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Hiroshima: la visión de John Hersey

“En ese mismo instante, el doctor Masakazu Fujii se acomodaba con las piernas cruzadas para leer el Asahi de Osaka en el porche de su hospital privado, suspendido sobre uno de los siete ríos del delta que divide Hiroshima; la señora Hatsuyo Nakamura, viuda de un sastre, estaba de pie junto a la ventana de su cocina observando a un vecino derribar su casa porque obstruía el carril cortafuego; el padre Wilhelm Kleinsorge, sacerdote alemán de la Compañía de Jesús, estaba recostado —en ropa interior y sobre un catre, en el último piso de los tres que tenía la misión de su orden—, leyendo una revista jesuita, Stimmen der Zeit, el doctor Terufumi Sasaki, un joven miembro del personal quirúrgico del moderno hospital de la Cruz Roja, caminaba por uno de los corredores del hospital, llevando en la mano una muestra de sangre para un test de Wasserman; y el reverendo Kiyoshi Tanimoto, pastor de la Iglesia Metodista de Hiroshima, se había detenido frente a la casa de un hombre rico en Koi, suburbio occidental de la ciudad, y se preparaba para descargar una carretilla llena de cosas que había evacuado por miedo al bombardeo de los B-29 que, según suponían todos, pronto sufriría Hiroshima”.

Así comienza Hiroshima, un libro desgarrador que describe desde el periodismo literario los sucesos del 6 de agosto de 1945. Su autor, John Hersey, en boca de seis personas de la ciudad nipona.

Unas 110 000 personas murieron en Hiroshima. Varios de ellos de manera instantánea, “vaporizados por el calor de la explosión o quemados por la bola de fuego que inmediatamente se extendió por la ciudad. Miles más morirían en los siguientes meses y años, como resultado de enfermedades causadas por la radiación”, reseña Cubadebate.

Sin embargo, en 1945, nadie, o casi nadie, escribió una línea sobre el cruel acto que costó la vida de miles de civiles.

Explica El País que en la primavera de 1946, cuando estaba por cumplirse el primer aniversario del estallido nuclear, William Shaw y Harold Ross, los editores de The New Yorker, se pusieron en contacto con Hersey para pedirle que fuera a Hiroshima con el fin de averiguar las repercusiones de la bomba atómica en la vida de la gente, algo en lo que, hasta entonces, nadie parecía haberse fijado.

El periodista pasó el mes de mayo de 1946 haciendo su investigación en la ciudad, recolectando historias humanas y no tanto sobe los daños a las infraestructuras urbanas, y se fue a Nueva York con mucho material y dispuesto a encerrarse para escribir.

El País

Ahí nació esta genial obra que hoy, a 75 años del acto genocida, Qva En Directo les recomienda.

Puedes descargar el libro completo aquí.

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