La Coubre y su histórico viaje número 54

Yo tenía cuatro años. Vivía en la calle Aguacate, de la Habana Vieja. Aunque era muy pequeño recuerdo que mi abuela me dijo: “Acuéstate y duerme la siesta”, y miraba desde la cama el cielo azul, ni tenía idea aún de lo que pasaba…Había muchos comentarios y conmoción…Cuando de verdad se escriba la nueva historia universal, Cuba aparecerá como la Troya del siglo XX. El imperialismo ha probado todo, como griegos contra troyanos, para destruirnos.

Desde 1960, cada vez que marzo se enreda con su cuarto día, son muchas las memorias que encuentran conectores emotivos. El testimonio de Jorge Luis, publicado como comentario a la entrada del periódico Granma que recordó el aniversario 60 del fatídico acontecimiento, lo puntualiza. Por fortuna, Jorge no tuvo vínculo directo con la desgracia. Más de 80 niños, algunos quizás de igual edad, quedaron huérfanos.

Si bien no logró cambiar el destino político de la Isla ni generalizó el terror, la voladura del vapor La Coubre descompuso familias cubanas, francesas, españolas. En los rostros de autoridades, líderes y pueblo en general –desplegados en el diario Revolución por aquellos días— no se descubren miedos, sino quebranto: un dolor que se ha traducido en resiliencia multiplicada, para que el pueblo todo reviva a partir de sus cenizas y avance.

Pormenores a prueba de humo

Año de la Reforma Agraria en Cuba, 1960. El primer viernes del tercer mes. «Amanecer invernal y apacible», al decir de Tomás Gutiérrez González, estudioso del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado. Convulsión de una ciudad capital. Oeste del puerto habanero. Antiguo muelle de la Pan American Docks —actual Tallapiedra.

De origen francés, un barco carguero con armazón superior a las 4000 toneladas entró en la bahía aproximadamente a las 8 y 12 de la mañana. Dos horas más tarde estuvo a orillas del mar. La nave transportaba 1492 cajas de granadas y municiones para fusiles FAL, compradas a Bélgica y destinadas a la defensa del reciente proyecto revolucionario. Entre todas ellas y debajo de algunas, artefactos explosivos bien camuflados y listos para detonar, en la bodega refrigerada No.6. ¿El mecanismo de activación? Sensor de presión o contacto.

El arribo a la capital cubana estaba previsto para el día 2 de marzo y el retorno a Europa se realizaría cinco días después, con 340 toneladas de azúcar. (Foto tomada del Portal de la Radio Cubana)

La descarga inició a las once. En dicha labor participaron experimentados estibadores, braceros y empleados del muelle. También intervinieron algunos dirigentes del Distrito de la Aduana y de la Compañía General Trasatlántica francesa, que radicaba en Cuba.

Para proteger las operaciones, acceso restringido al lugar y prevención de incendios y accidentes. Un destacamento del Campamento de Managua, miembros de la Policía Militar del —cercano— Cuartel de San Ambrosio, fue desplegado. No obstante, el minuto diez de las 3 p.m. rompió el curso invernal de la tarde. ¿Qué diferencia existe entre invernal e infernal? De un momento a otro, la detonación, producto del movimiento de algunas cajas. Figuró La Habana como cántica diablesca de la Divina Comedia.

«En medio de una gran confusión, donde quejidos de intenso dolor, restos humanos cercenados y cuerpos consumidos por el fuego se mezclaban con el denso y penetrante humo y con múltiples obstáculos que dificultaban el paso, se produjeron escenas impresionantes de solidaridad humana y actitudes de increíble valor para auxiliar a las víctimas que habían quedado atrapadas entre el fuego y los escombros…», describió Gutiérrez González.

Con un amplio radio de acción, el efecto de las explosiones provocó la muerte de María Natividad Díaz Inerarity, cubana de 16 años, cuando atravesaba la bahía habanera. (Foto archivo de Granma)

Más mortífera que la primera

Ante el estremecimiento inicial llegaron obreros, soldados, bomberos, personal de la Cruz Roja y policías al lugar. Conjugaron el verbo socorrer en tiempo presente y todas las personas gramaticales posibles. Sin saber siquiera que varios de ellos, breves minutos después, transitarían de rescatistas a víctimas de una segunda deflagración con más potencia y, por tanto, mayor impacto.

Algunos líderes revolucionarios, como los comandantes Raúl Castro, Juan Almeida, Ramiro Valdés, Efigenio Ameijeiras y Ernesto Guevara, presidente del Banco Nacional, también se presentaron con urgencia. Así mismo intervinieron otros, como el comisionado José Llanusa y Osvaldo Dorticós, gobernante del país en aquel momento.

El líder histórico de la Revolución llegó a las inmediaciones del puerto y se colocó al frente de una cuadrilla de salvamento. (Foto tomada de Granma)

La popa de la nave, deformada. En los almacenes contiguos del muelle se derrumbaron los techos; vigas de acero retorcidas. Edificios aledaños dañados. Entre los 101 fallecidos —diez mayores de 60 años—, seis marines franceses y ocho trabajadores portuarios de España. Una treintena de desaparecidos y 400 personas con lesiones graves (12 niños de los alrededores), muchas de ellas mutiladas, completaban el recuento en horas de la noche.

¿Cómo se descartó la posibilidad del accidente? Personal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias realizaron pruebas de inmediato. Desde aviones lanzaron las mismas cajas que se descargaban al producirse la catástrofe. Ninguna estalló. Quedaba demostrado que era un sabotaje y, además, planificado desde el exterior.

Hubo irregularidades en las operaciones de carga. El anterior embarque se hizo directamente en el puerto belga de Amberes, pero en esta ocasión fue en un río próximo a ese embarcadero, siendo transportada la mercancía hacia ese lugar por ferrocarril y trasbordada por medio de lanchas hasta el barco. Luego de tener a bordo su cargamento, fue sometido a unas reparaciones, según informó George Dalmas, capitán de la nave,poco después del suceso.

Pedazos de popa y verdad

Desde hace 61 años Cuba reconoce en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) del gobierno estadounidense la autoría intelectual del atentado, que inició una serie de crímenes organizados y financiados desde el territorio norteño. No obstante, se desconocen ejecutores, método y explosivos empleados.

La insuficiencia informativa se debe a que, si bien Bélgica, Francia y Estados Unidos realizaron investigaciones independientes, ninguna de estas tres potencias ha desclasificado los documentos de los resultados. Entre los datos conocidos, llama la atención un elemento atípico: como buque mercante, La Coubre no debía transportar a dos pasajeros, un religioso francés que viajaba a México y un periodista estadounidense, Donald Lee Chapman.

¿Por qué este último tomó una nave cargada de sustancias explosivas que lo dejaría en Miami, si su destino final —Nebraska— se encontraba a casi 3000 km de allí?

El navío se construyó en Canadá durante el año 1948 y se transfirió a la Compañía General Trasatlántica, operadora de la naviera French Line. (Foto archivo de Trabajadores)

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Para contar esa historia que no lograron captar los lentes de Arístides Reyes, José Agraz, Korda, Coya y otros fotógrafos testigos de aquella tarde infernal, han surgido proyectos literarios y audiovisuales sobre el mayor atentado del siglo XX.

Como ejemplo de ello, en 2009 se presentó un filme que —junto al crimen de Barbados, la invasión a Playa Girón y la Crisis de Octubre— exhibe imágenes sobre este episodio. El arca cubana, realizado por Ramón Luis Pérez Martínez, recoge en 86 minutos muestras de la hostilidad yanqui contra la mayor de las Antillas.

Por ese mismo camino, pero centrado en la voladura del vapor francés, transita el documental El enigma de La Coubre, del periodista colombiano Hernando Calvo Ospina. Esta producción de Resumen Latinoamericano, Argentina y Cuba señala que los explosivos fueron colocados en territorio europeo. Además, en entrevista concedida a Prensa Latina, dio a conocer su teoría sobre la posible complicidad de los servicios de seguridad belgas y franceses.

Y si se aprecian los trabajos de reconstrucción en torno al Maine del siglo XX, sería un error desconocer el valor testimonial del libro Explosión de La Coubre. Frente al terror: Patria o muerte, del coronel Tomás Gutiérrez. El texto, que contiene 115 declaraciones de sobrevivientes y familiares de las víctimas, persigue quitar el velo que cubre la realidad del suceso.

Las desgracias humanas hermanan almas. Esto sí no es secreto de Estado. Por un lado, un barco mercante francés, armas belgas y planes de la CIA. Por el otro, el dolor de Cuba, la continuidad de su Revolución y la inmediata respuesta de un pueblo que, a viva voz, suena más fuerte que las detonaciones resonadas cuando marzo se enreda con su día cuatro.

Ideado por Fidel durante el sepelio de las víctimas de la explosión, el grito de «¡Patria o muerte!» devino expresión de la renovadora conciencia nacional. (Foto tomada de Granma)

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