La enfermedad nunca me ha bloqueado

Andrés Manuel Olivera tiene SIDA hace 34 años. Una pareja que tuvo lo infectó y no le contó nada. A partir de ese momento varias han sido las vicisitudes que ha enfrentado para tener una vida aparentemente normal. 

Tras descubrir que estaba infectado, me trasladan al Sanatorio de los Cocos, un lugar donde recluían a todas las personas que tuvieran SIDA, para ponerles un tratamiento y también a modo de crear una disciplina, una costumbre de vida. Muchos lo entendieron, otros no.

Andrés asumió la tenencia de la enfermedad con optimismo y decidió aprender mucho más sobre ella. Descubrió que el SIDA no es más que el acrónimo del Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida, causado por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en su etapa más avanzada de infección. Se puede tener VIH y no poseer SIDA.

A pesar de que Andrés no presentó ningún síntoma en estos 34 años, era consciente de la necesidad de extremar los cuidados respecto a la captación de otras enfermedades, pues el virus ataca y destruye el sistema inmunológico del cuerpo, estando, incluso, en mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, entre otras afectaciones que ponen en peligro su vida.    

Asimismo, el VIH se trasmite cuando la sangre u otro fluido corporal (semen, secreciones vaginales o leche materna) de una persona infectada se introduce en el organismo de la otra sana. Las formas de trasmisión pueden variar e ir desde una tan simple como la transfusión de sangre con una jeringa contaminada hasta, la más común, las relaciones sexuales desprotegidas.

Sin embargo, al contrario de cómo piensa gran cantidad de personas (debido a la ignorancia en el tema), el VIH no se transmite a través de los mosquitos, garrapatas ni otros insectos; tampoco por el contacto casual como las conversaciones, saludar de mano, estornudos, compartir platos o vasos, compartir baños, teléfonos o computadoras, ni a través del agua. No se transmite a través de la saliva, las lágrimas ni el sudor.

Yo nunca me deprimí ni tuve un complejo porque la sociedad cubana en la que vivo me despreciara. Sin embargo, así funcionó. Muchas personas al principio de entrar la enfermedad en el país, despreciaban a enfermos con VIH SIDA; casi igual que el injusto repudio a los leprosos.

¿Qué ocurre con el SIDA en Cuba?

Los primeros casos de SIDA llegaron a Cuba en 1986 y a pesar de que se creó inicialmente un Programa de Prevención y Control del VIH y después se fundó el Centro Nacional de las ITS-VIH/SIDA, gran parte de la población durante los primeros años mantuvieron una conducta de desprecio. Pero esto se fue erradicando (aunque no completamente) con el aumento de la información por los medios de difusión masiva del país, los talleres de Educación Sexual, entre otros métodos.  

En los primeros meses de detectarme la enfermedad, me llevaron al Instituto de Medicina Tropical Pedro Kouri para realizarme los análisis correspondientes. Luego me remiten de nuevo al Sanatorio, donde por buen comportamiento y adecuada respuesta al tratamiento antirretroviral suministrado (3TC, 4DT y Niberapina) me dejan ir a casa. Primero eran los fines de semana con un custodio, como proceso de adaptación, y ya después fue normal.

Desde ese momento la responsabilidad más importante del sistema de salud cubano recayó en la atención primaria.

La vigilancia a las ITS y el VIH está integrada en el Programa del Médico y Enfermera de la familia. De esta forma se asegura el acceso a los servicios y el tránsito por los diferentes niveles de atención en salud.

Para ello se cuenta con los médicos y enfermeras de los consultorios, así como con el personal del resto de los servicios del policlínico (psicólogos, trabajadores sociales, dermatólogos, estomatólogos y consultas de Planificación familiar), los que garantizan la cobertura de las principales necesidades de la población relacionadas con las ITS y el VIH.

Cada 6 meses debemos hacer un chequeo médico y los médicos determinan si hay que cambiar el tratamiento. No debe ser factible el cambio de tratamiento porque cada uno de ellos hace un efecto adverso diferente. Yo lo he cambiado en 3 o 4 ocasiones. 

Por otra parte, existen farmacias exclusivas para la venta de los fármacos para los seropositivos. Lo medicamentos vienen una vez al mes y son muy estables, pero, sobre todo, totalmente gratuitos.  

Mi farmacia se encuentra en la calzada de Güines, en la esquina del Hospital Pediátrico de San Miguel. Si hay algo que le tenemos que agradecer los enfermos de SIDA y otros enfermos a la Revolución, es que los medicamentos no se pagan, ni el tratamiento ni la asistencia médica.

Nuestro país se mantiene entre los de más baja prevalencia de VIH de la región del Caribe y del hemisferio occidental. Esto se debe en gran parte porque fuimos los primeros en eliminar la trasmisión materno-infantil del VIH y la sífilis congénita, certificada en tres ocasiones (2015, 2017 y 2019) por la Organización Mundial de la Salud.

Asimismo, está eliminada la transmisión por sangre y derivados y, a su vez, se encuentran controladas la transmisión sexual en menores de 14 años y en mujeres y hombres heterosexuales.

Además, el incremento del número de pruebas de VIH realizadas, principalmente en grupos de población clave captados por la Atención Primaria de Salud, fue constante en el año pasado.   

El factor psicológico es sustancial en el desarrollo o no adecuado de las personas con enfermedades terminales por lo que los seropositivos también cuentan con una La Línea de Apoyo.

Dicha Línea tiene representación tanto a nivel nacional como provincial y municipal, donde responder a las características locales de la epidemia es un principio rector de su trabajo. Pero, fundamentalmente, es una red proveedora de servicios a personas que viven con el VIH, de prevención combinada hacia la adherencia del tratamiento, el autocuidado y acompañamiento psicosocial.

Al igual que con el cáncer de mama y otros tipos de neoplasias, la Línea de ayuda para las personas con VIH sirve para ayudarlos a vivir con la enfermedad

Lamentablemente uno de los problemas frecuentes en la población joven y lo que ha provocado el aumento de los infectados por el virus, es la supuesta infalibilidad que creen tener ante esta enfermedad, esto unido a veces, a la promiscuidad “propia de la edad”.  

La enfermedad nunca me ha bloqueado, ni lo hará. He aprendido de ella, como se estudia a tu peor enemigo y no le tengo miedo. Solo quisiera que otros más jóvenes comprendieran que no es un juego, que, quizás, un mayor placer de instantes, puede condicionarte la vida negativamente para siempre.

Deja un comentario