiografía y ultrasonido. Aunque cuenta con excelentes profesionales, el método clínico es insuficiente y muchos animales víctimas de accidentes o maltratos mueren por la imposibilidad de diagnosticar heridas o hemorragias internas sin sangrado externo.

 ¿Cuál ha sido el caso de maltrato más impactante al que se ha enfrentado como protectora en los últimos meses?

El pasado 1 de abril, mientras me encontraba en la consulta del veterinario con una de mis perras, recibí la llamada de dos protectoras de Esmeralda; alguien muy cruel había abandonado un perro, moribundo, en la esquina del Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas, en la ciudad de Ciego de Ávila.

Ellas procuraron asistirlo, pero el animal solo respiraba con dificultad, sin más señales de vida. Le expliqué la situación al médico veterinario, Dr. Jorge Luis Martínez Díaz, quien de inmediato acudió al lugar e hizo lo único posible y humano por el animal: eutanasiarlo, mientras las protectoras se encargaron de disponer dignamente de su cuerpo.

El perro agonizaba, en la fase final del moquillo canino, y su “dueño” -alguien carente en absoluto de humanidad- no le procuró atención veterinaria, ni siquiera la eutanasia para acabar con su sufrimiento… y le abandonó en una esquina cualquiera, como un fardo de basura.

Este hecho, extremadamente cruel, es uno más entre tantos que ponen de manifiesto la cosificación y desvalorización de las vidas animales producto de no reconocerse su estatus de seres vivos sintientes sujetos de las cinco libertades del bienestar animal.

¿Qué trabas ha enfrentado durante una denuncia de maltrato animal o durante el proceso?

Hasta el momento no he hecho, a título personal -tampoco el grupo Esmeralda, al cual pertenezco- denuncia alguna de maltrato animal. Sí hemos facilitado, a las personas que se han dirigido a nosotros por hechos concretos, los números móviles de los inspectores y técnicos encargados de recibir las denuncias.

El listado con sus nombres y apellidos y sus números móviles lo recibimos de los compañeros de Sanidad Animal Provincial, en la reunión del 13 de octubre de 2021 en la cual participamos representantes de PeCA y Esmeralda. Las personas que han llamado a esos números repetidamente nos informan que no logran comunicarse con sus responsables, por lo cual no han podido efectuar las denuncias.

Por otra parte, aún no se ha informado, capacitado y responsabilizado en este aspecto a los agentes del orden público (Policía Nacional Revolucionaria), para que reciban las denuncias y procedan de acuerdo a lo establecido en el Decreto-ley de Bienestar Animal.

Cuando un ciudadano se dirige a esta institución para denunciar un hecho de maltrato animal, se encuentra con el desconocimiento de cómo recibir esa denuncia y cómo proceder, lo cual en la práctica conduce a que no sea tenida en cuenta.

Cómo protectora animal, ¿qué reclamos existen con la (in)eficacia del Decreto-Ley de Bienestar Animal?

Logo de Esmeralda Grupo de Ayuda y Protección Animal

Los reclamos respecto a la ineficacia del Decreto-Ley de Bienestar Animal son numerosos. Para empezar, los responsables de hacerlo cumplir no conocen sus funciones en unos casos (PNR) y en otros no responden a los llamados de los denunciantes (inspectores).

Aunque responsables en ese sentido somos todos como sociedad, el Decreto-Ley establece funciones específicas de determinadas autoridades que son esenciales para que se cumpla lo estipulado.

Las sanciones para hechos de maltrato graves que impliquen lesiones o la muerte del animal consisten en multas de cuantías irrisorias, teniendo en cuenta cuánto perciben sus comisores como resultado de esos mismos hechos; para nadie es un secreto que en peleas de gallos o perros los “participantes” apuestan sumas de dinero equivalentes a los valores de casas, autos o motos.

El Decreto-Ley no tipifica como delitos determinados actos violentos cuya gravedad lo requiere (lesiones, muertes como resultado de enfrentamientos o agresiones, zoofilia, zoosadismo…), los cuales quedan solo en el nivel contravencional.

Expresión de ello fue el aberrante y macabro espectáculo en el cual dos payasos y varios miembros del Equipo Nacional de Rodeo, agredieron y asesinaron un gato la tarde del 8 de abril, en el recinto de rodeo de FIAGROP 2022 ante un público delirante, enfermo de violencia e inhumanidad, sin que ningún directivo ni autoridad policial (siempre presente allí) detuviese oportunamente el hecho.

La ineficacia del Decreto-Ley está dada, además, por la dicotomía en la práctica del Ministerio que fue responsable directo de su elaboración y que tiene, además, un papel importante en su cumplimiento. El Ministerio de la Agricultura ha sido, y es, juez y parte en materia de bienestar y maltrato animal; a dado a luz el Decreto-Ley de Bienestar Animal, pero avala las peleas de gallos realizadas por una de sus empresas (Alcona) y los espectáculos con animales (rodeo) que son eminentemente maltrato animal… todo ello bajo el manto falso de “tradiciones”.

Por ello, aunque se aseguró que el Decreto-Ley sería moderno, atemperado a la situación de Cuba… no pasó de ser un instrumento jurídico atrasado, desfasado respecto a las mejores y más modernas legislaciones del mundo en la materia. Sigue concibiendo a los animales como cosas u objetos de propiedad, en lugar de seres vivos sintientes sujetos de los derechos emanados de las cinco libertades del bienestar animal.

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