La Habana, Cuba y América entre pandemia y vacunas

El territorio con mayor nivel de trasmisión de la COVID-19 en Cuba es La Habana, según la información brindada en reunión del Consejo de Defensa Provincial (CDP) correspondiente a la jornada de ayer, 24 de febrero.

La situación epidemiológica de la capital es preocupante: dispersión de casos positivos al coronavirus por los 15 municipios, nueve de ellos entre los de mayor tasas de incidencia del país y con los más elevados números de diagnosticados con SARS-Cov-2 a nivel nacional. También es alarmante la falta de capacidades hospitalarias para el ingreso de contactos de casos confirmados. Sin embargo, las autoridades de salud ratificaron la disposición sanitaria garantizada para los enfermos por COVID-19.   

Ante tan complejo panorama el CDP alistó 22 medidas con el objetivo de frenar el contagio. Por lo tanto, se intentará lograr una mayor eficacia en las pesquisas realizadas tanto por estudiantes de ciencias médicas como por los profesionales del sector. Además, las normativas potenciarán la atención sobre los controles de focos y el tratamiento a pacientes de la virulenta enfermedad desde su descubrimiento. También, otra muy esperada noticia se dio a conocer en el encuentro.

«Los directivos del Instituto Finlay de Vacunas (IFV) confirmaron este miércoles 24 de febrero, ante el Consejo de Defensa Provincial de La Habana, el inicio en el mes de marzo de la fase III de los ensayos clínicos del candidato vacunal Soberana 02», informa Tribuna de La Habana. Las aplicaciones que hasta ahora había tenido el fármaco en el municipio Plaza de la Revolución, a manera de prueba, serán extendidas al resto de la capital validadas por el alto grado de seguridad y fiabilidad que el medicamento posee.

Pero… ¿estamos cerca del último día del coronavirus en Cuba? El pedido de las principales autoridades del país a la responsabilidad personal no es un llamado banal, sienta sus bases en la lejanía de una vacunación masiva, posible solución en el enfrentamiento a la pandemia. Sin embargo, esta tierra insular posee cuatro candidatos vacunales que no cesan su marcha.

Cuba trabaja sus vacunas por el bienestar y la salud de su población. (Imagen tomada de Cubadebate)

Abdala se encuentra en la tercera fase de desarrollo, producción industrial, desde este 24 de febrero en los Laboratorios AICA. Asimismo, Mambisa, también resultado del trabajo del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), está en la fase I de pruebas como candidato intranasal e intramuscular. Mientras, Soberana 01 y 02, ambas del Instituto Finlay de Vacunas, avanzan de manera satisfactoria: la primera en ensayos clínicos con personas ya contagiadas y la segunda con fabricación a gran escala.

De concretarse alguna, con efectos satisfactorios para la salud, Cuba sería el primer país de América Latina en tener vacuna propia, al decir de BBC. La producción, se prevé, alcance las 100 millones de dosis, suficientes para tributar a la colaboración con otras naciones, vacunar a la población nacional y ofrecerla al turismo que visite la antillana nación. Mas, por el resto del continente, abundan otras.

La Sputnik, de producción rusa, ha probado su eficacia de más de un 90% en países como Argentina, México y Bolivia. También la Johnson & Johnson ha vendido varias dosis a lo largo de América Latina con un 66% de efectividad hasta el momento. Por su parte, la inglesa AstraZeneca necesita una aplicación doble de dosis y un 70% de certeza. Las tres tienen puntos en común: son «vacunas de vector adenoviral», como explican los expertos, y no precisan de una refrigeración especializada.

Por el contrario, tanto Pfizer como Moderna requieren congelación especializada y envían una proteína genética a la célula para evitar su daño por el coronavirus. Pfizer, con su doble aplicación, predomina por el territorio americano con un 95% de eficacia. Y, aunque su precio es elevado, Moderna ha contribuido con la inmunización de la ciudadanía de Canadá, Estados Unidos así como también Colombia.

Desde China también llegó a América la vacuna Coronavac, empleada en Brasil para los trabajadores de la salud dedicado al enfrentamiento a la pandemia, inmuniza mediante la inserción del virus en el cuerpo de las personas y ha probado ser efectiva en un 50,3%. Esta, como todas las anteriormente nombradas, presenta altos niveles de seguridad y no se vincula a ningún fallecimiento.

Hasta hoy en la mañana solo cinco países latinoamericanos quedaban pendientes de vacunación. (Imagen tomada de El País)

Al decir de El País, hasta hoy en la mañana, solo cinco naciones faltaban por inmunizar a su población: Uruguay, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Cuba. Para la primera ya partió en la noche de ayer, del aeropuerto de Pekín, un lote de 192 000 dosis de Coronavac. Con él  comenzarán a tratar al personal de la salud y a la población prioritaria –educadores, policías, bomberos, militares y funcionarios del Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay menores de 60 años- el próximo el próximo fin de semana.

La república de mayor extensión de América Central recibió hoy un grupo de la vacuna Sputnik a través de una donación rusa. Con ella, serán atendidos los nicaragüenses que padezcan enfermedades crónicas, insuficiencia renal, cardiopatías y enfermedades oncológicas. La cantidad recibida en la tarde noche del pasado martes no ha sido develada aún.

Hoy, tanto a Guatemala como a Honduras, arribó el donativo dado por Israel de vacunas Moderna. Ambas naciones han planteado priorizar la inmunización de su personal de la salud en primera línea de batalla contra la COVID-19 y a aquellos dedicados a aplicarla al resto de la población.

Debido a que no todas las naciones tienen los recursos económicos para garantizar la vacunación de su pueblo ha surgido una organización de ayuda: Covax.

El proyecto «está codirigido por la Alianza Gavi para las Vacunas (Gavi), la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su objetivo es acelerar el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la COVID-19 y garantizar un acceso justo y equitativo a ellas para todos los países del mundo», según explica la OMS.

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