Por Laura Álvarez Sánchez

¿Por qué no felicitar hoy a aquellos que batallan por la igualdad de género? ¿A los que luchan contra la violencia que afecta, sobre todo, a las mujeres? ¿Por qué no agradecer a quienes evadieron los cánones establecidos en una sociedad patriarcal y demostraron que es, no solo posible, sino también necesario ser diferentes, ser auténticos? A ellos, con agasajos de por medio: ¡Gracias!

Algunos criterios han defendido por años que no es necesario reconocer a los hombres involucrados en la lucha por la igualdad de género por ser esta parte de su deber social, moral. Podría creerse así. Pero también debemos considerar que la amplia mayoría de los del sexo masculino no lo hacen y, en ocasiones, la desaprobación, rechazo y prejuicios que afloran por parte de sus congéneres es la respuesta más inmediata de sus acciones. Entonces, llega esta fecha como el momento idóneo para festejarlos: el Día Internacional del Hombre.

Si bien algunas personas consideran que, en el año, existen jornadas capaces de engrandecer a los varones no es así. La sola conmemoración del “Día de los Padres” no los abarca a todos pues excluye a hombres sin descendencia, niños y adolescentes. Otros criterios validan el rechazo de esta celebración por los demasiados privilegios de pertenecer al género masculino. Mas, debemos considerar que la fecha no plantea, desde sus objetivos, endiosar a las figuras masculinas. ¡Para nada!

Esta jornada busca, también, concientizar a los hombres sobre las enfermedades que pueden sufrir al evadir la atención médica; pone sobre la mesa nuevas maneras de ser y de actuar para los varones en una sociedad en cambio capaces de, a partir de la educación, llegar tanto a quienes son discriminados por ser diferentes como a quienes los discriminan; así como incorporar a actores en pos de una sociedad más equitativa.

Tengamos algo en cuenta, y no desde la posición de victimización sino de análisis: ¿Cuántas veces ocupa un espacio en la agenda los problemas varoniles? ¿En cuántas ocasiones hablamos de ellos –así, de manera general- como culpables sin tener en cuenta su poca educación en cuanto a género o sin sugerir vías posibles de cambio?

Y sí, son hombres y tienen problemas, como el resto de la sociedad, ellos son acareados también por dificultades que los persiguen. Los patrones de comportamiento que ubican a los varones como violentos, con poca expresión en sus sentimientos, con escasa empatía, fuertes, dominantes, con abundante desenvolvimiento económico, en ocasiones más que privilegios suelen ser cargas.

¡No todos quieren ni pueden ser así! Si un hombre decide ser diferente o no llega a lo esperado suele recibir rechazos, negativas o, en el mejor de los casos, indiferencia. Ellos también pueden ser víctimas de una sociedad patriarcal que, en pleno siglo XXI, sigue defendiendo, predominantemente, los roles tradicionales cuando las mismas dinámicas del momento actual reflejan que hay modelos diferentes.

Estos nuevos espectros no son fragmentaciones devenidas de la masculinidad hegemónica, son múltiples maneras de asumir la masculinidad. Ya no con la necesidad de vestir como un señor de cuello y corbata para estereotipar a un hombre de negocios o como un joven violento y amargado para reafirmar su preferencia sexual. Cada hombre asume su manera de ser sin necesidad de imposiciones de estereotipos.

Ahora, otro aspecto: la enseñanza. Ya no deben piropear en las calles pero ¿les han enseñado otras formas de enamorar? No tienen que tratar a las mujeres con la clásica caballerosidad que le niega a ellas llevar grandes cargas. Sin embargo, ¿alguien les ha dicho cómo ser amables? Si para en esta época se formulan campañas de educación de género, de empoderamiento femeninos, dedicadas al supuesto sexo débil, también deberían llevarse a cabo programas de instrucción para ellos.

¿Cómo se refleja esto en Cuba? Al realizarse la Encuesta Nacional de Género en 2016 aportó como resultado que los principales problemas vinculados a los hombres son los bajos ingresos económicos, las dificultades para conseguir alimentos y la escasez de viviendas. Con números mínimos se encontraban los aspectos referidos a la sobrecarga doméstica o violencia pues estos apéndices fueron menos referidos como inquietudes para los varones.

La traducción de estas cifras deja al descubierto como los cubanos se sienten responsables de los pilares materiales imprescindibles del hogar: el dinero y la comida. Por otra parte, los deseos de llevar una vida independiente y con mayores potestades en un nuevo hogar son mostrados en sus ansias de un domicilio propio vinculado, a su vez, a aspiraciones de ampliar la familia y crear una propia.

Dicho documento muestra que entre los estereotipos, de manera más directa, golpean a los hombres aquellos vinculados con el esfuerzo físico pues los sitúan como los encargados, casi obligatorios, de las tareas de peso, así como otros capaces de ver como sustituible el cuidado de la descendencia por parte de su padre.

Un dato curioso: el coordinador de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades radica en el país, Julio César González Pagés, y  dicha organización junto con otros organismos estatales e internacionales promueven acciones al respecto en esta nación antillana.

Si queremos vivir y ser parte de una sociedad diferente y verdaderamente equitativa, este día nos deja muchas tareas pendientes a todas y todos. Evolucionemos desde el cuestionamiento de la huella patriarcal que nos ha marcado desde hace tantísimos años y aún sigue presente. Rectifiquemos errores en las actitudes y los procederes de todas las partes cuando de tratar al hombre estemos hablando. No desde la posición de víctimas, pero sí en constante dialogo con el pasado y bajo el cuestionamiento de si en algún momento nos hemos puesto en el lugar del otro.

Incluyamos maneras de ser diferentes en las cuales prevalezca el respeto, no la censura, no el miedo, no la discriminación, el RESPETO. Librarnos todos de los cánones que nos ha impuesto la sociedad por años y educar sin prejuicios puede ser un buen comienzo.