Treinta años puede parecer mucho tiempo, sin embargo, uno de los grandes de la telefonía móvil existía desde antes: Huawei. La primera llamada GSM que, a grandes rasgos es lo mismo que decir la primera llamada desde un teléfono móvil, no se realizó hasta el 1 de julio de 1991. Hoy las soluciones, productos y servicios que esta compañía ofrece son utilizados en más de 170 países. Superan los 3 mil millones de personas y todo esto impulsado por más de 194 mil empleados.

Ninguna compañía global puede existir aislada de otras compañías de su nivel. Samsung produce pantallas y otros componentes para casi cualquier fabricante de smartphones y dispositivos electrónicos en general. Sony provee de sensores fotográficos a Samsung, entre muchos otros. Google los mueve a todos con su sistema operativo. A largo plazo, es inevitable el contacto entre dos gigantes y esto puede ser más o menos amistoso, pero nunca estable ni falta de recelos. Tarde o temprano, Huawei y Google iban a encontrarse.

El nexo

Cuando Android se popularizó entre los fabricantes, Google decidió que era hora de lanzar un teléfono diseñado por ellos y con su sello de aprobación. Fue así como nació el primer Google Phone que, por supuesto, no se llamó así, sino Nexus. Este teléfono daría inicio a una familia que en la actualidad sigue siendo de las mejores opciones (si no la mejor) dentro del ecosistema Android. Las marcas más exitosas han acompañado a Google en esta travesía. Podemos destacar HTC, Motorola (pioneros de la tecnología móvil) y Samsung.

Eventualmente Huawei tendría su oportunidad, llamado a construir el último de los dispositivos de esta familia: el Nexus 6P. Se lanzó el 29 de septiembre de 2015. Este teléfono significó un gran reto para el gigante chino, no solo a nivel de mercado -ya que tendría que ser un teléfono global-, sino tecnológico.

Entre los retos mencionados por el fabricante se encuentran lograr la conectividad de las redes disponibles en todos los continentes, donde se vio obligada a estandarizar varios tipos de banda en un solo dispositivo. Otro de los principales beneficios fue la implementación del sensor fotográfico, el IMX377 fabricado por Sony, uno de los mejores al momento de su lanzamiento. Sin duda alguna el Nexus 6P resultó un producto del que ambas compañías pueden estar más que orgullosas.

La duda

Pudiera pensarse que los problemas de Huawei comenzaron en mayo de 2019, cuando el entonces presidente de los EE.UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva de “seguridad nacional”. Esta permite incluir en una lista negra a las empresas que supongan una “amenaza” contra el país. Por supuesto, Huawei fue incluido en esta lista, alegando que la compañía asiática había utilizado sus dispositivos para facilitar al gobierno chino información clasificada y sensible. No obstante, no presentó ninguna prueba para apoyar estas graves acusaciones.

La realidad es que los problemas de la compañía habían comenzado desde mucho antes. Tuvo unos inicios bastantes tranquilos hasta que, el 12 de diciembre de 2001, la agencia de inteligencia de la India informó que Huawei, supuestamente, había trabajado con los talibanes, Irak y Pakistán. Otro caso que generó mucho ruido, pero se olvidó luego de un acuerdo, fue el de Cisco, la cual llevó a Huawei a los tribunales por infringir sus patentes y usar parte del código del firmware de sus routers para desarrollar su propio firmware.

Después de esto vendrían cinco años más de calma hasta que, en 2008, la Administración Bush bloquea la compra de 3COM (un fabricante estadounidense de routers) por parte de Huawei. Debido a preocupaciones sobre la seguridad nacional -ya empezamos-. Acto seguido, el FBI comenzó a investigar al CEO de Huawei por supuestas negociaciones con Irán, violando así las sanciones comerciales impuestas.

En la década de los 2010 entran con el pie izquierdo cuando Motorola los demandó por espionaje corporativo. Según Reuters: “Motorola afirmó que un ingeniero compartió información sobre un transceptor Motorola y otras tecnologías con el fundador de Huawei, Ren Zhengfei”. En 2012 Estados Unidos publicó un informe que podemos tomar como el inicio de toda la polémica vivida estos dos últimos años. Ya para 2018 la premisa “Huawei nos espía” era un vox populi en las altas esferas de la administración estadounidense.

Para hacernos una idea completa, el gobierno prohibió los dispositivos Huawei en las bases militares y la Ley de Autorización de Defensa Nacional eliminó de facto la compra de equipos chinos, principalmente de redes. Se declaró como un riesgo para la integridad de la conexión 5G. Huawei, por supuesto, siempre ha negado las acusaciones, algo fácil teniendo en cuenta que las pruebas y evidencias brillan por su ausencia. Por cierto, en 2018, Japón, Australia y Nueva Zelanda también se subieron al carro de prohibir productos Huawei.

A inicios del 2019, una corte federal de Brooklyn (Nueva York) acusó a Huawei de 13 cargos por fraude bancario, conspiración para cometer fraude bancario, defraudar a EE.UU. y blanqueo de capitales. Es así como llegamos a la firma de la orden ejecutiva mencionada anteriormente. Esta se hace efectiva y Huawei entra oficialmente en la Entity List, una lista negra de empresas con las que las compañías americanas tienen prohibido hacer negocios. La noticia salta porque Google cesa su colaboración con Huawei, dejando así a la empresa sin el “Android de Google” que todos conocemos.

La armonía

Es raro que a una compañía tan poderosa como Huawei le tome algo por sorpresa. Prueba de ello es que, desde 2012, trabaja en una opción de sistema operativo propio. HarmonyOS (o como se conoce en su país de origen, Hóngméng OS) se pensó inicialmente integrado orientado a aplicaciones industriales y dispositivos del IOT (Internet de las Cosas). Sin embargo, este enfoque sufrió transformaciones conforme el desarrollo avanzó; y la plataforma fue creciendo hasta convertirse en un sistema operativo mucho más completo. El veto norteamericano terminó por consolidar esta decisión.

Una confusión común es pensar que Huawei no puede seguir utilizando Android y esto es en parte debido a la integración tan coherente que han tenido los servicios de Google en su propio sistema operativo. Es decir, la cristalización de un ecosistema. La realidad es que Android es un sistema operativo abierto y puede ser utilizado por cualquiera, al menos en su versión AOSP.

Finalmente, esto solo ha dado pie a más polémica, ya que todo parece indicar que HarmonyOS no es más que una versión del propio Android. Un detalle que no resultaría un problema si Huawei no se empeñara en afirmar lo contrario.

Al margen de definiciones técnicas, la realidad es que, al cierre del último trimestre de 2020, Huawei era el sexto fabricante del mundo, con una caída del 41% frente al mismo periodo del año anterior. En España la caída es incluso más pronunciada, con pérdidas de un 47% de sus ventas.

Los servicios de Google están tan bien consolidados en la propia plataforma que el propio Android no parece ser tal sin ellos. Cabría preguntarnos como consumidores de telefonía móvil si realmente existen razones de peso para adquirir nuevos dispositivos de la marca china y cambiar completamente nuestro ecosistema tecnológico. Teniendo en cuenta que implicaría una versión disminuida a algo accesible en todo su esplendor con el resto de marcas.

Texto: Dariel Vicedo