Cuando se habla de miles… terminamos pensando más como matemáticos que como sociólogos. Jugarretas de la mente, debe ser.

Jorge Santander, colombiano, ingeniero químico, apasionado al fútbol y a la ciencia, según se describe en Twitter, expresa: Tenga, buen hombre, ya salió el billete de seis mil pesos, en honor a su labor, Gran Colombiano.

«Hay que estar muy enfermo y podrido», dice Doctor Krapula Mario, otro usuario… cualquiera, «para justificar el asesinato de más de seis mil inocentes en pro de la “seguridad”».

«¡Claro que sí mejoró!», acepta Bladimir Romero «Los índices de pobreza disminuyeron, claro que matando pobres, pero disminuyeron».


El diario español El País cuenta que los falsos positivos son «el eufemismo con el que se conocen los asesinatos de civiles por parte de militares para presentarlos como guerrilleros caídos en combate».

A su vez, La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en Colombia, indica que constituyen «muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes de Estado». «Fenómeno macrocriminal», especifica líneas más abajo.

De acuerdo con este organismo, por lo menos 6 402 seres humanos resultaron víctimas de falsos positivos en Colombia, solo entre 2002 y 2008. En 2009 hubo una reducción sustancial, da fe la JEP, al comparar los 122 asesinatos de civiles reportados con los que se notificaron durante el año precedente: 729.

Durante los seis almanaques de marras, «se registró el 78% del total de la victimización histórica». En este período, Álvaro Uribe Vélez ocupó la presidencia de Colombia. Uribe tiene Twitter. A Uribe no le gusta que estén hablando cosas que «no son» y por ello responde:

«Mientras hubo 53 mil desmovilizados, hubo 36 mil capturas y 13 900 bajas, entonces si la mitad de esas bajas hubiera sido de falsos positivos, yo pregunto, no habría sido posible que el país mejorara, y algo mejoró el país en esos años».

Después de esta «contextualización», lo comprendemos un poco mejor todo y hasta se nos olvida lo que es una bala y lo que hace. Debe ser la dichosa jugarreta de la mente, esa que se activa cuando hablamos de miles y además lo hacemos desde un sitio a donde no llega la peste de la sangre engrasando la tierra.