Cultura

Ignacio Villa: singular, auténtico e inmortal

Por Alejandra García

Allí, en el municipio habanero de Guanabacoa, del vientre de Mamá Inés (Inés Fernández) nació el hijo ilustre de la villa de Pepe Antonio, El Bola, quien, a criterio de múltiples intelectuales, críticos y escritores, resalta como uno de los músicos cubanos más auténticos.

Inigualable e inimitable y con un amplio registro vocal. Composiciones como Drume negrita, Vito Manué, No puedo ser feliz, Be carefull, It’s my heart, hicieron eco en su “vozarrón” y en un piano exacto de genio musical.

Más de cuarenta años de actuación profesional signan su vida: desde ponerles piano a las películas mudas a fines de los años veinte hasta convertirse en un cubano universal. Su amplia y rigurosa cultura y viajes por el mundo (de EE. UU. y Europa, a Chile; de México a Moscú y Pyongyang) se reflejan en un repertorio tan cubano como versátil en media docena de lenguas.

Según afirma el periodista Jorge Posada, quien tuvo el privilegio de en el año 1971 disfrutar de su espectáculo en el restaurante capitalino Monseñor, Bola de Nieve «poseía la feroz timidez de una demoiselle en flor, todo un tipo encantador, con la risa más sincera que había visto y al mismo tiempo con una desamparada melancolía. De repente, tras varios temas musicales y algunas jaranas, se volcó sobre el piano y con pleno dominio de las teclas comenzó a tocar el bolero compuesto por los hermanos Homero y Virgilio Expósito, Vete de mí. Sus manos centelleantes y convertido en pura energía, lleno de vigor, hecho todo combustión entró en un estado de frenesí y sin aguantar más empezó a llorar».

Ignacio Villa habló de discriminación en sus canciones, llevaba todas las papeletas: negro, gordo, homosexual y artísticamente raro. Todo aquello que se puede ver y sentir acerca de Bola de Nieve, está en sus letras. Se creó, de un modo inteligente, un personaje único, en el cual la singularidad resultaba cotidiana. Seductor siempre, elegante, discreto, con esa sonrisa inmortal, pero siendo un profesional de excelencia.

Bola de Nieve, artista famoso, se quedó en la Isla y fue uno de sus embajadores culturales por el mundo hasta el final. En momentos en que recrudecía el rigor persecutorio contra artistas y escritores homosexuales, él resultó ileso y nunca se manifestó; permaneció en silencio ante las humillaciones de las que resultó blanco.

No solo la prensa nacional vitoreó a este artista, los medios internacionales lo catalogaron como el “Maestro de la Canción Cubana”; llegó a ser comparado con artistas de la talla de Maurice Chevalier y Nat “King” Cole. Admirado por sus coterráneos Ernesto Lecuona, Esther Borja y Rita Montaner, quien le puso el mote de Bola de Nieve, por el cual hoy es conocido. Incluso, la francesa Edith Piaf confesó que «nadie canta La vie en rose como Bola de Nieve».

Con sesenta apenas cumplidos, murió en México, en tránsito hacia Lima y al encuentro de su amiga Chabuca Granda, el 2 de octubre de 1971. Su marcado encanto, su voz particular, su “tristeza feliz”, su humildad, lo han convertido en un referente de la música.

Nuestro cubanísimo Ignacio Villa es universal; singular personaje dentro de los géneros en los cuales incursionó y de la música auténtica que hoy, lo hacen eterno.

“Seré en tu vida lo mejor/de la neblina del ayer/cuando me llegues a olvidar/Porque es mejor el verso aquél/que no podemos recordar”.

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