En horas de la mañana me llegó un correo electrónico para recoger mi firma para poner fin a la cruel dictadura en la que Cuba vive a través de una de las tantas peticiones que enarbola la libertad y busca la justicia social en el país. Más fácil, ¡el cambio es ya!

«Por más de 60 años la dictadura en Cuba a oprimido al pueblo, censurándolos, limitando todas las posibilidades de vivir una vida digna, explotándolos como esclavos, matando y desapareciendo a cualquiera que se atreva a hablar en contra de ellos a pesar de que predican libertad de expresión», añadía el mensaje.

¿Quién niega que el país presenta serios problemas? Dificultades que nos impiden el avance. ¿Quién niega que es hora de generar cambios drásticos y tomar nuevas medidas para eliminar las ya obsoletas? ¿Quién niega que bajar cabeza y callar no es una opción?

Sin embargo, muchos obvian el concepto de dictadura. De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, una dictadura es el «régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales».

Foto tomada por la autora

Para otros muchos la dictadura es Cuba. El viernes 25 de octubre del pasado 2019, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, afirmó que «el continente tiene una “deuda” con el pueblo cubano, que sufre “la peor dictadura de todas”».

Cuba vive en una dictadura porque el Partido Comunista de Cuba es el órgano principal del país y se rige al resto de las instituciones y organizaciones. Cuba vive en una dictadura “inmoral” porque no deja que los periodistas “independientes” y los no tan “independientes” se expresen libremente. Cuba vive en una dictadura porque viola constantemente los derechos humanos. Esa es la Cuba de google, la de los oídos sordos y ojos ciegos, la de las voces inconformes. La Cuba que es…es otra.

Y aunque parece chiste o improperio muchos de los problemas que la nación tiene parten del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por los Estados Unidos hace tantos y tantos años que todo cubano conoce esa historia. ¿O no? Puede ser que no, porque últimamente ha crecido la ola de personas que afirman que tal bloqueo no existe, que es solo una excusa y la mayor de las ilusiones.

«Lo que tenemos es bloqueo interno», decía una señora en la cola del pan. El bloqueo interno son los problemas que el cubano ve, vive, respira, siente. Son esas necesidades y carencias que, en efecto, la Isla padece. El bloqueo interno es la corrupción, que sí hay; es la desorganización, que también hay; es el facilismo, el consumismo, la mediocridad, la mentira y todos esos lastres que impiden una mejora, por muy pequeña que pueda ser.

Pero negar el bloqueo va más allá de negar la historia de un país; es negar lo evidente. Como también es evidente que se debe dejar de escudarse con el bloqueo los errores cometidos. Los aciertos marcan el avance; los desaciertos resuenan como bombas en una arena internacional que pisa fuerte y de cerca. Sin embargo, en estos tiempos, la arena más movediza está en casa.

Una cara más que evidente

Dos sectores sumamente afectados desde el inicio de la aplicación del bloqueo contra Cuba fueron el de la salud y el de la alimentación. Pese a ser objetivo directo la salud cubana se ha mantenido a flote y muestra de ello son los índices y las estadísticas que año atrás año el país saca a la luz.

«Esta política hostil entorpece la adquisición de tecnologías, materias primas, reactivos, medios de diagnóstico, equipos y piezas de repuesto, así como medicamentos para el tratamiento de enfermedades graves, como el cáncer.

Estos insumos deben obtenerse en mercados lejanos, en muchas ocasiones, mediante intermediarios, lo que impone el incremento de sus precios. Entre abril de 2018 a marzo de 2019, el daño al sector de la salud cubano ascendió a 104 millones 148 mil 178 dólares, cifra que supera en 6 millones 123 mil 498 dólares a la del año anterior», expone el periódico Granma en el texto “Informe sobre las afectaciones del bloqueo a Cuba del año 2019”.

Tomada de Trabajadores

En el libro “¿Embargo o bloqueo? La instrumentación de un crimen contra Cuba” Rodolfo Dávalos Fernández, su autor, expone varias historias de personas que se han visto severamente afectadas por el bloqueo.

«Debido al bloqueo Cuba no puede adquirir en Estados Unidos ni en ningún otro país la endoprótesis. Aquí nos vemos obligados a amputar. Sabemos que hay muchos niños en Estados Unidos que no se amputan, que simplemente se les pone una endoprótesis, tu quitas un hueso que está enfermo y pones una endoprótesis articular. A algunos niños cubanos hemos logrado beneficiarlos con una tecnología muy del patio, en la que hemos podido transpolar un pedazo de hueso sano de un lado para otro, gracias a la inteligencia y la pericia de nuestros cirujanos de tumores periféricos, ortopédicos que están muy bien preparados y han podido desarrollar esa tecnología», señala el Doctor Jesús de los Santos Renó Céspedes en el texto mencionado.

Dayán Romaguera Lorente tenía 16 años al momento de la entrevista y padecía de gliomatosis cerebral del hemisferio izquierdo. Se le administró HR3, el anticuerpo monoclonal y temozolamida, cada cápsula tenía un costo de 500 dólares y se le suministraba, lógicamente, de manera gratuita. «Este medicamento proviene de los Estados Unidos y como resultado del bloqueo Cuba no puede comprarlo», refiere Renó Céspedes.

Asimismo, el Doctor alega que «el bloqueo para Cuba en la salud es una agresión que raya en la paranoia máxima del terrorismo al no medir las consecuencias de cuántas personas pueden morir».

El bloqueo sigue ahí y podríamos hacer -como se han hecho- cientos de debates en torno a su implementación. El bloqueo ha matado, ha desesperado a millones de familias y ha cambiado radicalmente algunas circunstancias en el país, el bloqueo ha hecho y hace de las suyas.

Puede que marchar o ir en bicicletas no devuelve la vida a la madre de Israel, a Dayán o los incontables que murieron por faltas palpables de recursos, pero ratifica que no, no es la vía, no es una opción, demuestra que no son solo los cubanos que viven en Cuba los que están en contra; son, además, los cubanos que están en el exterior, extranjeros de diversas naciones, es un mundo entero pidiendo a gritos el cese de una política genocida.